La próxima vez que un funcionario o concejal te hable de ‘transparencia’, ‘honestidad’ o ‘compromiso con la gente’, recordá esta nota. Y después reíte. O llorá. O las dos cosas.
Buscando: Zárate
Este episodio del festival benéfico es apenas un capítulo más en la larga saga de opacidad que caracteriza a la gestión de Marcelo Matzkin. No es el primero, infelizmente no será el último.
WikiLeaks, Panama Papers, Cáffaro Papers… y ahora los Graciarena Files. Otro capítulo en la larga historia de filtraciones que incomodan a quienes prefieren gobernar en las sombras.
En Zárate, la salud mental está en manos del nepotismo y la desidia. Los discursos vacíos reemplazan a las políticas públicas.
La democracia no puede funcionar en la oscuridad. Y Matzkin no puede seguir siendo el intendente invisible.
O da la cara, o que se vaya a su casa. Pero esto, este circo de sombras, esta pantomima de gobierno, esto no puede seguir.
Pasaron las elecciones y el show sigue, ahora con el accionar individual de Cabeza y con su propio patrocinio.
La historia debe cambiar, pero el cambio no vendrá de quienes se benefician del status quo. Vendrá de una ciudadanía que despierte y exija lo que por derecho le corresponde: un gobierno transparente, controlado y al servicio del pueblo.
Si Matzkin sigue creyendo que ser intendente es equivalente a ser gerente de una empresa privada, los zarateños seguirán pagando las consecuencias de esa visión mediocre y peligrosa del servicio público.
El caso de Juan Ignacio Novelli es un manual perfecto de cómo no debe funcionar la administración pública.
Cuando las explicaciones oficiales no resisten el menor análisis y la ‘transparencia’ municipal se convierte en un festival de contradicciones.