El pasado domingo hubo elecciones en Italia y, producto del sistema electoral italiano, el reparto de bancas fue sumamente diferente al porcentual de votos obtenidos en las urnas, producto de una legislación que ante un sistema político sumamente inestable, privilegia a quien gana para que tenga posibilidad de construir un Ejecutivo fuerte y poder gobernar.
Los resultados y el reparto de bancas fue el siguiente:
| % votos | Bancas Diputados | % bancas Diputados | Bancas Senado | % bancas Senado | |
| Fratelli d’Italia | 26% | 119 | 31,9% | 65 | 34,4% |
| Partito Democratico – Italia Democratica e Progressista | 19% | 69 | 18,5% | 40 | 21,2% |
| Movimento 5 Stelle | 15% | 66 | 17,7% | 30 | 15,9% |
| Lega per Salvini Premier | 9% | 52 | 13,9% | 28 | 14,8% |
| Forza Italia | 7% | 46 | 12,3% | 18 | 9,5% |
| Azione – Italia Viva | 8% | 21 | 5,6% | 8 | 4,2% |
| Otros | 16% | 0 | 0,0% | 0 | 0,0% |
Esto implica que la centroderecha, con el 42% de los sufragios emitidos en una elección en la que hubo más de un 36% de abstención, se alza con el 58% de las bancas de la Cámara de Diputados y el 59% de las bancas del Senado posibilitando que la líder de Fratelli d’Italia, Giorgia Meloni, sea quien cuente con las mayores posibilidades de conformar gobierno cuando el Presidente de la República se lo encomiende.
El triunfo de Fratelli fue amplio y en todo el país, con excepción de ciertas partes del sur de la península, donde quien se alzó con el triunfo fue el Movimento 5 Stelle, sin embargo a esta fuerza no le alcanzó ni siquiera para llegar al segundo lugar.
¿Qué se puede esperar de un gobierno liderado por Meloni? La implementación de políticas duras cercanas al fascismo, que niegan la multiculturalidad, el disenso, y el avance en detrimento de ciertos derechos.
Sus palabras en un acto de VOX, la fuerza de ultraderecha española, durante la campaña en la Comunidad de Andalucía son una clara hoja de ruta de su pensamiento.
‘No hay mediaciones posibles: o se dice ‘sí’ o se dice ‘no’. Sí a la familia natural, no a los lobbys LGBT [sic], sí a la identidad sexual, no a la ideología de género, sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte, sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista, sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva, sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales, sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas’.
Y de este discurso no pasó tanto tiempo, lo pronunció en junio pasado, luego de la ‘moderación’ de Meloni para intentar ampliar su base de representación de cara a los comicios que se avecinaban.
Sin embargo Meloni no es nueva en la política italiana.
En 4 años, entre las elecciones de 2018 y las del domingo pasado, Fratelli d’Italia pasó de un 4,3% de los votos totales a un 26%, superando incluso sus propias expectativas y liderando una virtual coalición de derecha que también conforman la Lega per Salvini Premier y Forza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, de quien la propia Meloni supo ser Ministra.
Pasó de ‘personaje pintoresco’ a futura Primera Ministra de Italia, la primera en la historia del país. El escaso involucramiento de los italianos en la cosa pública, con los índices de participación más bajos de la historia de postguerra, posibilitaron lo que hasta hace un tiempo se creía imposible.
La línea se fue corriendo poco a poco, como cuando se cocinan las ranas, primero llegó Berlusconi, después la Lega pasó a ser parte del gobierno y hoy solo son actores de reparto de la película de otros.
Esto no augura una ola de ultraderecha mundial, sí hay que tomar nota de la experiencia ajena para aprender de ella… no dejemos que la línea comience a correrse.
Solo resta responder como cantaban algunos italianos en el Metro de Roma, recordando aquella canción antifascista de los partisanos que luchaban contra Benito Mussolini, mentor de Giorgia Meloni.
Ganó Giorgia Meloni, perdió Italia.

