Cuando el silencio vale más que mil palabras (y millones de dólares)
Cada vez que un documento reservado sale a la luz, el poder tiembla. Y no porque la tinta de esos papeles sea mágica, sino porque exponen lo que se suponía debía permanecer enterrado: las trampas de los gobiernos, las maniobras de las corporaciones, la doble moral de quienes predican una cosa y practican otra.
Las filtraciones incomodan. No son elegantes, no respetan protocolos. Son brutalidad informativa en estado puro. Y en esa crudeza reside su potencia: rompen la narrativa oficial, obligan a discutir lo que nadie quería discutir y ponen a la ciudadanía en una posición que siempre se le quiso negar: la de juez. Irónico, ¿no? Especialmente cuando hablamos de jueces.
No se trata de romantizar al filtrador -a veces héroe, a veces mercenario, casi siempre anónimo- sino de entender que, sin esas fugas, el ciudadano quedaría condenado a consumir discursos maquillados. El famoso ‘por su seguridad’ es apenas una forma cortés de decir: ‘usted no merece saber’. O mejor aún: ‘usted no debería preguntar’.
El mundo se entera, Zárate mira para otro lado
WikiLeaks mostró que la diplomacia internacional tiene menos sutileza y más cinismo de lo que se pensaba. Los Panama, Paradise y Pandora Papers expusieron la hipocresía global en toda su dimensión: políticos que legislan para la transparencia mientras esconden su dinero en paraísos fiscales, empresarios que evaden impuestos mientras predican austeridad, jueces que fallan contra la corrupción mientras tienen cuentas offshore.
Cada uno de esos episodios nos cambió como sociedad. Nos volvió más escépticos, más desconfiados… y, en cierta medida, más libres. Porque la libertad, al fin y al cabo, comienza con saber. Y saber incomoda a quien tiene algo que ocultar.
Nuestro humilde aporte al periodismo de filtraciones
A escala local, también hemos aportado lo nuestro. Hemos expuesto los Cáffaro Papers, los Cáffaro Leaks, el sueldo de los principales funcionarios zarateños cuando esta información no era pública, la situación de Marcelo Heiz y su procesamiento, hemos desnudado el vacunatorio VIP que se montó en Zárate durante la pandemia, hemos expuesto el viaje que hizo el Intendente junto a su mujer a París y que fuera cuidadosamente ocultado a la ciudadanía entre otrs cuestiones.
No somos WikiLeaks, lo sabemos. Pero en una ciudad donde el periodismo militante y el silencio cómplice se reparten las páginas de los medios tradicionales, alguien tiene que hacer las preguntas incómodas. Alguien tiene que filtrar lo que el poder prefiere enterrar.
La tensión que nadie quiere admitir: ¿seguridad o impunidad?
¿Qué se juega cuando se filtra? La tensión eterna: seguridad versus derecho a saber. Los gobiernos insisten en que abrir estos secretos pone en riesgo vidas, estabilidad, diplomacia. Y algo de razón hay, seamos justos. Pero el costo de callar suele ser infinitamente más alto: corrupción impune, guerras injustificadas, fortunas acumuladas a espaldas del pueblo, funcionarios con pasados turbios administrando justicia.
El dilema es simple pero brutal: ¿quién paga el precio del silencio? Porque la opacidad nunca es neutra: siempre beneficia a alguien. Y casi nunca -en realidad, nunca- a la ciudadanía. El silencio protege al poderoso, no al vulnerable. Encubre al corrupto, no al honesto. Y en Zárate, ese silencio tiene nombres y apellidos.
El veredicto que no querían escuchar
Las filtraciones no salvan al mundo, seamos realistas. No detienen guerras, no destruyen la corrupción de raíz, no cambian las lógicas del poder de un día para el otro. Pero cumplen una función esencial: nos recuerdan que el poder puede ser espiado desde abajo, que la verdad puede filtrarse como el agua bajo una puerta mal cerrada, que la opinión pública tiene derecho a cuestionar incluso lo que parecía inamovible.
En un tiempo donde la información circula a velocidades impensadas (aunque en Zárate parece circular en carreta), cada filtración es un recordatorio brutal: la transparencia no se concede, se arranca. Con esfuerzo. Con riesgo. Con la certeza de que del otro lado habrá intentos de desmentir, minimizar o, directamente, ignorar.
Y ahora, señoras y señores: ¡Mariano Graciarena!
Y hoy tenemos una nueva filtración que involucra al poder local, al Juez de Faltas Mariano Graciarena, quien llegó a su cargo con la llegada de Marcelo Matzkin a la Intendencia Municipal. Un combo perfecto: nuevo intendente, nueva gestión, nuevos funcionarios. Y, como descubriremos, algunos viejos problemas que nadie se molestó en investigar.
Apenas dos semanas después de la asunción de Matzkin, cuando éste envió el proyecto para la designación de Graciarena, lo habíamos alertado. Como Casandra en Troya, pero con menos drama y más evidencia documental.
¿Mariano Graciarena era parte del equipo de Marcelo Matzkin? ¿Es un técnico que como tal se suma a la gestión pública local más allá de su adscripción partidaria? ¿O es simplemente alguien que estaba en el lugar indicado en el momento indicado? Seguramente pueda dar respuesta a estas preguntas y a las que seguramente le surjan a los concejales en una reunión de comisión necesaria a fin de conocer el perfil del candidato.
Preguntas razonables, ¿verdad? Preguntas que cualquier Concejo Deliberante medianamente serio debería hacerse antes de designar a un Juez de Faltas. Preguntas de manual, diríamos.
El Concejo que no pregunta, no incomoda, no molesta
¿Hizo esto el Concejo Deliberante? ¿Convocó a Graciarena a una reunión de Comisión? ¿Hubo una audiencia pública, en pos de aportar transparencia a la administración, abierta a los vecinos? ¿Algún concejal tuvo la ocurrencia de googlear el nombre del candidato?
Obviamente el Concejo Deliberante no hizo nada de esto. Porque para qué. Para qué investigar, para qué preguntar, para qué cumplir con el rol de control que supuestamente tienen. En cambio, lo que sí hizo fue nombrar a Mariano Graciarena al frente del Juzgado de Faltas N° 1 de Zárate con la celeridad que nunca tienen para resolver los problemas de los vecinos.
Un trámite exprés. Una designación sin preguntas. Un funcionario con pasado turbio y un Concejo con presente cómplice. La democracia zarateña en su máxima expresión.
La SEC de Estados Unidos tiene algo que decir
Entonces no contábamos con esta información. Pero hoy sí, y por ello la compartimos. Porque si el Concejo no investiga, alguien tiene que hacerlo.
De acuerdo a la información disponible en la Comisión de Bolsa y Valores de Estados Unidos: ‘La Comisión de Valores de EE. UU. anunció hoy la imputación de cargos contra ocho ciudadanos argentinos que vendieron ilegalmente millones de acciones de Biozoom, Inc. en transacciones no registradas.’
Nada grave, solo una imputación de la SEC. Ese organismo que regula los mercados financieros más importantes del mundo. Esos tipos que no tienen sentido del humor cuando se trata de fraude bursátil. Pero tranquilos, seguramente es todo un malentendido.
Los detalles que molestan
Como se señala en la página estadounidense: ‘La demanda de la SEC alega que, entre marzo y junio de 2013, los diez acusados recibieron más de 20 millones de acciones de Entertainment Art, lo que representaba un tercio del total de acciones en circulación de la compañía. En un período de un mes, a partir de mediados de mayo, ocho de ellos vendieron más de 14 millones de acciones. Las ventas generaron casi 34 millones de dólares, de los cuales casi 17 millones se transfirieron a cuentas bancarias en el extranjero. Sus cuentas de corretaje en Estados Unidos, que incluyen aproximadamente 16 millones de dólares en efectivo, están sujetas a la congelación de activos.’
Treinta y cuatro millones de dólares. Diecisiete millones transferidos al extranjero. Congelación de activos. Pero seguro que nuestro Juez de Faltas no tiene nada que ver con esto. Después de todo, ¿qué podrían tener en común Mariano Graciarena, el funcionario municipal, con Mariano Graciarena, el imputado por la SEC?
Ah, esperen…
La lista de los elegidos (por la SEC, no por el voto popular)
¿Quiénes son los acusados? La demanda de la SEC, presentada ante el Tribunal de Distrito de EE. UU. en Manhattan, imputa a ocho acusados: Magdalena Tavella, Andrés Horacio Ficicchia, Gonzalo García Blaya, Lucía Mariana Hernando, Cecilia De Lorenzo, Adriana Rosa Bagattín, Daniela Patricia Goldman y Mariano Pablo Ferrari, junto con otros dos, Fernando Loureyro y Mariano Graciarena, quienes recibieron acciones pero aún no las han vendido.
Ahí está. Negro sobre blanco. Mariano Graciarena. El mismo nombre. La misma persona. El Juez de Faltas de Zárate, designado por el Concejo Deliberante sin preguntas, sin investigación, sin el más mínimo control previo.
El arte de falsificar documentos (según la SEC)
Según la demanda de la SEC, cuando los acusados depositaron las acciones de Biozoom en sus cuentas de corretaje en EE. UU., afirmaron haber adquirido la mayor parte de las acciones en marzo de 2013 a los accionistas de Entertainment Art, quienes las adquirieron en colocaciones privadas que comenzaron en 2007. Cada uno de los acusados presentó contratos de compraventa de acciones entre ellos y los antiguos accionistas, supuestamente firmados por ellos mismos.
Todo muy prolijo. Todo muy legal. Todo muy documentado. El problema -pequeño detalle, en realidad- es que la SEC alega que los documentos eran falsos porque los inversores de Entertainment Art habían vendido la totalidad de sus acciones en la compañía en 2009, casi cuatro años antes.
Es decir: presentaron contratos de compra de acciones que en 2013 ya no existían porque habían sido vendidas en 2009. Un viaje en el tiempo financiero. Una hazaña digna de ciencia ficción, pero ilegal en el mundo real.
Las acciones de Biozoom de los demandados se depositaron en sus cuentas como acciones que supuestamente podían negociarse libremente, y los demandados las vendieron a pesar de no estar registradas. Fraude. Llanamente fraude. Pero con corbata y documentos falsos.
Lo que pide la SEC (spoiler: no es poco)
Además de la orden de restricción temporal y la congelación de activos otorgadas por el tribunal, la SEC solicita medidas cautelares preliminares y permanentes, la devolución de las ganancias de la venta presuntamente obtenidas ilícitamente por los demandados vendedores y sanciones civiles.
La SEC también solicita medidas cautelares preliminares y permanentes contra los demandados que no vendieron, Graciarena y Loureyro, debido a la probabilidad de que ambos ofrezcan o vendan sus acciones de Biozoom al público, infringiendo los requisitos de registro de la legislación bursátil estadounidense.
Es decir: la SEC considera que Graciarena podría reincidir. Que hay riesgo de que vuelva a vender esas acciones ilegalmente. Por eso pide medidas cautelares. Porque cuando alguien recibe 2.145.000 acciones en circunstancias cuestionables, la SEC no se olvida.
La carta que lo cambia todo (o debería)
Entonces Mariano Graciarena presentó una carta instruyendo ‘a Alpine Securities y Scottsdale Capital Advisors a devolver el certificado de acciones número 1115 de Entertainment Art, Inc. (actualmente conocida como Biozoom, Inc.) (que representa 2.145.000 acciones emitidas a nombre de Mariano Augusto Graciarena y depositadas en la cuenta de corretaje de Scottsdale Capital Advisors n.° 8720 a mi nombre) al agente de transferencias de la compañía, VStock Transfer, LLC, 18 Lafayette Place, Woodmere, NY 11598, con instrucciones para que el agente de transferencias cancele los certificados, según se define la ‘cancelación’ en la Regla 17 Ad-19(a)(l) de la Ley de Intercambio de Valores [17 CFR §240.17 Ad-19(a)(l)]. Para su información, se adjunta una copia de una orden del Tribunal de Distrito de los Estados Unidos para el Distrito Sur de Nueva York que ordena la cancelación del certificado mencionado anteriormente.’
Dos millones ciento cuarenta y cinco mil acciones. Un certificado. Una orden judicial. Una devolución. Y muchas, muchas preguntas sin responder.
Las preguntas que el Concejo no hizo (y que nosotros sí hacemos)
¿De qué se trata esto? ¿Graciarena declaró este pasado cuando asumió como Juez de Faltas? Bueno, de hecho no declaró nada hasta el momento porque es uno de los funcionarios que por Ordenanza 5110 está obligado a presentar su Declaración Jurada y todavía no lo hizo.
Curioso, ¿no? Un funcionario judicial que debe juzgar las faltas de los vecinos zarateños, que debe aplicar la ley municipal, que debe ser ejemplo de transparencia y legalidad, no cumple con la obligación básica de presentar su Declaración Jurada. ¿Será porque hay cosas incómodas que declarar? ¿Será porque 2.145.000 acciones de una empresa investigada por fraude no quedan bien en un formulario?
Lo que el Concejo sabía (o debía saber)
¿Los concejales conocían esta situación previo a su designación como Juez de Faltas? ¿El Intendente la conocía previo a su postulación? Entendemos que, por la información pública disponible, ambas respuestas son negativas. Lo cual nos lleva a dos escenarios igualmente graves:
Escenario A: No lo sabían porque no investigaron. Porque les alcanzó con el currículum y la foto. Porque el control previo, la debida diligencia, la investigación de antecedentes les pareció un trámite prescindible. En este caso, estamos ante una negligencia imperdonable.
Escenario B: Sí lo sabían y lo designaron igual. En cuyo caso estamos ante algo mucho peor que negligencia. Estamos ante complicidad consciente.
Elegí tu escenario. Ambos son terribles. Ambos hablan de un Concejo Deliberante que no está a la altura de su responsabilidad institucional.
La pregunta del millón (o de los 34 millones)
Si es así, ¿qué harán con esta información ahora? ¿Convocarán a Graciarena a dar explicaciones? ¿Pedirán informes? ¿Iniciarán una investigación? ¿O harán lo que mejor saben hacer: mirar para otro lado y esperar que todo se olvide?
Porque en Zárate la memoria es corta cuando conviene. Los escándalos duran lo que dura el ciclo de noticias. Los funcionarios cuestionados permanecen, los cuestionamientos se evaporan.
El elefante en el Concejo Deliberante
Hay un elefante en la sala del Concejo Deliberante. Un elefante de 2.145.000 acciones, de documentos presuntamente falsos, de una demanda de la SEC, de cuentas congeladas, de medidas cautelares. Un elefante que todos ven pero nadie menciona.
Los concejales oficialistas callan porque es ‘su’ Juez, el que designó ‘su’ intendente. Los concejales opositores callan porque… bueno, porque en Zárate la oposición muchas veces se parece sospechosamente al oficialismo cuando se trata de no hacer olas.
Y mientras tanto, Mariano Graciarena sigue al frente del Juzgado de Faltas N° 1, juzgando a los vecinos que no pagan la tasa municipal, que estacionan mal, que tienen la música alta. Ironías del destino: quien fue imputado por la SEC por presunto fraude bursátil ahora decide quién es culpable o inocente de infracciones municipales.
La Declaración Jurada que nunca llegó
Y volvamos a la Ordenanza 5110, que obliga a ciertos funcionarios a presentar su Declaración Jurada patrimonial. Una normativa clara, precisa, obligatoria. Una normativa que Graciarena simplemente ignora.
¿Dónde está el Concejo Deliberante exigiendo su cumplimiento? ¿Dónde están los concejales que votaron esa ordenanza defendiendo su aplicación? Brillan por su ausencia. Como siempre.
Porque en Zárate las ordenanzas son como las promesas electorales: suenan bien en el momento, pero nadie espera que se cumplan realmente.
El precedente que sienta (y que nos hunde)
Este caso no es solo sobre Graciarena. Es sobre el sistema. Es sobre un Concejo Deliberante que no controla. Es sobre un Intendente que no investiga a sus propios funcionarios. Es sobre una gestión municipal que prioriza la lealtad política por sobre la idoneidad y la transparencia.
Es sobre todos nosotros, ciudadanos de Zárate, que seguimos votando a quienes nos gobiernan como si estuviéramos eligiendo un mal menor, cuando en realidad estamos eligiendo entre versiones similares del mismo mal.
¿Qué mensaje manda este caso? Que podés tener un pasado turbio en Estados Unidos, ser imputado por la SEC, estar involucrado en un presunto fraude de 34 millones de dólares, y aun así terminar como Juez de Faltas en Zárate. Que las designaciones se hacen sin control. Que el Concejo Deliberante es apenas un sello de goma. Que la transparencia es un concepto decorativo que usamos en los discursos pero no en la práctica.
WikiLeaks versión zarateña: cuando la filtración molesta
Volvamos al principio. Las filtraciones incomodan. Esta filtración incomoda especialmente porque expone no solo el pasado cuestionable de un funcionario, sino la desidia institucional de quienes debieron controlarlo y no lo hicieron.
La SEC tiene el documento. El tribunal estadounidense tiene el expediente. La orden de congelación de activos existe. Todo está ahí, público, disponible, accesible. No es información confidencial. No requiere hackeos sofisticados. Solo requiere que alguien se tome el trabajo de buscar. De preguntar. De hacer su trabajo.
Pero claro, hacer el trabajo es incómodo cuando el resultado puede cuestionar decisiones propias. Es más fácil no buscar, no preguntar, no saber. La ignorancia como estrategia política. El desconocimiento como excusa institucional.
El silencio que grita
El silencio del Concejo Deliberante es ensordecedor. El silencio del Intendente Matzkin es revelador. El silencio de Graciarena es previsible. Y el silencio de los medios locales tradicionales es, lamentablemente, habitual.
En Zárate hemos normalizado que los funcionarios no rindan cuentas. Hemos aceptado que el control institucional sea una ficción. Hemos asumido que la política municipal es un club cerrado donde todos se protegen, todos se cubren, todos miran para otro lado cuando conviene.
Y mientras tanto, el vecino común paga. Paga las tasas que cobra un municipio opaco. Paga las multas que impone un Juez con pasado cuestionable. Paga el costo de una democracia local que funciona más como simulacro que como sistema de gobierno transparente.
¿Y ahora qué?
Esta filtración nos pone, como ciudadanos, ante una encrucijada. Podemos indignarnos durante dos días y después olvidar, como tantas veces. Podemos compartir la noticia en redes, comentar con amigos, y después seguir con nuestras vidas.
O podemos exigir respuestas. Podemos pedirle al Concejo Deliberante que convoque a Graciarena. Podemos exigir que presente la Declaración Jurada que debe por ordenanza. Podemos reclamar que se investigue cómo fue designado sin control previo. Podemos exigir que alguien se haga responsable.
Porque si no lo hacemos nosotros, nadie lo hará. El poder no se controla solo. La transparencia no se logra con buenas intenciones. La democracia local o la defendemos o la perdemos, y en Zárate hace rato que estamos jugando con fuego.
El final que no es final
Este artículo no tiene final feliz porque la historia aún no terminó. Graciarena sigue en su cargo. El Concejo Deliberante sigue en silencio. La Declaración Jurada sigue sin aparecer. Y los documentos de la SEC siguen ahí, disponibles, accesibles, ignorados por quienes deberían actuar.
Las filtraciones, decíamos al principio, no salvan al mundo. Pero nos dan herramientas. Nos dan información. Nos dan argumentos. Nos recuerdan que la verdad puede filtrarse, que el poder puede ser cuestionado, que los ciudadanos tenemos derecho a saber.
Lo que hagamos con esa información depende de nosotros. Podemos ser jueces o podemos ser cómplices. Podemos exigir transparencia o podemos aceptar la opacidad. Podemos defender la república o podemos resignarnos a la decadencia institucional.
En Zárate, como siempre, la pelota está en nuestro campo. La pregunta es si esta vez vamos a jugarla o, una vez más, vamos a dejarla pasar.
Los documentos están. Las preguntas están. Las respuestas, por ahora, brillan por su ausencia. Como el Concejo Deliberante. Como la Declaración Jurada de Graciarena. Como la vergüenza institucional que debería sentir quien designa funcionarios sin investigar su pasado.
WikiLeaks, Panama Papers, Cáffaro Papers… y ahora los Graciarena Files. Otro capítulo en la larga historia de filtraciones que incomodan a quienes prefieren gobernar en las sombras.
La transparencia no se concede. Se arranca. Y en Zárate, parece que hay que arrancarla con todo.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
