Hemos hablado en variadas oportunidades sobre el doble rasero del Municipio a la hora de su comunicación respecto a las novedades vinculadas con la pandemia del COVID-19, tanto en lo concerniente a las estadísticas como en lo que respecta a los casos identificados. Así pues hemos expuesto como el Municipio brinda una información a los vecinos y otra diferente a las autoridades epidemiológicas nacionales, como asimismo tienen diferente trato los enfermos de acuerdo a su ubicación en la escala socioeconómica, puesto que si uno trabaja en automotriz de capitales orientales tiene un tratamiento pero si lo hace en un supermercado de capitales orientales el tratamiento ya es diferente. Lo mismo ocurre respecto a los funcionarios de gobierno, si uno tiene domicilio en Zárate el caso se da a conocer pero si uno tiene domicilio en Escobar se oculta.
No todos somos iguales a los ojos de las autoridades, eso queda claro y lo hemos denunciado, lo que no se ha dicho hasta ahora es que, además, el Municipio actúa diferente según quienes sean los involucrados.
La historia que hoy queremos compartir ocurrió poco más de una semana atrás, el 21 de julio, en una sala de Primeros Auxilios de Zárate.
Hasta allí llegó, como cada día, una vecina a trabajar, de quien vamos a preservar su nombre. Ella pertenece al programa de cooperativas Argentina Trabaja y realiza tareas de limpieza en la Sala. Como cada día, procedió a cambiarse siguiendo el protocolo en época de pandemia y se puso a trabajar.
Cuando los profesionales de la salud que trabajan en la misma sala se estaban cambiando, ella les comenta que el día anterior había tenido fiebre y le dolía la garganta, pero que había ido a trabajar igual por temor a que no le creyesen su estado y que esto le generara problemas en el trabajo. Tal y como indica el protocolo, sus compañeras de trabajo le tomaron la fiebre, que en ese momento no tenía, y le preguntaron si tenía algunos de los síntomas indicados como posibles consecuencias de haberse contagiado COVID. En ese momento solo le dolía la garganta y el cuerpo.
Curioso fue el accionar ante esta realidad. Mientras sus compañeras de trabajo le decían que ante ese cuadro no debía haber ido a la sala, al enterarse Sandra Graf, Directora de Atención Primaria de la Salud y parte del plantel de aplaudidores seriales de las publicaciones del Municipio, el Intendente y la Secretaria de Salud en las redes sociales, en lugar de buscar atacar la emergencia centra su reclamo en el personal de salud, reclamándoles que no deberían haberla dejado ingresar a trabajar. Lo que omitió Graf es que eso hubiera sido posible si las profesionales conocían el cuadro de su compañera con anterioridad, algo que no sucedió.
Ante la activación del protocolo, por la sospecha de portar COVID-19, la trabajadora hizo lo que debería haber hecho, tal como le comentaran sus compañeras, fue al Hospital Intermedio René Favaloro… pero curiosamente fue por sus propios medios y no se envió una ambulancia a buscarla, aun cuando se presumía su positividad. Allí le hicieron todos los estudios previstos.
Tal como ocurrió en muchos otros casos el Municipio desinfectó el ámbito de trabajo en el que se desempeñaba la vecina diagnosticado de manera positiva, pero a partir de allí da un tratamiento en privado sumamente diferente al que en público dice llevar adelante para este tipo de casos.
Mientras se aguardaban los resultados de la vecina sospechosa de haber contraído COVID, en lugar de aislar a sus contactos directos, entre ellos sus compañeros de trabajo, siguieron atendiendo en la sala de primeros auxilios porque hasta entonces solo habían tenido contacto estrecho con un casos sospechoso. Solo se decidió hisoparlos el 25 de julio para averiguar si también habían contraído la enfermedad, cuando se confirmó que la trabajadora de limpieza era un caso positivo, es decir 4 días después de los hechos relatados y hasta entonces debieron seguir con su vida cotidiana en el ámbito familiar.
A quienes trabajan en esta Sala les explicaron que los resultados estarían rápidamente por ser profesionales de la salud y han pasado 72 horas y aún siguen esperando. Sin saber si se contagiaron. Sin saber si ellos mismos están contagiando.
Pero no siempre es igual. Cuando algo similar ocurrió en el Hospital Intermedio René Favaloro se aisló a los contactos cercanos de quien fue diagnosticado como positivo, y tras ser hisopados los resultados se conocieron rápidamente.
Es el segundo episodio en que se contagia una vecina que trabaja en limpieza de una Sala de Primeros Auxilios. Ocurrió en la Sala del Barrio COVEPAM y ahora ocurrió este caso. Una cuestión no menor como para intentar entender el porqué de la coincidencia, si la hay.
¿Darán alguna explicación en este caso? En la anterior oportunidad no lo hubo.
Y puestos a explicar, podrían explicar también el mensaje del contador García, aquel a quien caracterizáramos como un fiel sargento de la Secretaria de Salud Rosana Núñez, respecto al cierre de la sala de Barrio 25 de Mayo que comunicaron ayer a las autoridades del barrio y a la que sumaría también la Sala de Barrio Malvicino.
Cuando comenzó la emergencia, y justificada por la necesidad de reorganizar los recursos, se cerraron varias Salas de Primeros Auxilios, ahora plantean cerrar dos más. ¿Cuál es la política de salud del gobierno municipal? ¿Y respecto a la atención primaria de la salud?
Ya se ve, como dice el dicho, algunos nacen con estrella… otros estrellados.
