Cuarenta y cinco años atrás cuando la dictadura franquista y su líder, Francisco Franco, agonizaban en España, Joaquín Sabina, en su exilio británico, cantaba en los bares de Londres que era necesario recuperar el nombre de las cosas llamarle pan al pan y vino llamarle al vino.
Y estos últimos días han ocurrido una serie de cosas que hace que llamemos a las cosas por su nombre, tomaremos tres casos como ejemplo.
El primero de ellos es el fallo de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que obliga a la Provincia de Formosa a abrir las fronteras para que puedan volver a sus casas quienes quedaron lejos de ellas tras el decreto del ASPO en marzo de este año. La política del gobierno formoseño para poder controlar el avance de la pandemia en su territorio fue el cerrar la frontera para que nadie pudiera acceder y, por ende, que el virus quedar afuera de la provincia. Sin embargo lo de ‘nadie’ es relativo porque el Presidente de la República viajó a la provincia norteña durante el régimen del ASPO y se lo pudo ver públicamente sin cumplir las normas establecidas por él mismo para el cuidado de la salud. Ya se ve, hay ‘nadie’ y ‘nadie’. Se tiene que llamar a las cosas por su nombre. Si se es Presidente de la República se tienen derechos que si se es ciudadano de a pie no se tiene, y el Gobernador de la Provincia de Formosa Gildo Insfrán se maneja como si la Provincia fuera el patio de su casa y más que gobernador es un líder absolutista que no respeta normas y que actúa al margen de la ley.
El segundo hecho es lo que aconteció en el límite provincial entre Tucumán y Santiago del Estero cuando una familia volvía con su hija, Abigail, a su domicilio tras haberse realizado los tratamientos y las curaciones oncológicas en territorio tucumano. Por disposición del gobierno provincial santiagueño, en el límite no dejaron pasar a los padres junto a su hija regresando a su casa, por lo que los progenitores decidieron dejar el auto estacionado y el padre alzó a su hija y caminó por 5 kilómetros para que la niña de 12 años dejará de estar al rayo del sol y en medio de las moscas que ponían en riesgo su propia salud. Hechos como éste, lo que exponen es que cuando se dice que la salud está por encima de todo es una mentira. La salud de Abigail no se respetó. Los derechos de Abigail y de su familia tampoco se respetaron. La frialdad burocrática de la lectura lineal de una legislación hizo que un padre tuviera que caminar 5 kilómetros con su hija en brazos para poder garantizarle una mejor vida. Aquí también hay que decir las cosas por su nombre y lo que hay que dejar en claro es la irresponsabilidad y el cinismo del accionar del gobernador Gerardo Zamora, quien, bajo causas que no quedan muy en claro, pone por encima un papel firmado que la responsabilidad de garantizar la buena vida de la población.
Este hecho se suma a los que ya hemos vivido de aquel padre que viajó para acompañar los últimos días de su hija, en este caso desde Neuquén a Córdoba, y que no fue autorizado ingresar a la provincia mediterránea pese a tener todos los trámites realizados cuando su hija estaba agonizando. La mujer falleció y el padre no le pudo dar el último beso. Y hablan de salud. Y hablan de humanismo. Hablan, hablan, hablan… solo hablan, poco actúan en consecuencia de lo que hablan.
El último hecho que tomamos para este rápido vuelo de pájaro sobre las cosas que están ocurriendo en nuestro país tiene que ver con el artículo que escribiéramos ayer en base a los dichos de la Ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires, Soledad Acuña, quien habló de sobreideologización y del avance fuerte de la izquierda en la formación de los jóvenes y niños que acuden a las escuelas de la Ciudad. Este hecho para la Ministra era un mal en sí mismo, porque no se debía avanzar con esa sobreideologización, pero aquí también hay que decir las cosas por su nombre. Lo que se está discutiendo no es si tiene que haber ideología o no en los planes de estudio, en la forma de educar, en el propio método de educar de los docentes sino que se está poniendo en discusión es cuál es la ideología que se pretende inculcar a los jóvenes.
Tengo 45 años y en abril de 1982 estaba en segundo grado de la primaria. Durante los 27 días que fui a clase durante la Guerra de Malvinas canté cada tarde al ingresar a la escuela la Marcha de Malvinas. No la había cantado nunca antes y no la volví a cantar nunca más después en la escuela. ¿Alguien tiene alguna duda que había una formación ideológica en ese hecho? También es ideología que usáramos el Manual Kapelusz Bonaerense porque había colegios que utilizaban el manual Santillana, con otra visión de los conocimientos y fundamentalmente otra visión para difundirlos. Lo que está en discusión, y hay que decirlo con todas las letras, es cuál es la ideología que el estado pretende inculcar a sus jóvenes en la formación, y no es malo que se discuta.
Es mentira que no haya formación ideológica. Toda formación es ideológica, todo es político. Lo que se tiene que discutir entonces es que visión de la historia es la que vamos a enseñar.
Aquí también hay que decir las cosas por su nombre lo que está en discusión no es si hay mucha o poca ideología lo que está en discusión es cuál es la ideología desde la cual se enseña.
Y como bonus track también se deben llamar las cosas por su nombre en el ámbito local zarateño. Durante mucho tiempo criticamos la publicación temprana de los partes epidemiológicos diarios respecto al coronavirus, y en algunos casos excesivamente temprana. Con el cambio de gestión los partes comenzaron a publicarse más tarde, y comenzaron a publicarse bien, tienen aún algunos errores para corregir todavía, pero hubo un salto cualitativo inmenso e incluso cuando se informan fallecimientos que no son del día se indica que el fallecimiento no es del día algo que para el Municipio de Zárate es un paso gigante, porque si hubo algo que caracterizó de marzo a esta parte a la gestión de la doctora Núñez y el intendente Cáffaro fue haber manipulado las estadísticas para hacerle creer a la ciudadanía una realidad que no era, así que bienvenido sea el cambio y ojalá se mantenga.
La misma canción de Sabina que recordábamos al inicio dice también que ‘nos lo robaron todo… pero no pudieron robarnos la memoria’ y en esta época en que todo sucede vertiginosamente y que pareciera que quedara muy lejos aquel marzo cuando se dictó el ASPO, seguimos recordando cuando el Presidente de la República, en conferencias de prensa, presentaba filminas con datos falsos para presentar la realidad argentina. Seguimos recordando cuando durante 6 meses nos presentaron datos por debajo de la realidad para decirnos que el ASPO funcionaba y que no había tantos casos y que no había tantos muertos, y después de septiembre empezaron a decir que había más muertos y más casos que los reales para justificar que todavía no era momento de salir del ASPO.
Tenemos memoria para saber cómo nos fueron contando la Historia sin hacerse cargo de llamar las cosas por su nombre y esta memoria también incluye aquella frase de Leandro Alem que decía que ‘hay dos escuelas o dos sistemas para manifestar el pensamiento: uno que procede con circunloquios, con ambages y sonrisas, no obstante la expresión adversa y hasta hiriente que se rebela en la voz y en los labios del que habla, el otro es el que procede con franqueza, diciendo la verdad, llamando a las cosas por su nombre. Yo pertenezco a esta última escuela’.
Yo también me identifico con la escuela de Alem y me gusta llamar las cosas por su nombre. A muchos les molesta la forma en la cual decimos las cosas, prefieren una forma más amigable prefieren un discurso más florido o floreado, prefieren que les mientan, pero es preferible saber cuál es la realidad, es preferible saber quién es quién, porque es la única forma de poder cambiar las cosas.
Y hay que cambiar la realidad.
