Días atrás la Ministra de Educación de la Ciudad de Buenos Aires afirmó que ‘La raíz de lo sobreideologizado y de la militancia política en las aulas está en la formación docente. La raíz está en cómo enseñamos qué es un docente, la raíz está en lo que se define como perfil de un docente en un instituto de formación docente. Por eso yo insisto en que la gran discusión tiene que ser cómo enseñamos a enseñar, porque un docente que aprende bien sabe que lo que tiene que hacer es enseñar a pensar, no decirles a los chicos qué pensar’.
El problema, en mi opinión, difiere a la crítica general respecto a la formación docente o a la forma de enseñar, puesto que en mi opinión, la raíz del problema radica en el concepto de sobreideologización que utiliza la Ministra.
¿Qué es la sobreideologización? La Ministra lo deja muy en claro, en su opinión ‘La izquierda tomó una fuerza muy grande’. Reformulando la frase de la ministra, la raíz del problema es la fuerza de la izquierda, porque la ministra ve en eso algo malo.
Y pretende establecer que el problema es la ideología, cuando en realidad el planteo de críticar la ideología es una ideología en sí misma. Lo que le molesta a la ministra es que la ideología con mayor raigambre sea una ideología diferente a la propia.
Es como cuando se plantea que uno es apolítico, lo cual en sí mismo es una posición política. En todo caso lo que se puede ser es apartidario, como es mi caso, que no adhiero a ningún partido en particular, pero es imposible ser apolítico porque todas las decisiones que tomamos en la vida son políticas, desde dónde compramos a, por ejemplo, respetar o no respetar los protocolos vigentes para el combate del COVID-19.
Y ese accionar político se toma desde una ideología determinada. Y lo mismo ocurre en términos educativos.
El hablar del descubrimiento de América para el 12 de octubre es un posicionamiento ideológico, y el reemplazarlo por una discusión sobre la diversidad cultural también lo es. Y el debate ideológico no debe preocupar a nadie, puesto que la ideología atraviesa toda nuestra vida social.
Es ideológico el establecimiento de los planes de estudio, la selección de los autores a estudiar, la forma en la cual se los estudia, todo es ideológico, y nadie se preocupaba por ello porque se coincidía con la propuesta de visión del mundo, el problema surge cuando la visión de la realidad ya no coincide con la propia.
Pero a nadie debe preocupar eso, a nadie debe asustar el debate político en torno a qué discutir y cómo discutirlo. El problema en realidad es cuando se pretende impulsar el pensamiento único, el debate de idea debe ser bienvenido y estimulado.
Y nunca hay sobreideologización, solo se puede pensar así cuando lo que en realidad se pretende es la negación de la ideología, caracterizándola como algo malo, pretendiendo dar lugar a una supuesta ‘asepsia tecnocrática’ que es también, en sí misma, una postura ideológica.
El negar el rol político de ciertos personajes históricos, el presentar a los héroes nacionales como impolutos, el morigerar la historia de acuerdo al pensamiento propio también es lo que la Ministra caracteriza como sobreideologización, y nada dijo al respecto.
Bien decía Lito Nebbia que ‘Si la historia la escriben los que ganan, eso quiere decir que hay otra historia’, sería momento que la comience a escuchar, Ministra.
