Una vieja historia repetida en internet una y otra vez acerca de la formulación enuncia que ‘Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula, en cuyo centro colocaron una escalera y, sobre ella, un montón de bananas. Cuando uno de los monos subía la escalera para agarrar las bananas los científicos lanzaban un chorro de agua fría sobre los que se quedaban en el suelo. Pasado algún tiempo, los monos aprendieron la relación entre la escalera y el agua, de modo que cuando un mono iba a subir la escalera, los otros lo molían a palos. Después de haberse repetido varias veces la experiencia, ningún mono osaba subir la escalera, a pesar de la tentación de las bananas. Entonces, los científicos sustituyeron a uno de los monos por otro nuevo. Lo primero que hizo el mono novato nada más ver las bananas fue subir la escalera. Los otros, rápidamente, lo bajaron y le pegaron antes de que saliera el agua fría sobre ellos. Después de algunas palizas, el nuevo integrante del grupo nunca más subió por la escalera. Un segundo mono fue sustituido, y ocurrió lo mismo con el que entró en su lugar. El primer sustituido participó con especial entusiasmo en la paliza al nuevo. Un tercero fue cambiado, y se repitió el suceso. El cuarto, y finalmente el quinto de los monos originales fueron sustituidos también por otros nuevos. Los científicos se quedaron con un grupo de cinco monos que, a pesar de no haber recibido nunca una ducha de agua fría, continuaban golpeando a aquél que intentaba llegar hasta las bananas. Si fuera posible preguntar a alguno de ellos por qué pegaban con tanto ímpetu al que subía por las bananas, con certeza la respuesta sería: No lo sé. Aquí, las cosas siempre se han hecho así’.
Ahora bien, ese texto en sí mismo es la propia construcción de un paradigma, porque es un estudio que nunca se realizó pero que de tanto repetir y repetir termina asumiéndose como verdad y no se pone en duda su veracidad, al fin de cuentas ‘Aquí, las cosas siempre se han hecho así’.
Algo por el estilo ocurre en el Municipio de Zárate respecto a la cuestión del tiempo pleno.
Año a año se repite el mismo artículo en la Ordenanza Complementaria que se vota junto al Presupuesto, y allí se dice ‘El Personal Superior y Jerárquico de la Municipalidad permanente y/o temporario (Asesores, Secretarios, Subsecretarios, Directores Generales Directores, Jefes de Dpto., Jefes de División, Contador Municipal, Sub Contador Municipal, Tesorero Municipal, Subtesorero Municipal, Director de Compras, Director General de Ingresos Públicos), podrán percibir una bonificación de carácter mensual por Tiempo Pleno de hasta el 60% de su respectivo sueldo básico. La aludida bonificación será la que determine el Departamento Ejecutivo mensualmente.’
El origen es, supuestamente, el Decreto 366/86. Sí, como si nada hubiera cambiado en la administración pública zarateña, se recurre a un Decreto de hace 35 años para determinar el pago de un extra a los empleados de acuerdo al criterio del Intendente Municipal que, como si fuera el patrón de estancia en tiempos inmemoriales, y no tanto, da y quita de acuerdo a su voluntad.
Poco transparente. Poco democrático. Una medida que sirve para apretar a los empleados díscolos y alinear expectativas de comportamiento, si no hacés caso no cobrás, pero además una forma de fraudulentar el salario de los cargos jerárquicos de administración municipal, porque son ellos y solo ellos quienes acceden a este beneficio.
Y el criterio nunca se expone el porqué de la disparidad del porcentual de lo que recibe cada uno por ‘tiempo pleno’, ni siquiera el porqué de la variación intermensual en cada beneficiario.
Se construyó el paradigma y se repite mes a mes, año a año, durante 35 años. Los decretos son exactamente iguales… solo cambian en quiénes son las personas a las que se les paga este ‘tiempo pleno’, que nadie puede explicar en qué consiste, y en el porcentual que se le abona a cada uno, con cantidades sumamente dudosas acerca del respaldo científico que justifica tal porcentual.
En la primera mitad de 2020 se pagó de enero a mayo, cuando fue reemplazado por la Bonificación de COVID-19 para no pagar ganancias, con la excepción de Rosana Núñez que fue la única que cobró tiempo pleno en Julio, para lo cual Osvaldo Cáffaro y Florencia Diez firmaron el Decreto N° 433.
El repaso de los listados y los montos son más que sospechosos, veamos algunos ejemplos.
Para enero los montos los asignó supuestamente Ariel Ríos a través del Decreto N° 55, y tiene, entre otras particularidades, que no figuran los Secretarios del Departamento Ejecutivo entre los beneficiarios de la dádiva del Intendente putativo.
Si bien la Ordenanza Complementaria establece un tope del ‘60% de su respectivo sueldo básico’, a Néstor Gerlo se le asignó el 61,27% y a Aldo Morino el 70,27%. Desconocemos el porqué de cada asignación porque el Decreto no incluye la fundamentación de la asignación, pero ¿En el caso de Morino tendrá que ver con su firma como Secretario sin serlo en una Secretaría que no existía con un Intendente que estaba en uso de licencia? Raro, raro.
Cambiamos de mes, en febrero, ya fue Osvaldo Cáffaro quien realizó la asignación correspondiente, más drástica y menos detallista que la que había realizado su fiel ladero, e incluyó a los Secretarios del Ejecutivo. Ya no asignaciones mayores al 60%, pero curiosamente Guillermo Comínguez, Mariana Conturbi, Laura Fangio, José María Fernández, Néstor Gerlo, Alejandra Lozano, Aldo Morino, Ignacio Ramírez y José Luis Silvestrín aparecen dos veces en el listado. ¿Cobraron por duplicado? ¿O los inútiles son los que redactan y firman los decretos y los encargados de las liquidaciones corrigieron el error? Raro, raro.
Además, este Decreto le asignó un plus a Silvina Schmeigel, quien en enero había sido bendecida con un 30% de ‘Tiempo Pleno’ y en febrero Cáffaro decreta que le corresponde un 5% extra.
Y marzo también trajo lo suyo, puesto que fue el mes de 2020 en el que más empleados municipales cobraron el ‘tiempo pleno’ al 60%, puesto que fueron ocho las personas que recibieron la ‘gracia divina’, Juan Francisco Álvarez, Nair Badaracco, Matías Enz, Néstor García, Marcelo Heiz, Rosana Nuñez, Gastón Otero y Guillermo Sokol aparecen como tal en el Decreto N° 222 que, curiosamente, se firmó el 19 de marzo. Marzo fue, además, el mes que más beneficiarios tuvo en el primer trimestre del año.
En Abril, curiosamente, ningún agente cobró 60% de tiempo pleno y la asignación, siempre sin fundamento y librada al buen parecer del Intendente fue, al menos, un poco más prolija. No hay casos duplicados, no hay quien esté por encima de los límites fijados en la Ordenanza Complementaria. El Decreto N° 276 parece estar bien formulado, lo cual constituye todo un caso inédito.
Pero malacostumbrados como están a hacer las cosas bien, no podían fallar e hicieron una mal en abril en relación al tiempo pleno, porque el 30 de abril el Intendente Osvaldo Cáffaro firma el Decreto N° 292 por el que Antonela Bettili Aversano y Gala Garrido González reciban un ‘ajuste de la Bonificación por “Tiempo Pleno” correspondiente al mes de Marzo de 2020’ del 20%… que es lo que ya habían recibido en aquel mes, es decir, le otorgan lo que supuestamente ya le habían pagado. Raro, raro.
Y por si todo esto fuera poco, Mayo también tiene sus particularidades, pero con una especial, porque trae la frutilla del postre. En mayo el Intendente Municipal decidió otorgarle un 35% de bonificación de tiempo pleno a Marcelo Heiz, quien había ‘pedido licencia’ tras haber sido denunciado por acoso sexual, pero de ello hablaremos próximamente en un artículo especial.
El Decreto N° 320 del 22 de mayo asignó bonificación a la mayor cantidad de empleados hasta entonces, 206 personas fueron agraciadas por la magnanimidad caffarista… con plata ajena.
El paradigma del tiempo pleno viene de 35 años atrás. Como la supuesta construcción del paradigma de los monos, aquí fueron cambiando los intendentes y todo se siguió haciendo de la misma manera porque siempre fue así.
¿Por qué no blanquear la situación y reconocer los sueldos de los empleados municipales y terminar con la discrecionalidad del intendente que le permite, y lo hace, premiar y castigar funcionarios de acuerdo a su voluntad o humor?
¿Por qué no empezamos a cambiar las cosas y dejamos de hacerlas tal como se hacen porque ‘Aquí, las cosas siempre se han hecho así’?






















4 comentarios
Pingback: ¿Cuánto le cuestan sus gobernantes a los zarateños? – Príncipe del manicomio
Pingback: ¿Siempre se vuelve al primer amor? – Príncipe del manicomio
Pingback: Cuando la excepción es la norma – Príncipe del manicomio
Pingback: El Concejo Deliberante huele a podrido – Príncipe del manicomio