Uno de los primeros recuerdos que tengo de la instauración democrática en los años ’80 es la esquina de Félix Pagola y Rivadavia con las vidrieras de lo que supo ser un supermercado tapizadas con figuras humanas que representaban a los detenidos desaparecidos de la dictadura militar. Siempre me quedó el recuerdo porque le daba una presencia a lo que se escondía tras los fríos números, eran hombres y mujeres que habían sido arrancados de sus hogares y que desde entonces nada se sabía de ellos.
Hoy volvió el mismo recuerdo por causas diferentes, pero con un mismo mensaje, el que cantara Joan Manuel Serrat, ‘detrás de cada cosa, con su espina y su rosa, detrás, está la gente.’
Ayer se anunciaron muchas cifras en Argentina, y no debemos perder nunca de vista que detrás de ellas hay personas.
El INDEC anunció que en los 31 principales conglomerados del país el 40,9% de los argentinos son pobres, eso significa que 11.680.575 personas están por debajo de la fijada línea de la pobreza, de los cuales 2.995.878 están por debajo de la línea de la indigencia. Es gente que no tiene dinero para comer, ni vestirse, ni educarse, ni cuidar de su salud, adecuadamente. Y más doloroso es saber que más de la mitad (56,3%) de las personas de 0 a 14 años son pobres. Como dijera tiempo atrás Serrat, ‘la mayoría de los pobres son niños, y la mayoría de los niños son pobres’, y eso es algo que nos tiene que doler todos los días, no para autoflagelarnos sino para imaginar realidades (y trabajar or concretarlas) que hagan posible la modificación de esta realidad, entendiendo que esta cuestión, más allá de la coyuntura circunstancial de la pandemia, debe ser una prioridad ineludible para todos los argentinos, fundamentalmente porque es una realidad que atraviesa a todo el país. No es que hay regiones opulentas y bolsones pobres, la pobreza avanzó en todas las regiones del país sin distinciones.
Algo hay que hacer YA.
También ayer se conoció que Argentina pasó los 750.000 enfermos de COVID-19 y se acerca a los 17.000 víctimas fatales de la misma enfermedad, que son personas que vieron truncados sus sueños, sus historias, son familiares y amigos que acompañan su sufrimiento, su ausencia, no es solo una cuestión estadística, no son sólo números que, con una frecuencia determinada, van completando casilleros.
Son hombres y mujeres que sufren.
La pobreza, el hambre, la enfermedad.
Hay quienes creen que bienaventurados son los pobres porque de ellos es el reino de los cielos… el problema es que estamos en una República en la Tierra.
Hay quienes creen que las prioridades pasan por otros lados, por proyectos que no cambian esta realidad, por proyectos que lo único que hacen es poner una zanahoria delante a quienes nunca llegarán a poder alcanzarla.
¿Pero quién podrá disfrutar de esas (i)realidades si no logramos modificar esta realidad?
Tenemos que abocarnos a lo importante, dejar de lado la actuación para la tribuna, tan en boga en estos tiempos.
Hay que salir de los castillos de cristal y recuperar viejos sueños y viejas utopías, que deben seguir siendo los motores que nos hagan caminar cada día para construir una sociedad mejor para cada vez más cantidad de conciudadanos.
A comer mierda te acostumbrás… pero…
(Nunca me acostumbraré)
a esa señora buscando basura en la puerta de mi casa
(nunca me acostumbrare)
a tu carita de hambre pidiéndome algo para comer
(nunca me acostumbrare)
a tu barrio de lujo en frente de la villa
(nunca me acostumbrare)
a ver tú banco vacío en la escuela
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