Ayer se celebró el Día Internacional contra la Homofobia, la Bifobia y la Transfobia. Es imprescindible que no pase como un día más… porque no es un día más.
Es una lucha que se debe dar todos los días porque aunque muchos lo nieguen y otros lo oculten, incluso tras el discurso ‘políticamente correcto’ de muchos, el odio al diferente está muy arraigado en la sociedad.
Uno de los ejemplos más claros y concretos ocurrió días atrás cuando fue consultado el vocero presidencial Manuel Adorni en su conferencia diaria respecto al lesbicidio ocurrido días atrás en el barrio de Barracas, el vocero respondió ‘no me gusta definirlo como un atentado a determinado colectivo’.
¿Qué fue entonces si no un lesbicidio? ¿No las mataron por ser lesbianas? Deberá confirmarlo la Justicia, pero si las hostigaban por lesbianas, sufrían agresiones por lesbianas, las amenazaban por lesbianas… no hay dudas que fueron asesinadas por lesbianas.
Y sin embargo el Gobierno nacional eligió mirar para el costado y negar la realidad, la misma decisión que tomaron los grandes medios de comunicación que ignoraron o trataron de manera sucinta la cuestión.
Sin embargo es necesario ponerlo en el centro de la escena, porque los discursos de odio crecen y crecen, poco a poco y la mayoría de las veces de manera silenciosa, por lo que es preciso y acuciante llamar a las cosas por su nombre, para garantizar que esto no vuelva a ocurrir y esto es una responsabilidad de toda la sociedad y, fundamentalmente, del Estado.
Si se asesina a cuatro lesbianas por ser lesbianas es un lesbicidio, y Manuel Adorni tiene que llamarlo así aunque a él no le ‘gusta definirlo como un atentado a determinado colectivo’. Si es un atentado contra un determinado colectivo tiene que definirse como un atentado a ese colectivo… y a todos.
Porque muchas veces no tomamos conciencia real de lo que ocurre e incluso muchos de nosotros, y me pongo primero en la fila, naturalizamos ciertas situaciones porque no somos víctimas directas de lo ocurrido.
Es momento de decir basta.
Como le dijera Guevara a sus hijos, tenemos que ser ‘capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo’, y si no logramos hacerlo por humanismo, por empatía, por ponerse en el lugar del otro, hagámoslo por conveniencia.
Durante la semana santa de 1946, Martin Niemöller pronunció el siguiente sermón en Kaiserslautern (Alemania).
‘Cuando los nazis vinieron a buscar a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista.
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata.
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista.
Cuando vinieron a buscar a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío.
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.’
Es necesario que alcemos la voz y nos pongamos en acción. No podemos esperar más.
Basta de discursos de odio como el de Nicolás Márquez, quien no solo es el biógrafo presidencial sino que duerme en la Quinta de Olivos a costa de todos los argentinos.
Basta de violencia, verbal, implícita y explícita.
Hagámoslo por convencimiento o por conveniencia.
Pero hagámoslo ya.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

1 comentario
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