Se puede decir de muchas maneras, pero quizás una de las más claras es la del título de este artículo, hay que dejar de hacerse los boludos y asumir las responsabilidades de los hechos que derivaron en el atentado contra Cristina Fernández el pasado jueves por la noche.
¿Este hecho es consecuencia del clima de crispación social y política que vive Argentina desde ya hace bastante tiempo? En mi opinión no, no tiene relación, pero el accionar de Sabag Montiel desnudó las cosas que pueden llegar a ocurrir de continuar por esta senda.
No es nueva la crispación política en la Argentina. Llevamos décadas excluyendo a quien piensa diferente y cuestionando a quien busca consensos con quien piensa diferente.
En nuestro país siempre es a todo o nada. Siempre el juego es de suma cero. Siempre se gana o se pierde. Nunca se piensa en acuerdos en donde todos ganen algo.
Cierto es que, afortunadamente, no se vive en Argentina el nivel de violencia política que supo conocer el país cuatro décadas atrás, pero eso no nos tiene que conformar. Como decía mi bisabuela, siempre hay un roto para un descosido.
La realidad es que gran parte de la dirigencia política nacional contribuyó al ‘discurso del odio’, a llevar la disputa política a niveles de antagonismo tan agudos de los que hoy parecen querer arrepentirse… solo algunos.
¿Cómo explicar si no cuando en el oficialismo se lo tildaba de tibio a Alberto Fernández y se le reclamaba más actitud a la hora de enfrentar a la oposición?
¿Cómo explicar entonces la lucha entre ‘halcones’ y ‘palomas’ en la oposición cuando dichos títulos estaban determinados en función de la relación para con él gobierno?
Casi todos en mayor o menor medida colaboraron para llegar hasta aquí, y tienen que dejar de hacerse los boludos y asumir la cuota de responsabilidad personal.
Tiempo aparecieron afiches intimidatorios en Rosario con la imagen de los entonces ministros Bergman y Bullrich.

Y antes había sido el propio Presidente de la República el protagonista de una imagen similar.
O los periodistas que no eran del agrado de los manifestantes.
Y tras la pandemia la actual Vicepresidente recibió también afiches anónimos en la misma línea.

O las bolsas que, simulando sacos mortuorios, colgaron en la reja de la Casa de Gobierno tras una marcha opositora.

O la guillotina como ejemplo de ‘solución a la francesa’ para el cambio gubernamental.

Estos son solo algunos ejemplos de los errores cometidos que no tuvieron el rechazo lo suficientemente fuerte de todo el arco político, todo, para que quedaran claros cuáles son los límites de lo que está bien y lo que está mal. Y gran parte de la dirigencia política, por acción u omisión, fue cómplice de su existencia y de su no erradicación, incluso algunos dirigentes fogonearon el repudiable accionar con mensajes en las redes sociales.
Estas imágenes solo llevaban a la gráfica discursos plagados de intolerancias y negaciones del adversario. La schmittiana lógica amigo-enemigo ha impregnado la política argentina y caló tan hondo que incluso el Presidente de la República en su discurso por cadena nacional, cuando dice buscar la concordia, lanza acusaciones en ese sentido. Pero también es la lógica de funcionamiento que adoptó parte de la oposición, quien no puede desentenderse de la cuestión.
Nadie pensó que podía pasar lo del jueves, pero pocos hicieron algo para que no ocurriera lo del jueves.
Hoy todos buscan encontrar responsabilidad en el otro. Hoy todos buscan desligarse de asumir sus propias responsabilidades. Pero son muy pocos los que logran resistir un archivo.
Todos podemos equivocarnos y tenemos el derecho de disculparnos, enmendar el error, y rectificar nuestro accionar, pero para ello hay que reconocer previamente haber cometido un error.
Hoy nadie se hace cargo de su contribución a la situación actual.
Y así como muchos creían que ‘de la pandemia salíamos más buenos’ y el tiempo demostró lo lejos que estamos de ello, muchos creen que ‘los repudios al intento de atentado contra Cristina Fernández comienza a cerrar la grieta’ pero también lejos estamos de ello.
¿Los mejores ejemplos? Los legisladores que no participaron de la sesión de ayer en la Cámara de Diputados, entre ellos Máximo Kirchner, o el accionar de la bancada del PRO retirándose del recinto y negando el debate. Afirmó Ritondo que ‘luego de votar la resolución y habiéndose cumplido el motivo de la convocatoria nos retiraremos del recinto’, como si la responsabilidad de los diputados fuera solo votar.
Claro está que a diferencia del funcionamiento normal del parlamento en el tratamiento de un proyecto, donde primero se debate y luego se vota, en esta oportunidad se invirtió el orden por temor a que algún discurso fuera de lugar pusiera en cuestionamiento la votación, exhibiendo lo que subyace por debajo de lo que se muestra.
El Partido Justicialista de Zárate, presidido por el Presidente del Concejo Deliberante Leandro Matilla pide ‘DEJEN DE INCITAR AL ODIO’ y afirma que el atentado contra Cristina Fernández ‘es el resultado del odio que día a día infectan a nuestra sociedad los medios de comunicación, una dirigencia política opositora que se llena la boca hablando de paz social y solo incitan a la violencia utilizando una justicia corrupta como aparato de persecución. Y fuerzas de seguridad que actúan como grupos de tareas’. Castos y puros los justicialistas zarateños pueden señalar quién es quién. Impresentables.
Hoy todos miran la realidad con ‘cara de perro que volteó la olla’ y nadie se hace cargo de haber corrido la línea para llegar donde llegamos.
¿Tendrán las grandeza de hacerse cargo y cambiar? Nada augura que así sea.
Los hechos del pasado jueves en la puerta de la casa de Cristina Fernández demostraron que incluso lo imposible es posible.
Es momento de dejar de hacerse los boludos, asumir los errores cometidos, dejar de cometerlos y corregir. En el barco estamos todos, y si el barco choca nos accidentamos todos.
Esperemos que la dirigencia esté a la altura de las circunstancias.



