El primer paso para poder construir algo de manera colectiva es que cada uno asuma la cuota parte que le toca, entendiendo que el todo es más que la suma de las partes pero que solo se conforma cuando están todas las partes en él.
Esta es la realidad que deben entender nuestros representantes, el Concejo Deliberante es más que la suma de los concejales, pero todos los ediles deben actuar de manera responsable para que el Concejo funcione. Todos deben entender que se acabó la época en que un sector imponía de prepo su opinión, y que por contar con la titularidad del Departamento Ejecutivo no significa que dicho poder deba trasladarse al Departamento Deliberativa, si así no ocurriera es que no habrán entendido la organización política de una Municipalidad.
Un agravante particular a esta realidad es la falta de proyectos estructurantes que integren a los concejales en agrupaciones políticas, por lo que en un escenario de extrema paridad como el actual, muchos concejales buscan sacar provecho y ‘llevar agua para su molino’ apelando a los monobloques.
Es vergonzoso que en un cuerpo colegiado de veinte integrantes haya 8 bloques, salidos de dos frentes políticos. No puede ser que la sola voluntad de querer armar un bloque baste para poder hacerlo. Se debe aprender de ejemplos en los que ya se ha debatido la cuestión y se ha avanzado en criterios que buscan superar la fragmentación política a la que puede llevar, y ese es el riesgo al que se enfrenta el Concejo Delirante, perdón Deliberante, zarateño. Al inmovilismo, a una situación de bloqueo en la que todos están en condiciones de bloquear a todos y ante la falta de capacidad para encontrar acuerdos marcos, ningún acuerdo se puede ser alcanzado.
Porque lo que está en discusión es algo que, a priori, aparece lejano a los vecinos y así lo quieren presentar muchos, pero es lo que más cerca tienen los ciudadanos. Lo que está en discusión es si respetamos la ley o no.
El Frente de Todos no quiere respetarla, y Juntos que supo acompañarlo de manera cómplice, ahora parece haber reconsiderado su posición.
Como dijera Daniel Osvaldo, que la cuenten como quieran, pero la realidad es esa. Y el fin no justifica los medios, porque es cierto que es necesaria la discusión sobre cuestiones concretas como los problemas de agua, inseguridad, baches, etc., pero hay que tener en claro que esa discusión debe hacerse dentro del marco de reglas del juego claras y respetables, si no se abre la puerta al autoritarismo. Si el fin justifica los medios, como muchos pretenden hacernos creer, que no se gasten, como se gastaron, en abril más de 7 millones y medio de pesos para el funcionamiento del Concejo Deliberante y que ese dinero se utilice, para lo que decida un autócrata, en cuestiones ‘más concretas’.
Quizás haya quienes añoren esas épocas en que eran parte de dictaduras y así procedían, pero en democracia el accionar es otro.
En democracia se respetan las reglas, y si no gustan, se promueve su modificación, pero no se las viola.
Mienten quienes afirman, como Matilla, que ‘estamos con un problema que es la manera por la cual se reemplaza los concejales a medida que piden licencia’. No es cierto. No es un problema la manera de reemplazar a un concejal, está perfectamente establecido en las leyes. Lo que es un problema es la persistencia en violar las normas.
Pretenden generar un problema donde no lo hay. El problema es que no aceptan las reglas del juego democrático de mayorías y minorías. No son mayoría, no pueden imponer su criterio, y eso duele. Quizás tenga que ver con los orígenes partidarios, en las Fuerzas Armadas se obedece, sin cuestionamiento, al General… al Almirante o al Brigadier, quizás no entendieron todavía que el Concejo Deliberante no es un cuartel.
Este es el desafío que está por delante. Aprender a jugar el juego de la democracia, entendiendo que el rompecabezas solo se completa cuando todas las piezas forman parte de él, que no hay ninguna más importante que otra, que todas son necesarias. Y que habrá momentos en que, circunstancialmente, la pieza que termine por armar el rompecabezas vaya variando, y hay que aprender de ello.
¿Lo sabrán jugar? Hasta ahora los hechos demuestran que no.
