
Aquel 1973 significó el fin de la proscripción del peronismo en Argentina y la realización

Fue un largo mes aquel marzo de 1973, y cuando nadie imaginaba que este podría parecer más largo, recién termina hoy y parece que hubiera comenzado mucho, mucho tiempo atrás.
Lejos quedan las declaraciones de los funcionarios, con el Ministro de Salud Ginés González García al frente que hasta principios de mes negaban la inminencia de la llegada del virus y focalizaban la atención en el combate al dengue. Lejos queda aquel 3 de marzo en el que la Argentina confirmó su primer contagiado de coronavirus, el denominado ‘paciente cero’, que volvió de un viaje al exterior sin saber que entre las cosas que traía, sumaba también la cabecera de playa para la enfermedad en el país. Lejos también queda el 11 de marzo, día en que la Organización Mundial de la Salud decidió darle al COVID-19 el status de pandemia, recomendando una serie de acciones en consecuencia.
Argentina adoptó a regañadientes algunas de las sugerencias internacionales y el 15 de marzo decidió suspender el dictado presencial de clases, pese a que las principales Universidades ya habían avanzado en ese sentido apoyándose en la autonomía universitaria e incluso algunas provincias habían suspendido las clases y hasta el día anterior se había desestimado la medida, e incluso ello parece que fue hace muchísimo tiempo atrás, como lo parece el aislamiento social preventivo y obligatorio implantado el 20 de marzo por Decreto 297/2020 que preveía se acabase hoy.
El Presidente de la Nación anunció el domingo que continuará hasta el 12 de abril la medida, pero la culminación de esta primera etapa y este largo mes de marzo es un buen momento para poder hacer un balance de la situación actual.
Veamos inicialmente la ‘foto’ de la realidad nacional para poder luego analizarla en perspectiva de la región y los principales países víctimas de la pandemia.
Como decíamos el ‘paciente cero’ trajo consigo la enfermedad y fue diagnosticado el 3 de marzo, por lo que podemos analizar el comportamiento del virus en su primer mes en Argentina. Tal como se preveía, su arribo vino de la mano de aquellos viajeros que habiendo visitado recientemente países en los que la propagación del virus se había dado de forma masiva, fundamentalmente China, Corea del Sur, Italia, España y Estados Unidos.
Dado que el principal punto de ingreso al país es el Aeropuerto Internacional de Ezeiza sumado a la concentración poblacional en la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Buenos Aires y atendiendo a que quienes desempeñan tareas en el aeropuerto y estuvieron en permanente contacto con quienes arribaban al país sin saber que se habían contagiado hizo que los contagios hicieran explosión en esta zona del país.
Nuestro estudio está basado en la información oficial.
Pasado casi un mes del primer contagio la realidad por Provincia es la siguiente:
Este gráfico, expresado en términos absolutos, adquiere otra dimensión cuando lo que se tiene en cuenta es la participación del total de infectados sobre la población del distrito en cuestión:
Aquí se observa como la Ciudad de Buenos Aires, especialmente, pero también Chaco, Córdoba, Neuquén, Santa Fe y Tierra del Fuego tienen una proporción de infectados más alta que su proporcional de participación en la población total del país.
En consecuencia, y este es el dato más interesante a fin de poder realizar un seguimiento comparativo real, es la tasa de contagio respecto a la población, y considerando esta medición es la Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur quien posee el indicador más preocupante, bastante por encima de las restantes provincias del país.
Argentina no tuvo el contagio ‘goteo’ que tuvieron los países europeos, más bien tuvo un contagio de a ‘chorritos’ o gotas más grandes, de hecho así fue evolucionando la cantidad de infectados en el total del país.
Puede verse como poco a poco cada columna diaria comienza a hacerse más grande en el transcurso de los últimos diez días, con pequeños amesetamientos en los fines de semana.
Este tipo de contagio fue similar en todos los países de América del Sur, puesto que no tuvieron casos diagnosticados como COVID-19 hasta el mes de marzo y a partir de entonces el crecimiento fue continuo, y en general alto, con las excepciones de Argentina y Venezuela.
Europa, tuvo un crecimiento más de goteo, con la aparición de algunos casos iniciales, la práctica desaparición de nuevos casos y la reactivación repentina. Italia tuvo tres semanas entre el primer contagio y la difusión más amplia, España cuatro semanas, Argentina tan sólo días.
Tomando como punto de inflexión los primeros 1000 casos, Argentina demoró 30 días en detectarlos, al igual que Italia, mientras que España se demoró 8 días más. Por eso son tan importantes las medidas adoptadas por el Gobierno nacional, porque se implementaron acciones que en otros países solo se llevaron adelante mucho tiempo después. Por ejemplo el aislamiento se implementó en Argentina el día 18 tras la aparición del primer caso, mientras en Italia se implementó en el día 41 y en España el día 42.
La ubicación geográfica y los altos niveles de migraciones internas al interior del continente hicieron que en Europa los casos no se detectaran de forma masiva y cuando la pandemia se determinó el 11 de marzo, ya había pasado bastante tiempo tras los primeros casos en estos países que, hasta el masivo crecimiento de Estados Unidos, llevando la delantera de los casos de coronavirus incluso por delante de China, sitio en el que tuvo origen.
En América del Sur, caracterizada por los contagios más homogéneos que el goteo de Estados Unidos, los casos tuvieron fuerte impacto en Ecuador y Chile, en términos porcentuales, y en Brasil en términos absolutos aunque este último dato era previsible teniendo en cuenta la magnitud de país.
Al ver los avances en cada país puede notarse la diferencia entre los casos europeos, estadounidense y sudamericanos que, a diferencia de los otros casos tuvieron contagios más constantes mientras que en los restantes ejemplos los contagios fueron de tipo goteo.
De hecho no se observa en ningún caso sudamericano, con cierta excepción de Brasil, que haya un crecimiento brusco de los infectados, lo que es un aliciente para la región, de hecho Argentina por ejemplo va en medio de la manada sin sobresalir, lo que en este caso no deja de ser una virtud.
Pero el tipo de contagio no es lo único que los caracteriza, también la tasa de contagio se ubica muy por encima de los casos de América del Sur.
En relación con esto, también es muy superior la tasa de muertes por infectados en Europa respecto a América, y en nuestro continente, porcentualmente, es mucho más llamativo fuera de América del Sur que dentro de la región:
Bien podríamos decir que los números del hemisferio sur son mejores que los del hemisferio norte, con la salvedad de Estados Unidos, y el continente tiene una ventaja, conocer el avance del virus en Europa, lo que generó que, en términos generales, se actuara más rápido de lo que se actuó Europa, con la excepción del caso brasileño y estadounidense que, al igual que el Reino Unido, decidieron ir contra la corriente mayoritaria.
A poco de negar la instauración de una cuarentena el Reino Unido tuvo que arrepentirse y se sumó a la ola general, ¿Brasil se mantendrá solo en su postura?
América del Sur se enfrenta, sobre esta base, con un nuevo desafío. El pico del contagio aún no se alcanzó y la región se encamina a la temporada de temperaturas más frías, época en la cual el virus se mantiene más activo según los expertos.
Argentina decidió extender su aislamiento hasta el domingo de Semana Santa, esperando poder tener para entonces un panorama más claro acerca de la evolución del virus y saber si entonces se puede avanzar lentamente en la superación de la medida o sí, por el contrario, es necesaria una nueva extensión del aislamiento.
Se verá entonces si el Presidente Alberto Fernández puede decir, como su admirado Raúl Alfonsín, “Felices Pascuas, la casa está en orden”.









