Estimada lectora, estimado lector, mi propuesta para hoy es que esta columna la hagamos en conjunto, quisiera acercarle algunas ideas e interrogantes para que a partir de lo que lea pueda completar la columna a su manera, con su visión del mundo, con sus principios y sus intereses. Para ello quisiera tomar como base el Decreto que firmó el Presidente Macri por el que se establece que ‘no podrán efectuarse designaciones de personas, bajo cualquier modalidad, en todo el Sector Público Nacional, que tengan algún vínculo de parentesco tanto en línea recta como en línea colateral hasta el segundo grado, con el Presidente y Vicepresidente de la Nación, Jefe de Gabinete de Ministros, Ministros y demás funcionarios con rango y jerarquía de Ministro’.
Esto que en principio parece algo lógico y que no debería requerir de una normativa que lo limite, se torna un tanto más difuso cuando se lo analiza en ejemplos concretos, y esa es mi propuesta para hoy, que pensemos qué haríamos si estuviéramos ocupando ese lugar.
Imaginemos por un rato que nos convoca el Presidente, éste, el próximo o la pasada, para hacernos cargo de un Ministerio porque nos entiende capacitados para afrontar esta tarea. ¿Usted no llevaría a una persona de extrema confianza para ayudarlo en el manejo de la información más sensible? Y si esa persona fuera un familiar, ¿está seguro que no lo convocaría? El problema es cuando se hace un abuso de esta prerrogativa, o algo parecido, cuando se realiza un tráfico de influencias para que se contrate a familiares o amigos.
Un caso paradigmático es el del Ministro Triaca, que logró hacer nombrar en la administración nacional a su esposa, dos hermanas y un cuñado. Yo entiendo que esto es un abuso y que no requiere de una ley que lo limite, esto no se debe hacer porque está mal. Triaca cree que está bien. ¿Usted qué cree?
Hay quienes dicen que ocupando nosotros el lugar de quien cuestionamos su accionar, no haríamos algo muy diferente. Yo creo que no es así. Estoy convencido que hay que hacer lo que se debe, y que el acuerdo es amplio respecto a que el nepotismo está mal. Sin embargo pese a ser mayoría, somos más silenciosos, los malos ejemplos hacen más ruido. Por eso quiero hacerle una propuesta, una más, para invitarla, para invitarlo a pensar el final de esta columna y, ojalá, el inicio de un accionar diferente.
El Presidente buscó limitar de manera legal lo que la ciudadanía no logró limitar. Unos pocos, por buscar conchabar al cobijo del Estado a familiares que, aun cuando quizás tengan el conocimiento específico para ocupar dichas funciones, se diferencian de otros posibles candidatos por su apellido, y otros, porque aun viendo esta realidad lo toman como un daño colateral de una política a implementar y callan su crítica por apoyo al Gobierno o, peor aún, por su oposición a alguna alternativa al mismo.
¿No es momento entonces lectora, lector, de recuperar valores que nos hagan crecer como sociedad? ¿No es momento de recuperar principios rectores del accionar público, como funcionarios y como ciudadanos? Y para eso no se necesitan ni leyes ni decretos, sino valores compartidos que premien el buen accionar y sancionen los desvíos, para eso se necesita del accionar cotidiano de cada uno de nosotros.
¿Qué estamos haciendo hoy por conseguirlo? ¿Qué estamos haciendo para estar mañana un poco mejor?
Publicado en Diario La Reforma, General Pico.
http://www.diariolareforma.com.ar/2013/que-estamos-haciendo/
