Como cantaban Los Rodríguez en ‘Diez años después’, podemos decir trece años después que ‘Aquello fue un gran punto de partida, pero a la vez que fácilmente se te olvida’, y el punto de partida fue la elección como intendente municipal de Osvaldo Cáffaro, impidiendo a Omar Bernués ser reelecto, como lo lograron todos los intendentes de 1983 a la fecha. Y remarcamos que se trata de la elección porque el Intendente se equivoca al escribir en sus posteos en redes sociales que el 28 de octubre se cumplieron ‘13 años que tengo el orgullo enorme de ser Intendente del Partido’. No Intendente, usted comenzó a ser Intendente el 10 de diciembre de 2007, del 28 de octubre de aquel año hasta el 9 de diciembre, el intendente fue Omar Bernués. Pero justo es reconocer que no es usted el único que comete este tipo de errores, hay quienes creen que la democracia a Argentina volvió el 30 de octubre de 1983, ignorando que hasta el 9 de diciembre de aquel año gobernó la dictadura militar.
Y en la misma publicación usted pide a sus vecinos que ‘sigamos transformando Zárate y Lima’, porque nadie puede dudar que usted transformó el Partido, por el histórico hecho de ser el ciudadano que más tiempo estuvo al frente del gobierno municipal en la historia del Partido, por las obras públicas realizadas durante su mandato y también por lo que no hizo. Incluso por el cambio rotundo, ideológico y partidario, desde aquel lejano 2007 a esta parte.
Por eso decimos que ‘Aquello fue un gran punto de partida, pero a la vez que fácilmente se te olvida’, porque en aquel tiempo pensaba usted, y nosotros, en un Zárate para todos, porque otro país era posible. Pensábamos en todo para todos, y al haber ganado en las elecciones estaba todo por hacer.
No es cuestión de hacer revisionismo ni historia contrafáctica. No coincidimos en que ‘si mi abuela tuviera bigotes, sería mi abuelo’, por el contrario estamos convencidos en que ‘si mi abuela tuviera bigotes sería mi abuela con bigotes, no mi abuelo’, y en consecuencia no creemos que Zárate sea un Municipio por la gente, muy por el contrario es un Municipio para alguna gente, cierta gente, para quienes pueden disfrutar de ciertas obras, pero las obras que son para todos no son las que promueve este gobierno, por eso no todos tienen agua potable, por eso no todos tienen cloacas, por eso no todos los barrios tienen calles asfaltadas o recolección de residuos diarios. No creemos que Zárate sea una ciudad para la vida, y no solo porque son numerosos los casos de muertes violentas en el Distrito, sino fundamentalmente porque la vida no es una carrera de powerboat, un show de fuegos artificiales o un recital gratuito. Aspiramos a que la vida sea mucho más que eso. Lo aspirábamos en 2007 y lo seguimos aspirando hoy.
Distinta hubiera sido la historia si el dinero del fondo educativo se hubiera utilizado para mejorar la educación en Zárate y no para hacer un camino de acceso al Centro de Gestión del Conocimiento. Distinta hubiera sido la historia si el dinero destinado para el electroducto en el Barrio 6 de Agosto se utilizaba para modificar la traza del tendido eléctrico y no para una avenida de circunvalación que no se hizo. Distinta hubiera sido la historia si se pensaba y se trabajaba en un Zárate Grande y para todos en lugar de un Zárate chico y para pocos.
Como dijera Leandro Alem en otras circunstancias pero con un mismo objetivo, ‘Cuánto bien ha podido hacer este partido si no hubiesen promediado ciertas causas y ciertos factores…¡No importa! Todavía puede hacerse mucho.’
Hay que pensar en lo que viene.
Y lo que viene es un debate que se debe la ciudadanía zarateña. Y ese debate tiene que pasar por cómo construir un Distrito para todos. Pero un Distrito en serio. No con discursos vacíos y palabras en contrario. Con acciones que fomenten el deporte y no un equipo profesional que lo practique. Con redes de agua potable y no fuentes de chorros. Con redes cloacales y no acciones de mierda.
Y no es cuestión de mayorías circunstanciales. De hecho el propio intendente perdió la primer elección en la que intentó llegar al cargo que hoy ostenta.
Como en un revival menemista de finales de los noventa, quizás influenciado por sus nuevos compañeros de ruta, Cáffaro apuesta al ‘él puede no haber hecho todo, pero que hizo mucho nadie puede negar’, sin embargo eso no alcanza. El problema no es lo que se hizo, el problema, precisamente, es lo que no se hizo. El problema es lo que se podría haber hecho y se eligió no hacer. El problema es, en definitiva, como se transforma la vida de los ciudadanos y las ciudades donde se vive.
Parafraseando a Los Rodríguez, trece años después, mejor decir que callar.

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