Un tuit, una alianza vergonzosa y una banca que sobra
El miércoles pasado pasó algo que, en cualquier municipio mínimamente serio, sería un escándalo. Acá en Zárate, en cambio, pasó como si nada.
El concejal Ignacio Olivera, con su habitual solemnidad impostada, se despachó en la red social X con una frase que da vergüenza ajena: ‘Es hora de terminar con el populismo en la Provincia de Buenos Aires.’
Listo. Un tuit. Cortito. Contundente. Y también completamente ridículo.
Lo que más preocupa no es la incapacidad sintáctica (que abunda) ni el error político (que es grande), ni siquiera la ignorancia (que es mayúscula), sino la liviandad con la que algunos hablan de lo que no entienden, como si el hecho de tener una banca los habilitara a opinar de todo sin el menor esfuerzo por estudiar o informarse.
Pero bueno, así estamos.
Cuando se habla por hablar (y se ‘milita’ sin pensar)
Decir ‘populismo’ parece haberse convertido en el comodín perfecto para todo lo que no les gusta. Es como el “coco” del discurso político de cierta derecha: lo agitan para meter miedo, para quedar bien con sus jefes o para sentirse un poco más cultos de lo que son.
Olivera, lamentablemente, es de esos que hablan con tono grave pero sin contenido. Repite frases como si las hubiese leído en sobrecitos de azúcar del Plaza Café. Las suelta con convicción, eso sí. Pero sin la más mínima comprensión de lo que está diciendo.
Y esto no es una crítica vacía. Es una descripción honesta. Porque el populismo, guste o no, es uno de los temas más complejos y debatidos en la ciencia política actual, y requiere algo más que un tuit para entenderlo. Algo más, por ejemplo, que un cartelito con la cara de Milei y la palabra ‘casta’ pegada con cinta scotch.
Populismo: esa palabra que usan cuando no se animan a decir ‘peronismo’
La verdad es que lo que Olivera quiere decir es otra cosa. Él no quiere ‘terminar con el populismo’. Quiere terminar con el peronismo. Solo que no lo dice así porque en Zárate eso suena feo, incómodo, políticamente incorrecto. Entonces elige el atajo cobarde del eufemismo. ‘Populismo’ suena más técnico, más sofisticado. Aunque no tenga la menor idea de qué significa.
Y es curioso, porque mientras lanza esa frase con tono de estadista, participa de una alianza con Javier Milei, que es probablemente el populista más furioso, agresivo, radical y destructivo que haya pasado por la Casa Rosada. ¿No se da cuenta de la contradicción? ¿O es que se da cuenta y le da lo mismo?
La alianza entre el PRO y La Libertad Avanza en la Provincia fue, en los hechos, una rendición del PRO con moño y sin dignidad. Una entrega completa para conservar los pocos lugares que todavía tienen en los municipios. No hay otra manera de decirlo: se arrodillaron para que no los echen. Y Olivera fue de los primeros en aplaudir.
¿Qué corno es el populismo? Spoiler: no es lo que Olivera cree
Para ponerlo en palabras simples: el populismo no es ni bueno ni malo en sí mismo. Tampoco es una ideología en sentido estricto, como el socialismo o el liberalismo. Es una forma de hacer política. Un estilo. Una lógica de construcción del poder.
Según Ernesto Laclau, uno de los pensadores más importantes en este tema, el populismo aparece cuando hay muchas demandas sociales que no están siendo escuchadas. Entonces alguien, un líder, construye un relato que las agrupa y dice: ‘Acá está el pueblo. Y allá está la élite que no nos representa.’ Así se forma un ‘nosotros’ y un ‘ellos’. Y empieza el conflicto.
Otros como Cas Mudde o Dani Filc aportan miradas diferentes, pero igual de valiosas. Mudde, por ejemplo, lo llama una ‘ideología delgada’ que divide el mundo en ‘pueblo bueno’ y ‘élite corrupta’, lo cual explica por qué puede combinarse tanto con discursos de izquierda como de derecha. Y Filc agrega que, en contextos donde la democracia está vaciada de contenido, el populismo puede servir para reconectar con sectores excluidos.
Así que no, Olivera. El populismo no es el demonio. Tampoco es sinónimo, solamente, de peronismo. Es una herramienta. Una forma de disputar poder. Y, curiosamente, la misma que está usando Milei para barrer con todo. Justo con quien usted acaba de conformar una alianza.
De hecho usted mismo es parte de un gobierno populista… y dice querer combatir el populismo.
¿Le parece lógico?
Populismo de izquierda, populismo de derecha y populismo de papel glacé
En América Latina tenemos ejemplos de sobra. El populismo de izquierda se vio en Chávez, Evo Morales, los Kirchner, con discursos antiélite, políticas de inclusión y un fuerte rol del Estado.
El populismo de derecha, en cambio, es el que vemos en Trump, Bolsonaro y Milei: identidad nacionalista, discurso del odio, enemigos internos, mano dura, religiosidad rancia y un desprecio casi teatral por las instituciones.
Y en Argentina, como si fuera poco, los mezclamos a todos. Un poco de Perón, un poco de Menem, un poco de Cristina, un poco de Milei… y listo. Populismo a la criolla. Versión full combo.
Zárate: donde el populismo libertario se disfraza de gestión
En Zárate no hay grandes líderes populares, ni masas en las calles, ni épica revolucionaria. Lo que hay es un gobierno municipal que hace populismo de planilla de Excel, disfrazando la incompetencia con marketing y el autoritarismo con promesas vacías.
Y ahí está Olivera, siempre dispuesto a bancar todo lo que diga Matzkin. Aunque no lo entienda. Aunque sea ilegal. Aunque sea absurdo. Aunque perjudique a sus propios vecinos.
Porque Olivera no es un concejal. Es un empleado político con asiento en el recinto. Un yesman con cuenta de X.
No hay una sola ordenanza enviada por el Ejecutivo que haya cuestionado. No hay una sola rendición de cuentas que haya leído. No hay un solo expediente dudoso que haya investigado. Ni una vez se lo escuchó levantar la voz contra una decisión del Intendente.
Y la lista de silencios es larga:
- El caso KAVOS S.A.
- Las bonificaciones ilegales a funcionarios amigos
- Las licitaciones exprés
- El reparto arbitrario de subsidios post-inundación
- Las ausencias pagas de concejales
- La intervención política de las sociedades de fomento
En todos esos temas, Olivera se llamó a silencio. O, peor aún, levantó la mano como buen soldado del oficialismo.
Conclusión: cuando no sabés, mejor callate (o al menos preguntá)
Ser concejal no es repetir frases con cara de póker. No es tuitear slogans vacíos. No es firmar alianzas sin pensar.
Ser concejal es estudiar, pensar, representar, controlar y fundamentalmente TRABAJAR. Es estar del lado de la gente, no del poder.
Y la verdad es que Olivera no cumple ninguna de esas funciones. Es el típico ‘dirigente’ que confunde obediencia debida con lealtad, alineamiento con identidad y silencio con madurez.
Por eso, antes de hablar de populismo, lea, señor concejal. Lea a Laclau, a Mudde, a Filc. O al menos, no repita como loro frases que no comprende.
Y si no puede hacer eso, como bien decía Serrat: la llengua al cul.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
