Zárate vive un episodio que debería provocar, en cualquier demócrata honesto, una mezcla explosiva de indignación, vergüenza ajena y ganas de cambiar de municipio. La trama es deliciosa en su descaro: una concejal que legisla desde un cargo de representación popular mientras, simultáneamente, cobra y cumple (¿cumple?) funciones como jefa de una delegación nacional. Todo ello, claro está, sin rendir cuentas claras ni aparentemente sentir el peso de la contradicción.
Pero la verdad es que lo más preocupante no es solo la conducta misma, que ya de por sí merece un premio a la creatividad burocrática, sino la manera en que un aparato político completo, con sus herramientas institucionales bien aceitadas, parece diseñado para proteger privilegios y no esa cosa anticuada llamada transparencia pública. Porque, seamos francos, ¿para qué querríamos transparencia cuando tenemos consensos, pragmatismo y esa hermosa flexibilidad institucional que permite doblar la ley como un origami? 🎭
📍 La trama zarateña: del arte de la improvisación al atropello consagrado
El pasado 5 de diciembre, mientras algunos pocos zarateños participaban con incredulidad de la sesión preparatoria del Concejo Deliberante, solo aquellos que tenían permiso de ingreso al recinto, porque las sesiones públicas en Zárate resultan ser privadas para unos pocos, ya saben, cosas del folklore democrático local, quedó en evidencia que la ley no es un obstáculo para quienes saben cómo negociar su incumplimiento.
En esa sesión, entre irregularidades varias que ya fueron objeto de denuncia penal, Daiana Hergert firmó presencia en un horario en el que, oficialmente, debía estar cumpliendo funciones como jefa de la UDAI ANSES en Zárate, un cargo con horario y obligación laboral claramente definidos. No, no estamos hablando de un empleo artístico donde uno marca tarjeta cuando le place. Es ANSES, esa institución que exige a los ciudadanos comunes que hagan cola desde las 5 de la mañana y que presenten 47 formularios para cualquier trámite. Pero claro, cuando eres concejal y funcionaria nacional al mismo tiempo, las reglas son más… digamos, interpretables. 🎪
Y es que no se trata de una sospecha menor, de una anécdota más del politiquerismo local de provincia; es una denuncia que pone en tela de juicio la esencia misma de la representación pública: dedicación, presencia, ética. Esas palabritas que suenan lindas en los discursos pero que en la práctica parecen ser opcionales, como los condimentos en una hamburguesa.
🧾 La denunciante: Gisela Gaynor, o cuando ser coherente te convierte en ‘conflictiva’
Lejos de ser un mero expediente administrativo o una pelea entre facciones del palo político de siempre, esta denuncia está encabezada por Gisela Gaynor, concejal suplente y víctima directa del accionar de Hergert. ¿Por qué víctima? Porque es ella quien, de acuerdo a la normativa vigente hasta la última sesión, esa normativa que ahora, por conveniencia, cambió en tiempo récord, debería reemplazar a Hergert.
Es Gaynor quien, frente a la ausencia sistemática en comisiones, a la superposición de roles públicos y a las irregulares declaraciones juradas, se plantó y dijo ‘basta’. Hay que decirlo con todas sus letras, sin eufemismos ni medias tintas: no es sólo una disputa por cargos o por cuotas de poder; es un reclamo legítimo porque la norma y la ética no pueden ser atropelladas por quienes las deben custodiar. Además, y esto no es menor, porque resulta que cuando uno quiere ejercer el cargo para el que fue elegido, no debería tener que mendigar con denuncias judiciales lo que la ley ya le otorgó.
Posturas como estas no sólo lesionan el deber institucional, sino que reconfiguran la política local como un reality show bizarro donde el truco se oculta bajo la alfombra del ‘consenso’ o de la ‘pragmática institucional’. Lo que en realidad prima es la conveniencia política del momento, que cambia, incluso 180 grados, si la nueva realidad, es decir la nueva conveniencia, así lo requiere. Hoy blanco, mañana negro, y pasado mañana gris con lunares, todo según qué mayoría haya que preservar o qué silla haya que defender. 🎪
🤦♂️ La política como circo, el Concejo como manicomio
Desde hace tiempo, nuestro Concejo Deliberante parece más un apéndice del Ejecutivo municipal que un órgano de control y contrapeso. La sesión de diciembre último mostró, una vez más, que cuando importa conservar mayorías, las leyes y los procedimientos son modificables según conveniencia. Es como esos juegos de mesa donde, en mitad de la partida, alguien cambia las reglas porque está perdiendo. Solo que acá no estamos jugando Monopoly: estamos hablando de instituciones republicanas. O al menos de lo que alguna vez pretendieron serlo.
El linaje de irregularidades no termina en la denuncia por incompatibilidad: incluye licencias adelantadas sin sentido, expedientes fantasmas y negociaciones detrás de puertas cerradas donde lo único claro es la voluntad de perpetuar privilegios. Esta conducta es un peligro mayor, porque normaliza la vulneración de normas y erosiona la confianza ciudadana, al punto que la política deja de ser un espacio de representación para transformarse en un salón de espejos donde nada es lo que parece, y todo se justifica con eufemismos deliciosos como ‘flexibilidad institucional’ o ‘mayorías convenientes’.
Y acá viene lo irónico: los campeones de la legalidad, esos mismos que te citan el reglamento cuando les conviene y te hablan de republicanismo con voz solemne, son los primeros en torcer la norma hasta convertirla en plastilina cuando está en juego su beneficio sectorial. ¿Que la ley dice una cosa? No importa, se interpreta. ¿Que el reglamento es claro? Bueno, pero hay que contextualizarlo. ¿Que la ética manda otra cosa? La ética es un concepto abstracto, casi filosófico, no apto para la política real.
Para conseguir lo que buscan, apelan a cualquier herramienta: desde cambios exprés en ordenanzas hasta licencias retroactivas, pasando por ese arte fino de hacer como que no pasa nada mientras todo se incendia. Y si alguien se atreve a señalar la contradicción, entonces es ‘conflictivo’, ‘obstruccionista’ o el clásico ‘está haciendo política’. Como si defender la institucionalidad fuera un hobby excéntrico y no, justamente, la obligación primaria de cualquier representante del pueblo. 🔥
🛡️ ¿Qué está en juego realmente? (Spoiler: todo)
No estamos hablando de simples formalismos ni de caprichos legalistas de gente aburrida. La denuncia de Gaynor toca aspectos que configuran la base de cualquier república decente, esas cosas que deberían ser obvias pero que en Zárate parecen necesitar recordatorio permanente:
- La obligación de cumplir con horarios y funciones públicas efectivas. No alcanza con firmar planillas; hay que estar, laburar, representar.
- La coherencia entre lo declarado ante distintos organismos. Si declaraste una cosa en ANSES y otra en el Concejo, algo no cierra. Y cuando las cosas no cierran, huele mal.
- La responsabilidad de no usar un cargo para asegurar mayorías o blindajes políticos. Los cargos públicos no son fichas de póker para apostar en la mesa de negociaciones.
- La práctica real de la ética pública y la transparencia. Sí, esa palabra medio vintage que parece salida de un manual de civismo de los años ’80.
La verdad es que si la política es el arte de lo posible, también es —y debe ser— el arte de lo responsable e íntegro. Cuando quienes ejercen cargos públicos se creen por encima de la norma, lo que se consagra no es el talento político ni la astucia estratégica, sino la impunidad lisa y llana. Y en Zárate, más aún en su Concejo Deliberante, esa impunidad se ha vuelto costumbre, tradición, casi folklore. Se hereda de gestión en gestión como si fuera un bien inmueble. 💼
🧨 Conclusión: la resignación no es una opción (o al menos no debería serlo)
La presentación de la denuncia, la solicitud de una comisión investigadora y el pedido de apartamiento preventivo de Hergert no son un capricho legalista ni una movida de ajedrez político: son una defensa del orden institucional y del imperio de la ley contra quienes creen que la política es una caja chica de privilegios a repartir entre amigos.
Que nadie se engañe: esta no es una interna más. Es una lucha por recuperar la mínima decencia institucional en una arena donde la conducta pública debería ser ejemplar, no funcional a los atajos y a las trampas legalistas como ha sido hasta ahora. Y si quienes deben controlar no hacen su trabajo, entonces el control lo haremos los ciudadanos. Porque en un Distrito sano, o en uno que aspira a dejar de ser un manicomio, la ética no puede quedar en letra muerta ni en pantallas de humo.
Hay una nueva composición del Concejo Deliberante y la nueva configuración, aún con el lastre de algunos concejales que continúan del estadio anterior, tiene la posibilidad de hacer las cosas bien. ¿Querrá hacerlo? ¿Lo hará? ¿O será que la tentación de seguir jugando con las reglas según la conveniencia del momento es demasiado fuerte?
La pelota, como dicen, está en su cancha. Y los zarateños, desde la tribuna, estamos mirando. Con atención. Con bronca. Y cada vez con menos paciencia. ⚖️🔥
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

2 comentarios
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