‘El Radicalismo no es una etiqueta que se coloca sobre un hombre como sobre un frasco en una droguería. Es un contenido. Quien no alienta pasión de justicia y a su influjo gobierna su vida, no es radical por más que así se titule y por alta que sea su ubicación en el escalafón partidario. Radicalismo no es una mera adscripción a un partido. Cual la democracia, es una norma de conducta, un estilo de vida.’.
MOISÉS LEBENSOHN
Hay sesiones del Concejo Deliberante que terminan y uno se queda con la sensación de que estuvo mirando algo importante sin poder precisar exactamente qué . La del jueves fue diferente. Esta dejó algo mucho más nítido: la certeza de que María Elena Gallea cree, con una convicción admirable, que su mandato la obliga a representar al Departamento Ejecutivo municipal en el recinto, y no a los vecinos que la votaron.
No es una deducción caprichosa. Es lo que sus propias palabras, sus propios votos y su propio olvido dejan en evidencia. Vamos por partes.
Un pedido de informes y un culo sucio
El Expediente 162/26, presentado por el bloque de Fuerza Patria, pedía información al Ejecutivo sobre el Decreto 612/25, que amplió el Presupuesto de Gastos 2025. Nada extraordinario. Un pedido de informes de rutina, de esos que existen precisamente para que el Concejo ejerza la función de control que la ley le encomienda.
En Comisión, Gallea votó que el expediente continuara en estudio. Posición curiosa porque cuesta entender qué se puede estudiar de un pedido de informes que lleva semanas en Comisión. Pero en el recinto, ante el micrófono y los vecinos, algo cambió. Allí anunció que se opondría a su aprobación: en su opinión ya habían sido dadas las respuestas en la Rendición de Cuentas y en la comparecencia, a puertas cerradas y entre cuatro paredes, como siempre, con el Secretario Mazzola.
La pregunta que surge sola, inevitable, es la misma de siempre: si todo está tan claro, ¿cuál es el problema de responder formalmente un pedido de informes? Mi abuela decía que ella tenía el culo limpio y no tenía problema en mostrarlo. Evidentemente Gallea cree que el Ejecutivo municipal no comparte esa virtud. Yo lo sé desde hace tiempo, pero igual me sorprende que ella lo admita con tanto desparpajo sin darse cuenta de que lo está admitiendo.
La contradicción entre el voto en Comisión y el voto en el recinto es, además, una incoherencia que merece un párrafo propio. En Comisión: continúe. En el recinto: me opongo. No hay otra interpretación posible que la de una posición tomada antes de que existiera el debate. Y cuando la posición viene antes que la deliberación, no hay deliberación: hay teatro.
Las respuestas que nadie puede ver
Similar actitud asomó cuando se debatieron los Expedientes 215/26 y 217/26, que ya cubrimos en estas páginas y que giran alrededor de la citación del Secretario de Protección Ciudadana, a quien Gallea y varios de sus colegas insisten en llamar ‘Secretario de Seguridad’, pequeño detalle que exhibe, como al pasar, que ni siquiera leyeron la estructura orgánica del municipio que deben controlar.
El argumento de Gallea fue el mismo: ya se dieron explicaciones en Comisión. Y en ese mismo gesto, sin quererlo, dejó caer una información valiosa: los folios que faltaban en el acta que circuló y que analizamos, la del cuaderno marca Éxito, esa joya de la institucionalidad zarateña, eran precisamente las respuestas por escrito del Secretario Iglesias.
¿Por qué no se publican esas respuestas? ¿Por qué el Secretario no puede dar explicaciones de cara a los vecinos, en sesión pública, con cámaras y vecinos mirando? ¿Por qué lo que se dice entre cuatro paredes tiene que quedar entre cuatro paredes?
Un gobierno que practica la transparencia no tiene problema en dar explicaciones en cualquier momento y ante cualquiera. Solo quienes predican la moral con la bragueta abierta hablan de transparencia mientras esconden lo que dicen cuando nadie los graba.
La frutilla del postre: los vecinos, esos molestos terceros
Pero lo más llamativo llegó fuera del orden del día. El concejal Fenestraz presentó un proyecto convocando a Audiencia Pública para que los zarateños opinen sobre un tema que, como señalamos días atrás en ¿Los zarateños querrán que Zárate se convierta en el basural regional?, condicionará el futuro del distrito por varias generaciones.
El propio sitio web del Concejo Deliberante, con una honestidad que casi emociona dado el contraste con la práctica, define las Audiencias Públicas como un mecanismo que permite ‘avanzar en políticas que promueven una mayor vinculación y proximidad entre el cuerpo de concejales y los vecinos’, y agrega que ‘la toma de decisiones respecto a los temas de interés público tratados por el H. Cuerpo conllevan a la sanción de una norma útil y consensuada’ cuando se cuenta con la participación vecinal.
Bonito. Muy bonito. El problema es que esas palabras quedaron escritas en la web, y en el recinto muchos votaron exactamente lo contrario.
Gallea se opuso. Los vecinos, en la lógica que ella encarna esta semana, son un trámite innecesario cuando el Ejecutivo ya lo decidió. Gallea se fue de boca.
Hace más de veinticinco años, cuando muchos de nosotros ya debatíamos el futuro del distrito mientras otros vendían ropa, el Concejo Deliberante discutía las Audiencias Públicas y los ediles de entonces concluían que legislar sobre esos instrumentos democráticos pondría a Zárate ‘entre los más avanzados sobre el tema, dotándolo de herramientas idóneas para el buen ejercicio del poder popular’. Veintiséis años después, quienes se niegan a escuchar a los vecinos son exactamente los mismos que no quieren que los funcionarios hablen en público.
El círculo es perfecto. Y perfectamente cerrado.
La confusión que no es confusión
Gallea cree que ella representa al Departamento Ejecutivo en el Concejo Deliberante. No como acusación: como descripción de sus conductas observables, sesión a sesión. Votó en Comisión una cosa y en el recinto otra. Se opuso a que los funcionarios hablen en público. Se opuso a que los vecinos opinen sobre decisiones generacionales. Y olvidó al dirigente radical más relevante de las últimas décadas en el momento en que correspondía recordarlo. Todo en una sola sesión del Concejo Deliberante.
¿Gallea está equivocada sobre cuál es su rol? ¿Y en esa equivocación, les da la espalda a los zarateños que la colocaron donde está?
Gallea no sabe para quién trabaja ni a quién representa.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
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