Como cuando se plantó ante la Sociedad Rural Argentina, o como cuando subió al púlpito de la Iglesia de Stella Maris para responderle a Monseñor Medina, se cumplen 35 años de aquel día en el que Alfonsín, con el temple y la capacidad discursiva que lo caracterizaba, le espetó sus ideas en la cara a quienes pretendían aprovechar los momentos para algo que no era lo que se debía.
‘Estoy convencido que Estados Unidos, por otra parte, comprenden que la seguridad del hemisferio está íntimamente vinculada al desarrollo de la democracia en nuestro continente, y es por ello que abrigo las más grandes esperanzas acerca del diálogo que vamos a mantener.
Vamos a hablar del presente y del futuro. Vamos a hablar dos presidentes elegidos por la voluntad de nuestros pueblos. Vamos a tocar sin duda, los temas bilaterales y también los que hacen a nuestro continente en su conjunto y no estará ajeno a nuestro diálogo el tema de Centroamérica o Nicaragua.
Estoy convencido que a través del diálogo se podrán encontrar fórmulas de paz, que sobre la base del respeto al principio que hace al derecho consuetudinario americano de la no intervención, nos den la posibilidad de lograr un triunfo en las ideas de la democracia y el pluralismo de la democracia, sin injerencias extra continentales y afirmando desde luego, la libertad del hombre.
Vamos a conversar sobre estos temas, señor presidente, y lo haremos, como dije, dos hombres elegidos por nuestros pueblos, será en definitiva, entonces un diálogo entre ambos pueblos.’
Estas fueron algunas de las palabras que pronunció el Presidente Alfonsín el 21 de marzo de 1985 en los jardines de la Casa Blanca en respuesta al discurso de bienvenida a Estados Unidos que había brindado el Presidente Ronald Reagan.
En su discurso el líder estadounidense afirmó que los países americanos ‘no se pueden quedar con los brazos cruzados ante la expansión en las naciones libres de América de la tiranía comunista impuesta en Nicaragua’ y que ‘los que ayudan a nuestros enemigos son nuestros enemigos’. Fue entonces cuando Alfonsín guardó en su bolsillo el discurso que tenía previsto pronunciar y decidió cambiar el tenor de su discurso, que estaba previsto centralizar en la cuestión de la deuda externa que por entonces era el eje de la preocupación del líder argentino, y tras señalar que ‘en toda América latina estamos dispuestos a gobernar con la austeridad que demanda la hora y hacer los ajustes necesarios para superar los escollos de la economía. Pero no podemos hacer que los ajustes recaigan sobre los que menos tienen’, se centró en la cuestión internacional.
También expuso la misma tesitura al día siguiente al hablar ante el Congreso de la Unión, donde insistió en la necesidad de ‘desahogar’ económicamente a los nuevos gobiernos latinoamericanos y la importancia de la no injerencia en los asuntos internos de cada uno de ellos.
Por aquellos años Estados Unidos financiaba, de manera ilegal, a las fuerzas contrarrevolucionarias nicaragüenses, los ‘contras’, que buscaban derrocar al gobierno sandinista que se había instalado en el país centroamericano tras el triunfo de la revolución el 19 de julio de 1979.
Para Alfonsín la democracia y la paz eran condicionantes básicos para el desarrollo de la sociedad, y en ese punto entendía que se debía respetar la autodeterminación de cada país para elegir su propio sistema de gobierno, y así se lo hizo saber a Reagan. Llevaba al discurso su política exterior con la creación del Grupo de Apoyo a Contadora, que fue fundamental para los tratados de paz en Centroamérica que pusieron fin a años de guerras civiles.
Alfonsín procuraba romper la lógica que había guiado la política exterior estadounidense de apoyo, alternativo, a dictaduras y democracias tuteladas, y se lo dijo a la máxima autoridad estadounidense ante las cámaras de los medios de comunicación en los propios jardines de la Casa Blanca.

1 comentario
Como me gustó ese discurso, aun me emociona….