Tres versiones del mismo documento, ningún acceso a las anteriores, una web que señala a quien llegó tarde pero guarda respetuoso silencio sobre los que directamente no llegaron, y un sistema de transparencia que da lo mismo cumplirlo que ignorarlo. Bienvenidos al estado del arte de la rendición de cuentas zarateña.
Hay una frase que en Zárate debería grabarse en el frente del Palacio Municipal, justo arriba de la entrada principal, para que nadie se llame a engaño cuando cruce el umbral: ’Acá las normas existen. Cumplirlas es completamente opcional.’ No está grabada, claro. Pero funcionaría como advertencia honesta para cualquier vecino que todavía conserve la ilusión de que el sistema de declaraciones juradas de funcionarios y representantes populares sea algo más que un ejercicio burocrático de maquillaje institucional.
Ya señalamos en un artículo anterior, al que conviene volver porque sigue siendo, lamentablemente, de una vigencia irritante, cómo en Zárate las normas se administran en lugar de cumplirse, y cómo esa administración no tiene ningún costo visible para quien elige la comodidad del incumplimiento. Lo que viene a continuación no es repetición: es la siguiente entrega de la misma historia. Y, como suele pasar en estas sagas, la secuela tiene más capas y más descaro que el original.
📋 Primero, las buenas noticias (hay que buscarlas, pero existen)
Seamos justos. El municipio de Zárate tiene habilitado el acceso a las declaraciones juradas de funcionarios y representantes populares en su web oficial, zarate.gob.ar/ddjj-patrimoniales-funcionarios. Están. Funciona. Se puede consultar. Hay documentos cargados, nombres, categorías, años.
Eso, en el contexto argentino, y sobre todo en el contexto zarateño que venimos documentando en estas páginas, no es poca cosa. Es un paso. Pequeño, tímido, con bastante margen de mejora, pero un paso al fin. Que en Zárate haya aunque sea una ventana entreabierta al patrimonio de quienes administran la cosa pública merece, en serio, un reconocimiento.
Dicho esto, cerremos ese paréntesis y miremos lo que hay del otro lado de esa ventana. Porque lo que se ve, la verdad, tiene su propia épica del absurdo.
🏆 La transparencia selectiva: un arte zarateño
La web municipal tiene, entre sus virtudes inesperadas, una cuota de valentía editorial que merece destacarse. Cuando el concejal Lautaro Fenestraz presentó sus declaraciones juradas fuera del plazo establecido, el municipio lo hizo saber. Ahí, en la página oficial, junto al link del documento, figura la leyenda: PRESENTACIÓN FUERA DE PLAZO. En mayúsculas. Sin eufemismos. No ‘entregada con demora’, no ‘documentación recibida extemporáneamente’, no el usual barniz burocrático que suaviza todo. Fuera de plazo. Punto.
Bien. Aplausos. Es lo correcto. Si alguien incumple, que quede asentado. La transparencia implica exactamente eso: decir lo que pasó, aunque incomode. El problema, claro, es lo que viene después de ese aplauso.
Porque esa misma web que tuvo el coraje institucional de señalar a quien llegó tarde guarda un silencio sepulcral, casi reverencial, sobre todos los que directamente no llegaron. No tarde. No fuera de plazo. Simplemente no fueron presentadas. El sistema muestra lo que hay y omite lo que falta, y esa omisión es tan elocuente como cualquier texto que pudiera escribirse. Hay funcionarios y representantes populares que deberían aparecer en esa lista y no aparecen. Sin leyenda aclaratoria. Sin nota al pie. Sin el menor indicio de que alguien, en algún escritorio del Palacio Municipal, haya advertido que la lista tiene agujeros del tamaño de un decreto mal promulgado.
Para resumirlo con claridad matemática: para el Municipio de Zárate llegar tarde merece una leyenda de advertencia en la web oficial. No llegar nunca, en cambio, no merece ninguna mención. La tardanza se expone. La ausencia total se protege. En Zárate, el incumplimiento parcial se debe transparentar más que el incumplimiento completo. Así funciona el sistema.
La pregunta que surge sola, sin necesidad de esforzarse demasiado, es por qué. ¿Por qué señalar a Fenestraz y no señalar a los que ni siquiera se dignaron a presentar su declaración jurada de patrimonio? ¿Qué hace que una categoría de incumplimiento merezca el registro y la otra merezca el manto del olvido? Las respuestas posibles son pocas y ninguna termina de dejar bien parado al sistema. O hay criterios que se aplican con una discrecionalidad que nadie explicó. O hay nombres que resultan más cómodos de señalar que otros. O, la más zarateña de las opciones, nadie se fijó demasiado en la coherencia del conjunto y cada cosa se fue agregando a la lista sin que nadie supervisara el resultado final.
Cualquiera de las tres opciones da que pensar. Y no precisamente en términos optimistas.
📄 La obra maestra en tres actos: la DDJJ de Matzkin
Pero si hay un capítulo que condensa con precisión quirúrgica todo lo que hay que entender sobre la relación entre el poder local zarateño y la transparencia, no es el de Fenestraz. Es el del propio intendente.
Luego de publicado nuestro artículo anterior sobre el tema, Marcelo Matzkin presentó una rectificatoria de su Declaración Jurada correspondiente al año 2025. Hasta acá, todo podría encuadrarse en lo razonable: los formularios tienen errores, las vidas patrimoniales son complejas, rectificar es un derecho que el sistema contempla. Nada que objetar en abstracto.
El problema es que no era la primera rectificatoria. Era la tercera. Cuatro versiones del mismo documento en el mismo año. Primera presentación, primera rectificatoria, segunda rectificatoria. O, para decirlo de otra manera: borrador uno, borrador dos, borrador tres. La versión definitiva. Por ahora, al menos.
Cuatro intentos para declarar el propio patrimonio. Cuatro. El mismo patrimonio que, se supone, el declarante conoce mejor que nadie, porque es suyo. Y sin embargo hizo falta ensayarlo cuatro veces para llegar a una versión que pudiera sostenerse. Es el equivalente patrimonial de empezar cuatro veces el mismo párrafo porque ninguna versión termina de convencer. Aunque acá, claro, las consecuencias no son una mala calificación en un examen: son las posibilidades de que los vecinos sepan qué patrimonio tienen sus representantes.
Y acá viene la parte que tiene su elegancia propia, casi kafkiana: no hay acceso a las presentaciones anteriores. La web muestra la última versión disponible, y punto. Las tres versiones anteriores desaparecieron del sistema, no están disponibles para consulta pública, no existe forma de comparar qué cambió entre la primera y la segunda, ni entre la segunda y la tercera, ni entre la tercera y la cuarta. No sabemos qué se rectificó, cuánto se agregó o se quitó, ni en qué dirección fue la corrección. El ciudadano que ingresa a la página web del municipio ve el resultado final de cuatro intentos sin poder ver el proceso. Como si en un partido de fútbol solo pudiera publicarse el resultado pero no los goles.
La transparencia, en este caso concreto, funciona exactamente como una ventana con persiana: existe, está habilitada, pero la persiana está baja o subida según convenga. Y la persiana la controla el mismo que vive adentro.
🕳️ El problema no es lo que está: es lo que falta
La pregunta que todo vecino debería hacerse al consultar esa web es elemental: ¿están todos los que deberían estar? La respuesta, con la misma simpleza, es no. Ni cerca. Hay funcionarios municipales sin declaración. Hay representantes populares, concejales, gente que cobra un sueldo del erario público y que fue elegida específicamente para encarnar el control democrático, que tampoco presentaron nada. Cero. Ausencia total. Sin leyenda aclaratoria, sin llamada de atención, sin ninguna señal de que a alguien en el municipio le inquiete la situación.
Y la pregunta que nunca termina de responderse, aunque la respuesta esté a la vista, es si esa ausencia tiene algún costo real. La respuesta que da la realidad zarateña, una y otra vez, es que no. Ningún costo visible. Ninguna consecuencia institucional. Ningún mecanismo que obligue al omiso a ponerse al día bajo amenaza de algo concreto. La norma existe, el plazo vence, y el incumplimiento se instala con la comodidad de quien calculó, correctamente, que nadie va a venir a buscarlo.
Es un poco como el sistema de estacionamiento medido en las ciudades chicas: todos saben que existe, algunos lo respetan, y los que no lo respetan resolvieron que el costo de la infracción es menor que el del cumplimiento. Perfectamente racional. El problema es que cuando esa lógica se aplica a la rendición de cuentas pública, lo que se erosiona no es un parquímetro: es la confianza cívica. Y esa, a diferencia de un parquímetro, no tiene repuesto.
🧩 Lo que falta y nadie exige (y por qué es el verdadero problema)
La lista de lo que haría falta para que el sistema funcione de verdad no es larga ni complicada. Tres cosas. Básicas. En cualquier democracia que se tome en serio serían consideradas como el piso mínimo, no el techo de la ambición.
Primero: que estén todos. No los que quisieron, no los que se acordaron, no los que calcularon que convenía. Todos. Sin excepciones, sin ausencias silenciosas, sin huecos que la web opta por no nombrar.
Segundo: que las rectificatorias sean trazables. Si alguien corrige su declaración, una vez, dos, tres, cuatro, el ciudadano tiene el derecho de saber qué cambió entre versión y versión. No para perseguir errores honestos, sino para poder distinguirlos de los que no lo son. Sin el historial de cambios, esa distinción es imposible. Y sin esa posibilidad, la transparencia es, con precisión clínica, una ilusión bien diseñada.
Tercero: que el incumplimiento tenga precio. No una nota al pie en un informe que nadie lee. La idiosincrasia argentina indica que si no hay un costo real, concreto, que le genere al omiso una obligación genuina para cumplir, pasará de ella. Si no hay castigo no cumplo. Sin ese costo, lo demás es decoración republicana.
Ninguna de esas tres cosas está en el horizonte visible de la política zarateña actual. Ni del ejecutivo, que administra el sistema. Ni del Concejo Deliberante, que podría exigir su mejora y prefiere, sistemáticamente, el silencio cómodo. Ni de los organismos de control, que en esta ciudad parecen haber desarrollado una vocación particularmente refinada por mirar para otro lado justo cuando habría algo que ver. Y esto no es de ahora, viene desde largo tiempo atrás. Convivencia que se llama.
✊ La transparencia no se decora: se construye, o no es
Tener acceso a algunas declaraciones juradas, aunque sea a una parte, aunque falten muchos, aunque la última versión tape las anteriores, es mejor que no tener ninguna. Eso hay que reconocerlo, y lo reconocemos. Pero confundir el primer escalón con la cima es exactamente el error que los gobiernos que prefieren la apariencia de transparencia a su realidad quieren que cometamos. Ese error tiene nombre: se llama conformismo cívico, y es el combustible que alimenta el sistema que estamos describiendo.
Un sistema de declaraciones juradas con huecos, sin historial de rectificatorias disponible, sin consecuencias para los omisos, sin organismo que lo audite activamente, y con una selectividad que señala a los tardíos pero ampara a los ausentes, no es un sistema de transparencia. Es, en el mejor de los casos, una vidriera. Tiene vidrio, tiene iluminación, tiene algo para mostrar. La trastienda está cerrada, y la llave la tiene el mismo que atiende el local.
Mientras tanto, los vecinos de Zárate siguen teniendo derecho, en el papel, al menos, a saber quién administra su dinero y cuánto tiene ese alguien. Ese derecho, ejercido a medias, no vale lo que debería valer. Y mientras no se exija que valga lo que corresponde, el sistema va a seguir funcionando exactamente como está funcionando: con las persianas a medio bajar, la web señalando lo que al Ejecutivo le conviene señalar, ocultando lo que conviene ocultar, y alguien adentro decidiendo cuánta luz entra cada vez.
Como dijimos antes y seguiremos diciendo, porque el tema lo exige: en Zárate, las normas no se cumplen. Se administran. Y los que las administran con más habilidad son exactamente los mismos que, cuando les conviene, salen a dar clases de república, de transparencia y de gestión moderna.
¿Por qué el maquillaje documental? No queda en claro el por qué del cambio. ¿Por qué no publican lo que presentaron realmente? ¿Qué esconden? Esta práctica, lamentablemente habitual en una gestión que se ha caracterizado por el oscurantismo y la falta de transparencia genuina, genera más sospechas que certezas.
Como bien hemos documentado en múltiples ocasiones desde estas páginas, una de las principales características del gobierno municipal es el oscurantismo con el que manejan las cuestiones públicas, desde la sistemática violación de las normas a no tener disponible en su página web una versión digital del Boletín Oficial, lo que impide que los ciudadanos sepan y conozcan cuáles son las normas que rigen su distrito.
Pero bueno, avancemos con la pantomima.
Los errores que hablan de una gestión
Obviaremos por el momento los groseros errores ortográficos y conceptuales que posee la Declaración Jurada del Intendente -porque en una administración que se precia de profesional, estos detalles deberían ser imperdonables- y nos focalizaremos en la información brindada por la máxima autoridad del Ejecutivo local.
Las Inconsistencias que gritan: análisis detallado
Primera Inconsistencia: el misterio de las fechas
La primera y más llamativa contradicción es que el Intendente publica en la web municipal una DDJJ presentada el 2 de junio de 2025 a las 18:50, sin embargo él mismo había publicado en sus redes sociales la constancia de presentación ante ARCA el 31 de mayo a las 19:06.
¿A qué se debe la diferencia de fechas? ¿Qué pasó en el medio? ¿Hubo una presentación correctiva? ¿Se dieron cuenta de errores que debían subsanar? Estas preguntas, que cualquier ciudadano responsable se haría, permanecen sin respuesta en el silencio cómplice de un gobierno que predica la transparencia pero practica la opacidad.
El patrimonio del Intendente: entre declaraciones y realidad
Sigamos ahora con la información que el Intendente publicó en la página web del Municipio.
¿Qué cosas llamativas declaró Marcelo Matzkin?
- La casa que se alquila pero no genera ingresos
Inmueble: Una casa con dominio 100% en Zárate, valuación fiscal $3.500.389. Según declaraciones periodísticas que dio recientemente, él alquila su propiedad y alquila la propiedad de un amigo. Sin embargo, esos ingresos por alquileres y esos gastos por alquiler no están registrados en ninguna parte de su declaración.
Esta omisión no es menor. Si efectivamente percibe ingresos por alquiler y paga alquiler por otra propiedad, estamos ante una declaración, como mínimo, incompleta que no refleja la realidad económica del primer mandatario zarateño.
- El Intendente sin auto: ¿realidad o ficción?
Bienes muebles registrables: Ninguno (ni él ni su grupo familiar). Es decir, declara no tener auto, moto, embarcación ni similar… pero en declaraciones periodísticas afirma tener un automóvil.
Si hay contradicción en algo tan sencillo, qué certeza puede haber de información más difícil de contrastar como los depósitos bancarios.
- Un matrimonio económicamente desequilibrado
Propiedades exclusivas: Tanto la propiedad como los ahorros son de propiedad exclusiva del Intendente, todo al 100% sin que su cónyuge participe en la propiedad. En tiempos donde la equidad de género es una bandera que el oficialismo suele levantar, resulta llamativo este desequilibrio patrimonial absoluto.
Cónyuge sin aporte económico: Sorprendentemente no hay declarados ingresos del cónyuge. El Intendente declaró textualmente: ‘no haber percibido otro tipo de ingresos en el período declarado, como así tampoco mi grupo familiar sujeto a declarar’.
- La contradicción de los honorarios profesionales
Actividades simultáneas: Afirma categóricamente que no realiza actividades distintas a su cargo actual. Sin embargo, y aquí viene la contradicción más evidente:
Honorarios profesionales vs. ‘sin actividades simultáneas’: Pese a lo mencionado en el punto anterior, en 2024 declara $700.000 de honorarios profesionales, pero a la vez afirma no realizar actividades distintas a su cargo actual.
¿Qué tarea realiza el Intendente para percibir honorarios mientras es Intendente y declara no tener otra actividad? Si esos honorarios corresponden a 2024, hay una tensión evidente que debe aclararse urgentemente: fechas, concepto y facturación.
Stefanía Rodríguez Schatz: la pobreza franciscana del oficialismo
Sin embargo, como dijimos ayer, no es esta la única Declaración Jurada problemática. También presentó la suya Stefanía Rodríguez Schatz, quien hoy encabeza la lista electoral local del oficialismo, cuya presentación es aún más llamativa que la del Intendente.
La primera candidata a concejal presenta un cuadro de absoluta carencia patrimonial: no tiene vehículos, inmuebles, nada. Una situación que, según sus propias declaraciones, la llevó a tener dos trabajos en simultáneo para ‘parar la olla’: Subsecretaria municipal y profesora de educación física en la Fundación Campana.
Pero esto de la pobreza franciscana no es exclusivo de Rodríguez Schatz, como veremos, es una constante en las declaraciones del oficialismo local. Un patrón que desandaremos poco a poco en futuras entregas.
Natalia Blanco: cuando las cuentas no cierran
No menos curiosa es la presentación de Natalia Blanco, candidata a Diputada Provincial por La Libertad Avanza, que presenta inconsistencias propias de quien no prestó la debida atención al momento de completar su declaración.
A diferencia de los casos anteriores, Blanco declara ingresos de su cónyuge, lo cual hace más creíble su información en términos de transparencia familiar, aunque también posee incoherencias conceptuales evidentes.
Las contradicciones matemáticas de Blanco
Menciona que posee un vehículo de propiedad ganancial… pero afirma poseer el 100% del mismo. Una contradicción jurídica elemental que evidencia desconocimiento de los conceptos básicos que maneja.
Y lo más curioso: declara una casa cuya valuación fiscal es casi 10 veces más alta que la propiedad que declaró el Intendente. ¿Es correcto esto? ¿Alguna de las declaraciones no refleja la realidad? Estamos hablando de diferencias que van de los $3.500.389 del Intendente a cifras que superan los $32 millones en el caso de Blanco.
Los ingresos fantasmas del Concejo Deliberante
Pero lo más llamativo es el ingreso que Blanco declaró como concejal: ‘Ingreso Anual Neto: $7.280.808,14’. Una cifra que no se condice con la escala salarial publicada cada mes en el Boletín Oficial.
Esta discrepancia pone en evidencia dos posibilidades igualmente preocupantes: o la concejal percibe ingresos no declarados oficialmente, o existe una diferencia sustancial entre lo que se publica y lo que efectivamente se cobra en el Concejo Deliberante zarateño.
El Concejo Deliberante: cómplice silencioso de la opacidad
Hablando del Concejo Deliberante, es imposible no mencionar su rol pasivo y cómplice en todo este proceso. Mientras los funcionarios del Ejecutivo presentan declaraciones juradas plagadas de inconsistencias y contradicciones, el cuerpo legislativo local permanece en un silencio ensordecedor.
Ellos también están obligados a presentar sus Declaraciones Juradas Patrimoniales, pero encontramos menos de la mitad.
¿Dónde están los concejales opositores? ¿Por qué no exigen aclaraciones sobre estas evidentes inconsistencias? ¿Acaso su rol de control y fiscalización se limita a aplaudir las decisiones del Ejecutivo?
El Departamento Deliberativo, como bien hemos documentado en múltiples ocasiones, se ha convertido en una escribanía del oficialismo, donde las voces críticas brillan por su ausencia y donde el control ciudadano parece ser una utopía inalcanzable.
Un patrón de gestión: del oscurantismo a la contradicción
Estas inconsistencias en las declaraciones juradas no son casos aislados, sino que forman parte de un patrón de gestión que se ha caracterizado desde el inicio del mandato por la falta de transparencia y la multiplicación de contradicciones.
Como hemos denunciado sistemáticamente, la gestión Matzkin se expresa en su máxima forma a través de ‘alarmas sin decreto, gasto sin control y medios que no piensan’, mientras ‘duplican cargos, inflan la planta y el Concejo aplaude’.
La publicación de estas declaraciones juradas, lejos de generar la transparencia prometida, deja más dudas que certezas y confirma por qué durante tanto tiempo se resistieron a hacerlas públicas.
Lo que viene: Juan Ignacio Novelli y más revelaciones
Cada documento que uno lee genera sospechas, pero ninguno como el que analizaremos próximamente: el de Juan Ignacio Novelli, que quedará para un próximo artículo y que promete ser aún más revelador que todo lo expuesto hasta aquí.
Mientras tanto, los zarateños siguen esperando respuestas concretas a preguntas elementales:
- ¿Por qué las fechas de presentación no coinciden?
- ¿Por qué se publican ‘versiones’ en lugar de las declaraciones originales?
- ¿Por qué un Intendente que cobra honorarios declara no tener otras actividades?
- ¿Por qué quien aspira a ser intendenta no tiene patrimonio alguno?
- ¿Por qué los ingresos declarados por concejales no coinciden con las escalas oficiales?
La transparencia como cortina de humo
En definitiva, lo que debería haber sido un ejercicio de transparencia se ha convertido en una nueva demostración de cómo esta gestión maneja la información pública: con opacidad disfrazada de apertura.
Las declaraciones juradas de los funcionarios zarateños no solo generan más preguntas que respuestas, sino que evidencian un patrón de inconsistencias que debería alarmar a cualquier ciudadano comprometido con la transparencia y la rendición de cuentas.
Mientras el Concejo Deliberante permanece mudo ante estas evidentes irregularidades, los zarateños asisten a un nuevo capítulo del gran teatro municipal, donde la transparencia se convierte en una cortina de humo para ocultar las verdaderas cuestiones de fondo.
La investigación continúa, y las revelaciones que se avecinan prometen ser aún más reveladoras del verdadero estado de la administración municipal zarateña.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
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