No está bueno tener que dedicar tiempo y esfuerzo a cuestiones como la que aquí expondremos pero dadas las circunstancias, y como ya hemos mencionado en diversas oportunidades hay que alzar la voz.
La novedad del día es que las autoridades del Hospital Intermedio Municipal “Dr. René Favaloro”, a través de su Director, el Dr. Cristian Fusco, hacen firmar a los agentes municipales que desarrollan tareas laborales en dicho nosocomio, un ‘Acuerdo de confidencialidad’.
Esta herramienta es muy común en el ámbito privado, de hecho yo por ejemplo lo he firmado en las empresas en las que me he desempeñado, pero no tanto en la esfera estatal. En términos generales se utiliza para proteger información sensible que pueda ser sujeto de espionaje empresarial, por ejemplo fórmulas de productos, políticas de comercialización, cartera de clientes, etc., lo cual podría tener cierta equivalencia con lo que en este acuerdo se menciona cuando se comprometen a mantener ‘el secreto profesional, no revelar historias clínicas, hojas de enfermería, referentes a situaciones personalísimas de salud de los pacientes de las cuales haya tenido conocimiento por el ejercicio de sus funciones como empleada/o pública/o en el hospital de referencia’. Pareciera ser una cuestión obvia el comprometerse a estas cuestiones, pero siempre hay quien esté dispuesto a vender un ‘primicia’, ejemplos sobran por doquier. Lo curioso es que no se haya firmado un acuerdo de esta índole con cada empleado al momento de su ingreso y se haya esperado hasta el pasado 28 de abril para establecer este pacto confidencialidad.
¿Habrá tenido que ver la difusión que hemos hecho en los últimos días de la realidad que se vive en el ámbito de la Secretaría de Salud, exponiendo una realidad que las autoridades pretenden ocultar? ¿Tendrá que ver con la exposición pública que hicimos de los chats que enviara Julián García buscando adoctrinar a empleados municipales? No lo sabemos, y probablemente no lo sabremos nunca, aunque seguramente dirán que no tiene nada que ver y que eran cuestiones que el Municipio venía trabajando desde tiempo atrás.
Pero lo más curioso no es que el Municipio no haya establecido estos acuerdos en su momento, sino lo ambivalente del texto que hacen firmar a los agentes municipales, quienes si no lo firman no pueden seguir trabajando por lo que de acuerdo poco, más bien es una imposición patronal. Dice en su cláusula primera este acuerdo que ‘”el empleado municipal” manifiesta expresamente su compromiso de no ventilar, hacer saber a terceros, ni divulgar informaciones o noticias de índole médica’. ¿Qué incluye este concepto?
¿El evidenciar que el Subsecretario de Planificación Estratégica de la Salud Julián García ‘invita’ a hacer la claque de las autoridades sería un caso de este tipo?
¿El exponer ante la ciudadanía la indumentaria de trabajo lo es?
¿El denunciar los tratos y maltratos de las autoridades para los empleados es un ejemplo?
Más que un pacto de confidencialidad para garantizar la intimidad de los pacientes, algo de perogruyo en cualquier institución médica, este acuerdo parece ser lo suficientemente amplio para que llegado el caso, amparados en su firma, se pueda accionar contra los empleados ‘díscolos’.
Quienes así lo creen deberían saber que la verdad no entiende de aprietes ni de matones, y que siempre sale a la luz, por ejemplo haciendo que deje de ser confidencial un pacto de confidencialidad.

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