Tengo un tío mago que amenizó todas las reuniones familiares durante gran parte de mi infancia y cuando nosotros le preguntábamos cómo se hacían los trucos se negaba una y otra vez a develarlos porque decía que la base de la magia era precisamente esa, el creer en la ilusión que sucede algo que racionalmente se sabe que no existe.
Y mi tío tenía razón. Cuando uno rompe esa ilusión que trae de niño, ya no puede disfrutar de la magia.
Con las campañas electorales pasa algo similar, los candidatos venden una ilusión, un futuro mejor. Nadie vota a alguien que no prometa un buen mañana, si se propone algo diferente al goce no se lo apoya. Nadie vota por lo que se hizo, por agradecimiento, si se toma de referencia el pasado es para garantizar que se reproducirá en el futuro. Aunque se mienta, porque si el decente plantea la realidad no es votado.
Y la irrupción del marketing político exacerbó ese concepto al infinito. Por eso vemos afiches de candidatos mirando el horizonte, un punto indefinido, por eso hay fotos de candidatos que señalan algo que no se ve, porque la contraparte de esta noción es proponer un indeterminado que no pueda ser reclamado en el futuro.
Hablar de un futuro mejor deja la puerta abierta para que cada uno interprete lo que quiera interpretar, y si hubiera un reclamo, poder discutirlo dialécticamente. Por eso también los programas electorales son tan imprecisos, aun para aquellos pocos actores que lo tienen, porque se necesita que no pueda haber un contraste concreto entre lo prometido y lo realizado.
En la mayoría de los casos la irrupción de nuevos participantes en la arena política va acompañada de fuertes campañas de instalación para dar a conocer, a través del marketing político, al candidato ante los votantes. Pero quien confía en esta metodología debe garantizar la premisa que nos decía mi tío de chicos, debe mantener la ilusión, puesto que si no se vuelve contraproducente.
De qué sirve mostrar una realidad como casual y cotidiana si mostramos el detrás de escena y exponemos que todo es ficticio para mostrar algo irreal.
En la década del ‘80, en los albores del marketing político vernáculo, la comunicación política servía para presentar un candidato ante los ciudadanos, y así un político de renombre se sacaba infinidad de fotos con candidatos locales como una suerte de carta de presentación, quien lo acompañaba era ‘su’ candidato en el Distrito. Cuarenta años después esto ya no es necesario puesto que los partidos buscan candidatos conocidos para la ciudadanía, entonces la clave de la comunicación política es presentar a los candidatos haciendo cosas como las hacen los vecinos en situaciones cotidianas, o en posturas que trabajen sobre el imaginario social y den noción de futuro, al respecto las fotos mirando la nada son el mejor ejemplo.
Y todas las fuerzas, en mayor o menor medida han ‘comprado’ este manual de acción y todas las que lo hicieron mantienen en reserva las técnicas de comunicación política. Aunque algunas de ellas se conocen, todos con vecinos en las que se vean la cara del candidato pero no del vecino, en lo posible un fondo natural, al punto que se elaboran instructivos de circulación interna sobre cuál es la mejor forma de ‘mostrarse’.
El Frente de Todos elaboró, y puso en su página web, un ‘Instructivo de fotografías para las boletas 2021’ en el que se sugiere, entre otras cosas, ‘Gestualidad: actitud relajada, mirada franca que transmita seguridad y confianza, postura erguida.
Indumentaria: preferentemente vestimenta de color, evitar el blanco y los tonos muy claros. Evitar los estampados estridentes sobrecargados y rayas o puntos muy pequeños que puedan causar “efecto moiré”.
De ser posible, se recomienda contemplar dos cambios de prenda superior.
Iluminación: para evitar que los rostros queden “planos” de ser posible la iluminación del candidato/a deberá hacer foco en el rostro y generar cierto volumen; potenciando los rasgos de la persona. Se sugiere que el volumen esté dado tanto por la poca profundidad de campo como por la puesta de luces.
Aunque en las boletas se usen planos cerrados y encuadres horizontales, se recomienda hacer también planos más abiertos y cubrir todos los encuadres para gráficas de formato horizontal y vertical. (retratos frontales, planos americanos, cuerpo entero, etc).’
Como se ve, lo que se muestra como casual tiene poco de casual y mucho de causal.
Pero un sector de Juntos, parafraseando su slogan de campaña, dio un paso más. No solo estableció criterios de como homogeneizar su comunicación electoral, y no solo la hizo pública sino también la compartió en las redes sociales donde lo que la ciudadanía debía recibir el producto terminado en lugar del backstage.
Así nos enteramos que ayer sábado los candidatos del Radicalismo implementarían un kit, que recibieran anteriormente, con la intención de colocar un vinilo e invitar a los vecinos a pasar por encima de él, como de manera espontánea, y reflejarlo en las redes sociales.
Las instrucciones eran:
Como el mago enmascarado la gente de Evolución develó el truco.
¿Honestidad brutal?
Me cuesta creerlo, en mi opinión, incompetencia bruta.





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