Tiempo atrás hablamos de la realidad que se vive en la Clínica Santa Clara, que de Santa tiene poco y de Clara nada, pasó el tiempo y la realidad es que está cada vez más pecadora y oscura.
Hoy la noticia es acerca de los alimentos que se consumen en el interior de la Clínica, las materias primas que las autoridades de la Clínica compran para sus empleados y sus pacientes. Sin pretender entrar en la discusión acerca de las cualidades nutritivas o en la oportunidad temporal para el consumo de determinados alimentos, sí se debe evaluar el mix entre derivados vegetales y animales que conforman el menú del nosocomio.
Consumir harina de maíz en febrero es, cuando menos, difícil de entender, pero mucho más difícil de comprender es que los bolsones de polenta tengan en su interior insectos.
¿Cómo explicar esta realidad?
¿Será que este mix aporta los nutrientes necesarios para tener una mejor recuperación para poder dejar las dependencias de la Clínica Santa Clara? Parece raro. El problema es que nadie controla nada, y entonces vale todo.
Pero no es lo único que debieran explicar las autoridades del nosocomio y quienes contratan a la Clínica para prestar servicios a sus afiliados, c’est a dire, el PAMI. ¿El señor Montenegro conoce esta realidad? Si la conoce, ¿Qué hizo al respecto? Si hizo algo, ¿Por qué la realidad no cambió? ¿O no hizo nada? ¿O ni siquiera conocía la realidad? ¿Habrá una declaración pública?
Y decimos que no es lo único porque hay denuncias que señalan que el CEDA que el Municipio había montado en el ex Hogar de Ancianos está cerrado porque no tiene en su interior el mobiliario que se había comprado de manera indirecta amparado por la emergencia sanitaria votada en el Concejo Deliberante por unanimidad. Puntualmente se señala que algunas de las camas que se habían comprado para atender a pacientes que tuvieran que aislarse por casos positivos de COVID-19, que no tuvieran posibilidades de aislarse en su domicilio, están en la Clínica Santa Clara. ¿Qué puede decir al respecto el Secretario de Salud Marcelo Medina? ¿Qué pueden decir al respecto los concejales zarateños? Para todos ellos, ¿Pueden decir algo de algo? ¿Qué saben del CEDA? ¿Qué saben del mobiliario que estaba en su interior? ¿Qué saben de lo que ocurre en la Clínica Santa Clara? ¿Qué saben de lo ocurre en el sistema de salud zarateño?
Como se ve, la Clínica Santa Clara sigue manejándose al margen, o con la complicidad, de quienes deben controlar su funcionamiento. Lo dijimos en diciembre pasado y lamentablemente hoy lo tenemos que repetir. El Municipio que mira para el costado para no asumir la realidad, PAMI que no hace bien su trabajo, como se debe, para cuidar a sus pacientes y las autoridades del nosocomio que no cuidan a empleados ni a pacientes. ¿Sólo buscan su propio rédito?
En aquella nota planteamos una utopía, ‘Lamentablemente no son las únicas denuncias que existen en relación a la Clínica Santa Clara, ojalá sean las últimas.’ Infelizmente, se verifica una vez más aquella máxima de Fernando Birri que relatara Eduardo Galeano.
‘La utopía está en el horizonte. Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar’.
Nosotros seguimos caminando.
ACTUALIZACIÓN
El día de ayer se comunicaron con nosotros par decirnos que tras la difusión de esta información las autoridades de la Clínica suspendieron por dos días a quien estaba a cargo de la cocina aquel día.

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