Una señal estructural que la oposición todavía no aprendió a leer
Por décadas, la ciencia política latinoamericana subestimó sistemáticamente un factor que, en la práctica, suele decidir
El origen: Milei ganó a pesar de las mujeres, no gracias a ellas
Antes de analizar el derrumbe, conviene recordar el punto de partida. Antes de las elecciones generales de octubre de 2023, el Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA relevó que apenas el 22,6% de las mujeres apoyaba a Milei, contra el 43,3% de los hombres. En las encuestas previas al ballotage, estudios de Analogías mostraban que el 44,6% de las mujeres prefería a Massa, mientras que solo el 39,7% optaba por el candidato libertario. Los propios estrategas de La Libertad Avanza reconocían que su electorado era 60% masculino y 40% femenino.
Milei ganó igual. Lo hizo gracias al desplome del kirchnerismo, al traslado masivo del voto de JxC y a un contexto de indignación económica que arrasó diferencias. Pero ganó con las mujeres en contra, y eso, en política, tiene consecuencias que se cobran tarde o temprano.
El derrumbe: dos años de motosierra con perspectiva de género
Lo que vino después no sorprendió a quienes leyeron bien los números previos. El informe del 8M de Zuban Córdoba, realizado en febrero de 2026 sobre 1.500 casos, arrojó que el 51,6% de las mujeres considera que la violencia de género aumentó desde que Milei gobierna. La preocupación por el desempleo es mayor entre mujeres (25,8%) que entre hombres (19,4%), lo cual habla de una percepción concreta de vulnerabilidad, no de sensibilidad abstracta.
Ahora, el informe nacional de mayo de 2026 consolida ese 
La lección chilena que nadie quiere estudiar
Existe una experiencia histórica en América Latina que ilustra con nitidez el peso político de las mujeres cuando se movilizan con convicción. En Chile, entre 1970 y 1973, el gobierno de Salvador Allende y la Unidad Popular lo aprendieron de la manera más dolorosa. Mientras el proyecto de transformación social de la UP crecía en los barrios populares, donde el apoyo femenino al gobierno aumentó hasta un 10% en algunas comunas entre 1970 y 1973, la derecha organizada en el movimiento ‘Poder Femenino’ trabajó a partir de la politización de las mujeres en el hogar.
Las cacerolas del otoño de 1972 no fueron espontáneas. Fueron el resultado de una estrategia deliberada que convocó a mujeres de sectores medios y altos para oponerse al gobierno popular. El resultado es conocido. Lo que importa subrayar aquí no es la dirección política de aquella movilización, sino su potencia: cuando las mujeres se convencen de algo, lo transmiten, lo sostienen y lo traducen en votos. Cambian conversaciones de mesa familiar. Inclinan indecisos. Sostienen o erosionan apoyos que las encuestas no siempre capturan a tiempo.
Lo que los números no dicen, pero la política necesita escuchar
Hay algo que los cuadros de Zuban Córdoba no pueden medir del todo: el peso de la opinión femenina en la dinámica interna de los hogares. Décadas de investigación en comunicación política, desde las primeras encuestas de Lazarsfeld en los años 40 hasta los estudios más recientes, muestran que la decisión de voto individual rara vez se toma en soledad. En los hogares argentinos, como en cualquier otro, las conversaciones políticas ocurren en la cocina, en la cena, en el viaje al colegio. Y en esos espacios, la opinión de las mujeres tiene un peso específico que excede a su propio sufragio.
La oportunidad que se dilapida mientras miramos para otro lado

El costo de esa demora no es abstracto. Los propios analistas advierten una paradoja: la mayoría quiere un cambio, pero no tiene clara una alternativa confiable. Ese vacío tiene consecuencias: deja que el oficialismo se reagrupe, que el descontento se disipe en fragmentación, que el 40% de votantes defraudados migre hacia la abstención en lugar de hacia una opción superadora.
Las mujeres argentinas ya se pronunciaron. Lo hicieron con sus respuestas a los encuestadores, con su distancia creciente de un gobierno que cerró el Ministerio de las Mujeres, que niega la brecha de género, que recortó programas sociales que ellas usaban, que les dijo, con todas las letras, que sus problemas no eran del Estado. Ahora le corresponde a la dirigencia opositora la pregunta incómoda: ¿qué tiene para ofrecer a cambio?
El 70% de las mujeres argentinas hoy le da la espalda a Milei. ¿Quién las convocará a construir la Argentina que viene?
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
