Los argentinos una vez más vamos a las urnas con cierto desánimo, con la sensación de la cosa resuelta, una vez más vamos a elegir a quienes nos representen.
Es una falsa dicotomía plantear elegir entre el pasado o el futuro, porque el pasado no vuelve. Como dijera Raúl Alfonsín ‘que nadie se deje deslumbrar por los resplandores de las glorias del pasado’ porque la presidencia de Alberto Fernández deja en evidencia que las políticas de Néstor Kirchner y Cristina Fernández no volvieron, y tampoco volverán las de Mauricio Macri.
La clave está en elegir qué futuro queremos y cómo lo construiremos, porque no basta con votar cada dos años, la construcción de la sociedad debe que ser un trabajo diario.
Como dijera Václav Havel, ‘Éramos conscientes de que la casa heredada se encontraba en mal estado: su enlucido iba cayéndose, el tejado tenía un aspecto bastante sospechoso, nos preocupaba también el estado de otras muchas cosas. Al cabo de un año de trabajos de exploración y reconocimiento, hemos averiguado, sobrecogidos, que todas las tuberías están cubiertas de herrumbre, las vigas podridas, la electricidad en estado ruinoso, y que las obras de rehabilitación que habíamos programado y que tanto anhelábamos, durarían y costarían bastante más de lo que pensábamos en un principio. En definitiva, nos hemos dado cuenta de que lo que hace un año nos parecía solamente una casa descuidada era, en realidad, una ruina.”
De nosotros depende qué constructores elegimos para reconstruirla. Podemos volver a darle una oportunidad a quienes la destruyeron y reconstruyeron las últimas veces, que a la luz de los hechos queda en claro que fueron solo remiendos que no solucionaron los problemas estructurales de la vivienda, o podemos convocar nuevos albañiles para que juntos construyamos una nueva morada.
Los problemas son graves y el horizonte poco promisorio, sin embargo no todo está perdido.
Es necesario pensar nuevas maneras de actuar para resolver los problemas de siempre. No basta con el diagnóstico, es necesario que instrumentar acciones concretas que planteen un nuevo paradigma constructivo. Ya sabemos que nos equivocamos y no está mal asumirlo, el sinceramiento, reconocer los errores cometidos, es el primer paso para hacer las cosas de otra manera.
Por eso, como dijéramos tiempo atrás, ‘es fundamental recuperar sueños compartidos, pero de los que movilizan en pos del bien común y no de un bien particular, porque esos sueños son los que nos garantizarán un futuro mejor.’
En la actualidad, pese o precisamente debido a que nos dicen que para ‘Quien se sale del rebaño, destierro y excomunión’, se hace imprescindible e imperioso salirse del rebaño y buscar nuestro propio camino, sin oportunistas que sin pudor alguno se recuestan donde da el sol y son quienes creen que el dinero es la base de todo.
Debemos recuperar los valores perdidos, las nociones de igualdad y solidaridad.
Porque seguimos prefiriendo una mariposa al Rockefeller Center, porque se puede comprar una flor pero no comprar que la flor florezca, se pueden comprar medicamentos pero no se compra salud, se pueden comprar cosas para hacer pero no el tiempo para hacerlas, porque pese a todo y pese a todos, y fundamentalmente en tiempos de confusión como los que vivimos, tenemos que tener en claro que, como dice Oskar Lafontaine, ‘El corazón no cotiza en bolsa, pero tiene un lugar… y late a la izquierda’.
Ya sabemos, los bueyes con que aramos, se deben cambiar.
