Hace 50 años, los argentinos nos sumergíamos en la noche más larga y oscura de nuestra historia. No fue un trueno que vino del cielo. Fue un golpe planificado, aplaudido y financiado. El 24 de marzo de 1976, las Fuerzas Armadas comandadas por Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti, con el aval entusiasta de buena parte del empresariado nacional e internacional, la cúpula de la Iglesia Católica y amplios sectores de los llamados ‘argentinos de bien’, detenían a la entonces presidente María Estela Martínez e instauraban lo que ellos mismos bautizaron como el Proceso de Reorganización Nacional.
Reorganización. Menuda palabra para nombrar el terror, porque efectivamente lo implementó, tal como quedó probado en el Juicio a las Juntas Militares, lo que se instauró fue un plan sistemático de desaparición de personas para reorganizar la sociedad argentina, desapareciendo a muchos de quienes ‘molestaban’ y disciplinando a la mayoría de quienes ‘quedaron’.
El ‘proceso’ que pisoteó la Constitución… y se lo anotó en el Estatuto
Porque sí: esa Junta que tanto habló de orden, disciplina y valores occidentales y cristianos, no tardó ni un suspiro en colocar por encima de la Constitución Nacional su propio Estatuto del Proceso. Elocuente. Los mismos que venían a ‘salvar’ a la República fueron los primeros en patearla.
Lo que vino después es por todos conocido, aunque algunos hoy se esfuercen notablemente en olvidarlo o relativizarlo. Para quienes tengan dudas, o quieran refrescar la memoria antes de seguir escribiendo en redes sociales, les recomendamos releer la carta que Rodolfo Walsh escribiera hace 49 años, en la que expuso con precisión quirúrgica el accionar del terrorismo de Estado. Está acá, guardadita, esperando lectores. Y para quienes prefieran los hechos fríos y contrastables antes que la denuncia política, el Juicio a las Juntas Militares dejó todo documentado. No hay zona gris. No hay ‘versiones’. Hay sentencias.
Delincuentes con uniforme 🎖️
Llamémoslos por lo que fueron: un grupo de delincuentes que se alzaron contra la ley y la democracia imperante en el país para imponer por las botas lo que nunca lograrían por los votos. Instalaron un modelo económico, apertura indiscriminada, deuda, achicamiento del Estado, destrucción del tejido productivo, que generó una de las redistribuciones de riqueza más regresivas de la historia argentina. Y lo hicieron con 30.000 desaparecidos como precio. Un precio que pagaron otros, claro. Ellos cobraron.
La ironía, si se puede llamar ironía a algo tan sórdido, es que ese mismo modelo económico, 50 años después, vuelve a estar en boga. Con otro ropaje, con otros eufemismos, con motosierra en vez de bayoneta. Esta vez, eso sí, con urnas de por medio y con una porción considerable de la sociedad aplaudiéndolo. Al menos por ahora. 🤷
Reescribir la historia: el deporte de moda 📖❌
Y es que vivimos tiempos particularmente aciagos. Tiempos en los que se pretende reescribir la historia con la misma frescura con que se borra el pizarrón. Tiempos en que funcionarios del Estado, del Estado argentino, el mismo que juzgó a las Juntas, pretenden reescribir la historia relativizando los crímenes de lesa humanidad, poniendo en duda el número de víctimas y, en el colmo del cinismo, presentan a los victimarios como víctimas. No es distracción ni ignorancia: es política. Es un proyecto.
Frente a eso, no alcanza con el silencio cómplice ni con el ‘a mí no me metás en eso’. Es necesario que todos alcemos la voz para decir Nunca Más. No una vez al año, no solo el 24 de marzo, sino cada vez que alguien relativice, cada vez que alguien equipare, cada vez que alguien proponga ‘cerrar la grieta’ a costa de enterrar la verdad.
Las consecuencias no prescriben
Las consecuencias de aquella noche, económicas, sociales, culturales, las seguimos pagando. Y las pagaremos muchos más que en los próximos 50 años, si no hacemos lo que hay que hacer: recordar, educarnos, exigir. Porque la memoria no es un capricho de nostálgicos ni una bandera partidaria. Es una herramienta política en el sentido más noble del término: sirve para que lo que pasó no vuelva a pasar.
Porque como dijera Mario Benedetti, el olvido está lleno de memoria.
Por eso hoy, como cada 24 de marzo, como cada día que haga falta, corresponde alzar bien alto la voz y gritar bien fuerte:
✊ Memoria ✊ Verdad ✊ Justicia
✊ 30.000 detenidos desaparecidos ¡PRESENTES!
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
