En el trascurso de la semana, con bemoles y particularidades, vuelven las clases a la Provincia de Buenos Aires lo cual es una muy buena noticia, puesto que la educación que estaban recibiendo los niños desde hace ya dos meses lejos está de ser consideradas clases escolares.
No deja de ser curioso el momento en el cual se toma la determinación de avanzar en este sentido. ¿Qué opinará el Intendente Osvaldo Cáffaro quien entendía que las escuelas eran un foco de contagio y afirmaba que ‘había que postergar la presencialidad en las escuelas, era importante cortar con eso. Está demostrado en todos los lugares, en mayor o menor tiempo, que el aumento de casos termina con la presencialidad en las clases’? ¿Qué dirá el Secretario de Salud Marcelo Schiavoni quien cuando Cáffaro anunció que a pedido suyo Zárate pasaba a Fase 2 indicó pedía ‘colaboración en el tema de los colegios, hay chicos que estudian en Campana y chicos de Campana que estudian en Zárate y también ahí va a haber un intercambio’? ¿Qué opinará la concejal Tania Caputo quien tiempo atrás señalara que ‘estamos en una pandemia, que condiciona esos derechos educativos y lo que prima hoy es el derecho esencial a la vida. Y en función de ello, se deben establecer políticas públicas para garantizar tal derecho a la vida. Todos los otros derechos están supeditados a ello’? ¿Qué opinará el concejal Morán para quien ‘es una pérdida de tiempo discutir […] Entonces la propuesta es la siguiente; se aplana la curva, se abren las escuelas. En cambio, suben los contagios, se cierran las escuelas’? ¿Qué opinarán los líderes sindicales que militaron el cierre de las escuelas? ¿Qué opinarán los ‘docentes’ que le mandaron una petición mal escrita, con faltas de ortografía, firmada por anónimos en la que le pedían al Intendente que suspendiera las clases?
Y nos hacemos estas preguntas porque las estadísticas oficiales indican lo contrario a lo que defendían estos funcionarios y ciudadanos.
Por segunda semana consecutiva aumentaron los casos de infectados en edad escolar. Por supuesto con las escuelas cerradas. Lo cual deja claramente establecido que las escuelas no son el supuesto ’foco de infección’.
¿Qué dirán ahora entonces? ¿Seguirán militando el cierre de las escuelas o panquequearán una vez más para alinearse a las ideas del momento porque al carecer de ideas propias buscan mimetizarse con el poder de turno?
¿Qué opinarán de la vuelta a clases? ¿Criticarán al Gobernador Kicillof o entenderán, como él, qué ahora resulta primordial la apertura de las escuelas, medida que por cierto compartimos?
La problemática es que no hay argumentos epidemiológicos tras las medidas que se adoptan, sino cuestiones político partidarias. Por eso Cáffaro, que a mediados de abril era tan cocorito llenándose la boca y explicando cómo le pidió al Gobernador Kicillof que pasara a Zárate a Fase 3 ahora no da la cara. Por eso ahora calla. Porque no tiene argumentos. Porque no tiene razones. Al igual que antes, que sin argumentos ni razones, ni datos fidedignos, supuestamente pidió el cambio de fase
Como tampoco las tenía dos meses atrás para que Zárate pasara a Fase 2, porque esa era una medida que se debía haber tomado durante la semana epidemiológica 14, del 4 al 10 de abril pasado, pero entonces prefirieron el ostracismo y esperar que las cosas pasen en lugar de asumir la responsabilidad del cargo que ocupan. Por eso desde esa fecha se produjeron casi la mitad del total de fallecimientos por COVID-19, mientras el Municipio de Zárate no hizo nada.
Y tampoco está haciendo ahora.
Según los números del Municipio los casos en los últimos 14 días se redujeron un 2,6% respecto a los 14 días anteriores, ¿En serio con estas estadísticas las autoridades locales creen que Zárate puede cambiar de fase o reconocerán, finalmente, que los datos que informan son falsos y el cambio de fase, y por ende la vuelta de las clases presenciales, se sostiene en que los casos se redujeron un 22,6%, bastante por encima de lo que informa el gobierno local?
Paradójicamente los indicadores de la última semana en Zárate revelan que el porcentual de jóvenes en edad escolar infectados es el más alto desde la semana epidemiológica 15, del 11 al 17 de abril pasado, o lo que es lo mismo, hoy la participación de los jóvenes en edad escolar infectados respecto al total de enfermos es más alta que cuando se decidió el cierre de las escuelas. ¿Por qué ahora se sostiene que hay que abrir las escuelas? Porque no había razones que sustentaran las medidas que adoptaron. Porque pese a lo que repetían los loros barranqueros, las escuelas no son foco de contagio.
Es necesario que vuelvan las clases y lo que están haciendo remedia, al menos en parte, el terrible daño, psicológico e intelectual, que hicieron por mantener un capricho.
Los pasos que se están dando son los que se deben dar, puesto que la pandemia no puede inmovilizarnos sino condicionarnos, y debemos aprender a vivir con esos condicionantes.
Es una buena noticia que las cosas cambien. Pero al ir en sentido contrario de lo que vinieron sosteniendo hasta ahora, nos preguntamos ¿Por qué el cambio entonces?
Cáffaro, Schiavoni, Caputo, Morán, Poli, ¿Pueden argumentar algo? Deben hacerlo.

1 comentario
Pingback: Cuando creíamos tener todas las respuestas… – Príncipe del manicomio