Si bien la Revolución Cubana triunfó el 1 de enero de 1959, la entrada en La Habana fue una semana después, el 8 de enero, cuando en palabras de Carlos Puebla, llegó el comandante, y mando a parar.
Si bien el Movimiento 26 de Julio ya había implementado políticas propias a medida que iba tomando territorios y reemplazando con su estructura al Estado que se venía abajo, la imagen del jeep entrando en la capital cubana representaba el fin de una era en la isla.
Había partido de Santiago de Cuba el 2 de enero encabezando la Caravana de la Libertad y tras recorrer más de mil kilómetros llegó a la capital del país para ponerse al frente de la nueva administración.
En cada ciudad que paraba, Castro se dirigía a la multitud que lo esperaba, y brindaba su opinión sobre lo que se avecinaba, la historia se iba abriendo a su paso.
Tras ser recibido por el Presidente Manuel Urrutia, luego de la huida del dictador Fulgencio Batista, quien lo presentó como el ‘gran líder de América, Fidel Castro Ruz’, el líder revolucionario se dirigió al Cuartel Columbia en medio de la multitud, donde planteó claramente el futuro inmediato… que la historia convirtió en mediato.
Dijo entonces Fidel Castro: ‘Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia: la tiranía ha sido derrocada. La alegría es inmensa. Y sin embargo, queda mucho por hacer todavía. No nos engañamos creyendo que en lo adelante todo será fácil; quizás en lo adelante todo sea más difícil. Decir la verdad es el primer deber de todo revolucionario. 
Fue allí que junto a Cienfuegos a su lado, Castro hablándole al oído le pregunta ‘¿voy bien, Camilo?’, dejando en claro que más allá del liderazgo natural de Castro, quien había triunfado era el 26 de Julio, eran esos barbudos que desde el desembarco del Granma se habían puesto al frente del pueblo para terminar con la tiranía batistiana.
Fue el inicio de una nueva época en Cuba, en América Latina y en el mundo, y todo comenzó aquel enero de 1959 cuando los barbudos llegaron a La Habana.

