El miedo paraliza, generalmente, pero también el miedo puede movilizar, bien dice el dicho que ‘no los une el amor sino el espanto’, y en la política argentina con demasiada frecuencia se recurre al miedo para movilizar a las masas.
En términos generales se utiliza la ilusión del futuro para convencer y triunfar en las elecciones, y el miedo para no perder y poder mantener el poder obtenido.
Así, tras el triunfo de 1983 basado en la construcción de una nueva sociedad, democrática y para todos, el radicalismo una vez en el gobierno apeló, por ejemplo, al ‘Alfonsín o el atraso’ para plantear que si otra opción política triunfaba en las elecciones eso significaría un paso atrás para el gobierno. Esta política tuvo sus frutos en las elecciones de 1985, pero en 1987 el peronismo logró convencer a la ciudadanía que el futuro promisorio que proponía era más importante que el miedo que azuzaba el radicalismo.
Las propuestas de salariazo y revolución productiva generaron la motivación de cambio para la sociedad y en la elección siguiente fue el peronismo quien recurrió al recurso del miedo para no perder adhesiones. En su caso, la dicotomía era ‘nosotros o el caos’, por medio del cual buscaban lograr apoyos a políticas que no eran las que se habían enunciado en la campaña electoral y que a decir del gobierno eran las únicas posibles para evitar volver atrás.
Como se ve, siempre es una lucha entre pasado y futuro. Cuando el futuro le gana al pasado hay cambios, cuando quien triunfa es el pasado, hay inmovilismo, o en realidad, movilización para evitar que ese pasado vuelva.
En 1999 la posta le tocó a la Alianza, que tras su triunfo buscó aglutinar apoyos esgrimiendo que las opciones, que siempre son dos, eran ellos o la fiesta menemista, y a partir de 2001 fue más sencillo porque lo que se esgrimía es que las opciones eran el gobierno en ejercicio o la crisis. A esta herramienta recurrieron tanto el gobierno encabezado por Eduardo Duhalde como los de Néstor Kirchner y Cristina Fernández.
Cuando triunfa Cambiemos en 2015, el discurso de esperanza se impuso al del miedo y se generó el cambio de rumbo político y el gobierno actual, al igual que todos los anteriores también recurrió al efecto miedo para lograr aglutinar apoyos en su favor.
Más allá de coincidir, o no, con la utilización de esta política, que personalmente no comparto, todas tenían ciertos visos de realidad, pero en los últimos días un nuevo ‘efecto miedo’ comenzó a circular, aunque sin base alguna en la realidad.
Por las redes sociales y los servicios de comunicación comenzó a circular el rumor del regreso al país del ex líder guerrillero Mario Firmenich, quien desde hace un tiempo reside en España. Se afirma que ‘Volvió Firmenich. El 80% de los menores de 35 años no sabe quién es. Representan el 50% del electorado.’ Pero resulta que no volvió Firmenich, es mentira, con lo cual se combina la política del terror basada en noticias falsas, que circulando sin control por las redes sociales va generando un estado de opinión.
https://www.youtube.com/watch?v=czTrUy6-OtI
Si no volvió en más de 12 años de gobierno peronista, ¿por qué volvería ahora? Y si volviese, ¿cuál sería el inconveniente? En ese caso habrá que exponer, llegado el momento, cuál fue su pasado y cuál su presente y que la sociedad, así como lo declaró persona no grata en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires cuando fue a estudiar tras el indulto menemista, decida qué relación plantea con su pasado.
Como no basta con el miedo a la posible vuelta de Cristina Fernández, se apela también a la efectiva vuelta de Mario Firmenich. Pero no Firmenich volvió. No tiene una actividad política pública. No es más que una mentira más para, utilizando una política ya utilizada en la historia política argentina reciente, apelar a la cultura del miedo para evitar perder apoyo.
Evidentemente, no cambiamos.
https://www.youtube.com/watch?v=BWpSvUOLE5U
