En estos momentos difíciles que enfrentamos como sociedad frente a lo que muchos han dado en llamar el enemigo invisible, es preciso que todos y cada uno de nosotros aportemos lo mejor de nuestras capacidades en pos de colaborar para salir delante de manera mancomunada.
Una de las aristas de la salida, a nuestro entender, tiene que ver con los valores que como comunidad apreciemos como más importantes y cuáles más superfluos, cómo hacemos para que todos reconozcamos a aquellos que supieron estar a la altura de las circunstancia poniendo lo mejor de ellos para cuidarnos de aquellos que solo aparecieron para las fotos y comunicados de prensa.
Es importante que la sociedad reconozca a aquellos que le hacen bien a la sociedad.
Días atrás el Ejecutivo municipal intentó avanzar en este sentido, aunque a nuestro entender de manera equivocada. El Intendente Osvaldo Cáffaro firmó el pasado 23 de Junio de 2020, y envió para su ratificación y/o aprobación más de un mes después, el Decreto Nº 379/20 por el que se estipulaba una bonificación al personal afectado a la emergencia sanitaria. Curiosamente o no, se incluía a ‘los agentes municipales que se encuentren afectados a prestar servicios considerados imprescindibles y tareas diversificadas, en el marco del periodo que comprenda la emergencia sanitaria provocada por el Coronavirus- Covid-19, cualquiera sea su situación de revista en el plantel municipal – planta temporaria o permanente, personal superior y jerárquico -funcionarios-’.
Como era de esperar, en cuanto este Decreto tomó estado público, generó el rechazo ciudadano, puesto que se incluía en él tanto a los empleados municipales, quienes afrontaron nuevas tareas porque así lo determinó el propio Intendente a través de Decretos, como a los funcionarios jerárquicos, quienes participaron de las actividades de manera voluntaria o por las incumbencias de su cargo. No es la misma situación y no debe abordarse de igual manera.
Nadie discute la importancia de reconocer el trabajo que están realizando los propios empleados del Municipio para colaborar en las tareas que trajo aparejada la pandemia, pero no debemos poner el carro delante del caballo.
No tiene que ser el funcionariado político del Municipio quien cobre un adicional por las tareas desempeñadas puesto que están allí por voluntad propia, y si no quieren estar o no están a la altura de las circunstancias, pueden irse a su casa. Distinta es la realidad de los empleados municipales quienes, si no pertenecen a un grupo de riesgo, deben prestar servicios, de acuerdo a lo dispuesto en el Decreto 258 del 8 de abril de 2020, por el cual el Intendente Cáffaro, dispuso que ‘el Departamento Ejecutivo Municipal podrá convocar al personal municipal que considere necesario según las necesidades y para la ejecución de los servicios esenciales que así lo requiera’.
Una bonificación para este personal parece correcto, para el funcionariado político no. Eso está mal.
Dicho esto hay que mencionar que hay un sector en especial de empleados municipales que merece un tratamiento específico, ya que dadas sus particularidades merece un accionar especial. Hablamos del personal de salud que está tercerizado y no pertenece a la planta municipal. Aquellos mensualizados, quienes están inscriptos como monotributistas y están en primera línea de acción en la lucha que la sociedad mantiene contra el COVID-19. Ellos y ellas son a nuestro juicio los primeros que tienen que ser reconocidos por su tarea, son ellos y ellas quienes merecen nuestra especial atención y es el centro de nuestra atención. Si quienes ponen lo mejor de sí a diario, conviviendo con el virus y sus consecuencias y con los temores de convertirse en portadores y contagiar a quienes cada día los esperan en casa, no reciben de los ciudadanos el reconocimiento merecido, si no aprovechamos la posibilidad que nos dio la pandemia de poder reevaluar y sopesar cuáles son las cosas por las que vale la pena luchar y cuáles son absolutamente prescindibles, habremos perdido una nueva oportunidad de poner el foco donde debe estar el interés ciudadano.
Por ello, y sabiendo las limitaciones que impone la Ley de Responsabilidad Fiscal, es preciso que el Municipio encuentre una vía de acción a fin de reconocer la tarea desarrollada por el personal del área de la salud que, bajo jurisdicción propia, enfrentan cotidianamente al COVID-19. Porque cierto es que el virus está en todos lados y cada vez más, pero en ningún lado se corre más riesgo que en los centros de salud a los que acuden los vecinos con síntomas y en donde hay mayores posibilidades de contagio.
Son ellos quienes tienen que recibir nuestro reconocimiento, y no solo discursivo. Ellos merecen hechos y no palabras. Garantizarles la estabilidad laboral y un sueldo acorde a las labores que desempeñan es el primer paso y no tiene que ser el único. No es necesario un bono extraordinario, tienen que ser políticas ordinarias, sustentables y sostenibles en el tiempo. Y esto tiene que incluir a todo el personal de salud, a aquellos que siendo empleados municipales cobran sueldos que no se condicen con la responsabilidad que tienen y a aquellos que ni siquiera son empleados municipales.
Está fresco aún el recuerdo de quienes trabajan en los CAPS que no cobraron el incentivo del Estado nacional, y aunque se había acordado algo a nivel municipal, a fines de julio tampoco lo cobraron. Esto no debe pasar. Si decimos que son nuestros trabajadores esenciales, debemos tratarlos como tal.

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