Al igual que cada decisión que uno toma en la vida, cualquier medida adoptada por el Gobierno se basa en el poder de convicción de quien lo ejecuta, para convencer a los destinatarios de los beneficios de acatarla, o bien del poder de coerción para exigir su cumplimiento. Como dice el escudo chileno, ‘por la razón o la fuerza’.
Esta realidad es más que clara cuando uno analiza la movilidad urbana en Zárate desde la implantación del aislamiento, social, preventivo y obligatorio. A los fines de poder contextualizar el análisis tomamos los datos de Zárate y Campana que, aún con matices, conforman un conglomerado urbano donde vive gran parte de la población de ambos Municipios y poseen comportamientos similares.
A partir de datos provistos por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) pudimos establecer patrones de comportamiento de la zona y, en consecuencia, poder desarrollar análisis que interpreten el accionar ciudadano en la el conglomerado Zárate-Campana.
Inicialmente se ve en ambos Distritos una fuerte caída en la movilidad el día 20 de marzo, primer día de vigencia del Decreto 297/2020, con una caída del -47,19% en el caso zarateño y casi un punto menos, -46,22% en el caso de Campana.
Durante los primeros tres períodos de aislamiento, el inicial y las dos primeras extensiones, hasta finales de abril aproximadamente, se ve una conducta similar en ambos Municipios donde la movilidad urbana estuvo, salvo excepciones, por debajo del nivel establecido el día 20 de marzo. Estaba claro que la población estaba convencida de la funcionalidad del aislamiento. Fue cuando se adoptaron las primeras medidas para dificultar el tránsito al interior de los Distritos y en donde se bloquearon algunos accesos a las ciudades e incluso, como en el caso de Zárate, bloqueando pasos de comunicación en el interior de la ciudad.
Pero todo cambió en este casi mes y medio siguiente. En los últimos días las excepciones fueron aquellos días en que la movilidad se situó por debajo del nivel establecido aquel lejano 20 de marzo, en especial los días domingo.
¿Cuáles fueron las razones? Falta de convencimiento de la ciudadanía o relajamiento en los controles. Probablemente no haya un único motivo. El desarrollo de nuevas actividades trae aparejado, necesariamente, mayor movilidad eso es claro, pero no basta para explicar el cambio, por lo que hay que apelar al convencimiento si se sigue creyendo que el aislamiento sigue siendo la política a seguir.
Contaba el Sup Marcos que le decía el Viejo Antonio que ‘si no puedes tener la razón y la fuerza escoge siempre la razón y deja que el enemigo tenga la fuerza. En muchos combates puede la fuerza obtener la victoria, pero en la lucha sólo la razón vence. El poderoso nunca podrá sacar razón de su fuerza, pero nosotros siempre podremos obtener fuerza de la razón’.
Y para ello es necesario ser claros en la información que se transmite y en como se la transmite. La movilidad urbana en términos de aislamiento está íntimamente relacionada con el temor al riesgo potencial, no decimos que haya que infundir miedo, muy por el contrario hay que conocer la verdad para poder accionar de forma segura.
Estos casi tres meses de aislamiento muestran esta evolución en la movilidad ciudadana:
Y cuando se ubican en un mismo eje la movilidad con los casos positivos se demuestra que, a mayor movilidad, hay mayor número de casos positivos, aunque esta no es una relación monocausal. De hecho se ve que el comportamiento no es similar en ambos Municipios, aunque sí es bastante similar en términos de movilidad. Un hecho determinante en el caso zarateño que no está expuesto en los cuadros pero es fundamental a la hora de entender los contagios tiene que ver con el aumento de los testeos.
En consecuencia hay que repensar el tema del aislamiento, ahora no solo con conceptos teóricos sino, fundamentalmente, a partir del conocimiento empírico. Esta es la realidad en Zárate y Campana.
Zárate aboga por mayor aislamiento y menos actividad pública. Campana va en el sentido inverso. En cualquier caso es claro que es necesario avanzar hacia un esquema de control de los contagios para garantizar el tratamiento y evitar la muerte de los enfermos, porque los vecinos no pueden vivir en un aislamiento eterno.
Hay que recuperar el convencimiento de los vecinos sobre que lo que se está haciendo es beneficioso y para ello es necesario ser claros en la comunicación del por qué se toman determinadas medidas.
La fuerza no es la forma de imponer las cosas y, en un estado de derecho, es impracticable controlar a la población en su totalidad para impedir su movilidad.
El Estado no puede evitar la enfermedad, debe luchar por impedir la muerte.





