A la memoria de Liliana Álvarez.
No caben dudas que, en términos sanitarios, el COVID-19 es EL tema preponderante de este año 2020, pero esto no quita que haya otras cuestiones del ámbito de la salud que deban ser atendidas con, al menos, igual atención. Este mes de octubre es, por ejemplo, el mes de sensibilización sobre el cáncer de mama, tal como lo ha declarado la Organización Mundial de la Salud.
Igual de importante, y no muy estudiado aún, son las patologías que sin tener relación directa con el COVID-19, la preeminencia de éste hace que sean desatendidas en función de su importancia. Mucho se ha escrito sobre la interrupción de tratamientos tras la instauración del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO), incluso en ámbitos en los que no había casos de COVID-19 aún. En contrapartida, ahora que muchas de esas zonas tienen un ASPO estricto, en el AMBA ciertos tratamientos han sido retomados. Queda claro que por más que se quiera disimular, el peso específico del AMBA en la República es desmesurado.
No menos significativo es el padecimiento de nuevas enfermedades y el agravamiento de algunas preexistentes producto del aislamiento. Sobre todo en niños y personas mayores. Especialistas en salud mental han afirmado que la pandemia y, fundamentalmente, las medidas adoptadas para su mitigación, serán marcados de manera decidida. Nadie duda que la pérdida de socialización, el sedentarismo, estar confinados en espacios reducidos y el contacto con pares limitados a encuentros a través de instrumentos tecnológicos traerán consigo consecuencias psicosociales, intangibles aún, pero que ya dan lugar a hablar de la generación COVID.
Pero así como hay que tener en cuenta esta realidad, no menos importante es el seguimiento del estado sanitario preexistente antes de la irrupción de la pandemia. En consecuencia es importante analizar cómo la sociedad se planta ante ello.
Sin datos actualizados en términos de prestaciones sociales, se puede tomar el indicador de los casos sospechosos de COVID-19 como un mapeo de iniciación para conocer cómo se reparten las prestaciones en Zárate. De los primeros 6306 casos atendidos como posible COVID correspondientes a Zárate, 3150, es decir casi el 50%, tienen como prestación a la salud pública, aunque si uno analiza tan solo los casos diagnosticados positivos este indicador se eleva a más del 55%. Esta información surgida de la base de datos del Ministerio de Salud de la Nación expone que la salud pública cumple en Zárate un rol esencial.
Ya nos hemos referido a los CAPS y como varios de ellos fueron cerrados para reorganizar funciones de acuerdo a lo estipulado en el Decreto 215/20, y en esta oportunidad haremos lo propio con el Hospital Intermedio Municipal Dr. René Favaloro, y para ello nos valdremos de la información compartida por quienes a diario trabajan en sus dependencias, dado que las autoridades municipales no dan ningún tipo de información, y por supuesto que en cuestiones de salud tampoco. Hacemos hincapié en este nosocomio porque junto con el Hospital Zonal Virgen del Carmen son las únicas dos entidades públicas de salud del Distrito, y dado el carácter regional del Hospital Zonal, debe destinar parte de sus recursos a ciudadanos de otros Distritos.
El Hospital Favaloro, en cambio, por ser municipal, tiene injerencia directa en los 128.096 pobladores que se estima hay en el Municipio en estos días y considerando la ‘favalorización’ de la salud zarateña bien puede entenderse que su realidad es la realidad de gran parte de la salud local.
Según denuncias, que como ya hemos explicitado deben hacerse a través de terceros por temor a las represalias, el Hospital Intermedio municipal tiene dedicado gran parte de sus prestaciones al diagnóstico de COVID-19, puesto que allí se realizan hisopados, aunque no tratamiento, ya que no posee internación. Esto trae como contraparte que no haya seguimiento de los pacientes que, por otras patologías, se atendían en este nosocomio.
Además, muchos de los trabajadores de salud ni siquiera son empleados municipales ya que deben estar inscriptos como monotributistas y facturar a la Municipalidad, que les paga por hora, lo que hace que el número de empleados municipales que el propio estado municipal reconoce sea una mentira. En la práctica muchas de estas personas llevan más de una década en esta realidad y no son oficialmente considerados empleados municipales.
Se afirma que desde marzo los consultorios externos están cerrados como tales, lo que genera una sobrecarga en el Hospital Virgen del Carmen… o desatención de la salud personal.
Lo triste de esta realidad es que los consultorios externos no están cerrados sino que allí trasladaron las oficinas para evitar contagiarse… y ni siquiera eso lograron, como tampoco lo logró la Secretaria Núñez ni el subsecretario García pese a auto aislarse en oficinas montadas en un contenedor.
Pero no solo eso, también se denuncia que no se practican mamografías pese a contar con un mamógrafo de última generación, y que el Hospital no cuenta con cardiólogo, ni ecografista ginecológica y obstétrica, ni oftalmólogo.
¿Esta es la realidad del Hospital Intermedio Municipal Dr. René Favaloro? ¿Cuál es la plantilla real de profesionales del Hospital Favaloro? ¿Quiénes son los profesionales que actualmente trabajan allí? ¿Cuáles son las prestaciones que efectivamente se realizan? ¿Qué prestaciones se han suspendido por la pandemia? ¿Cuál es el programa de salud pos pandemia, está planificado?
La ciudadanía merece tener certezas y los funcionarios municipales están obligados a brindarlas.
¿Qué pasa en el Hospital Intermedio Municipal Dr. René Favaloro?
Publicado en Divulgando Noticias, Zárate.

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