Del reclamo opositor al silencio cómplice: la metamorfosis de Matzkin
En mayo de 2022, cuando la política zarateña aún conservaba algunos resabios de dignidad institucional, el interbloque de Juntos presentaba, y el Concejo Deliberante aprobaba, el Expediente 141/22 por el que el Departamento Deliberativo se dirigía ‘al Departamento Ejecutivo Municipal a fin de solicitarle tenga a bien, habilitar el acceso del Sistema R.A.F.A.M. en los distintos Bloques que conforman este Honorable Cuerpo.’
Eran épocas en que el Interbloque de Juntos, que entre otros integraba al actual Intendente Marcelo Matzkin, era oposición. Eran tiempos donde las palabras aún tenían peso, donde los reclamos de transparencia no eran meras poses electorales. Eran otros tiempos, era otra la historia.
El pedido que se volvió incómodo
Lo que pedía este grupo de concejales era nada menos que ‘el cumplimiento de la Ordenanza N° 4342‘ sancionada en 2015 y que es contundente e inequívoca, puesto que no hace más que cumplir con la Resolución AG 449/11 del Honorable Tribunal de Cuentas de la Provincia de Buenos Aires, que en su artículo segundo plantea categóricamente que ‘el Departamento Ejecutivo deberá habilitar al Concejo Deliberante -mediante la asignación de usuarios y claves respectivas- el acceso al Sistema Informático RAFAM (Reforma de la Administración Financiera en el Ámbito Municipal) para que con carácter exclusivo de consulta, los Concejales puedan disponer de toda la información contenida en él’.
La claridad de la normativa no admite interpretaciones. No hay grises, no hay medias tintas: la ley es la ley. O debería serlo en una República que se precie de tal.
La amnesia selectiva del poder: de demandante a esquivo
Sin embargo, en diciembre de 2023, tras su asunción como Intendente, Marcelo Matzkin comenzó a sufrir una amnesia selectiva y a olvidar sistemáticamente lo que proclamaba cuando era concejal. En su discurso de asunción, paradójicamente, había manifestado que “Los gobernantes debemos ser transparentes, porque cuando no lo somos todo se presume que está mal hecho, y con justa razón”, palabras que hoy suenan como una burla cruel a sus propias convicciones pasadas.
Estamos en septiembre de 2025 y 10 años después de su sanción, la Ordenanza sigue sin aplicarse. Una década de incumplimiento sistemático que habla no solo de la desidia gubernamental, sino del desprecio institucional hacia el marco normativo que debería regir la administración pública municipal.
El oficialismo y su creatividad para la mentira
Pese a esta realidad incontrovertible, el oficialismo se empeña en afirmar con descaro que hay una computadora en el Concejo Deliberante desde la cual se puede acceder al RAFAM y que con eso se cumple la Ordenanza, lo cual es absolutamente falso. Esta afirmación constituye no solo una mentira descarada, sino una ofensa a la inteligencia ciudadana.
Pero además, lo de ‘hay una computadora’ es sumamente relativo y merece ser desenmascarado en toda su patetismo.
La computadora del escarnio: símbolo de una gestión mediocre
Esta es la computadora.
Parece un chiste, pero es la triste realidad de cómo entienden la transparencia en Zárate. Una notebook sin cargador y sin carga, abandonada y apoyada en una silla, supuestamente para el uso de 20 concejales. Esta imagen patética resume, mejor que mil palabras, el nivel de desprecio institucional que caracteriza a la gestión actual.
Así entienden Walter Unrein y Marcelo Matzkin la transparencia. Así facilitan supuestamente la labor de los concejales. Así dicen cumplir con la Ordenanza N° 4342, algo que es absolutamente falso y constituye una burla institucional de proporciones mayúsculas.
Walter Unrein, quien como presidente del Honorable Concejo Deliberante tomó juramento a Matzkin, se ha convertido en el cómplice silencioso de esta farsa, demostrando que su rol institucional se ha reducido a ser un mero validador de las decisiones del Ejecutivo.
El RAFAM: más que un sistema, una herramienta de control ciudadano
¿Qué es realmente el RAFAM?
De hecho, tal como se menciona en los considerandos de la Ordenanza, ‘el sistema RAFAM (Reforma de Administración Financiera en el Ámbito Municipal) no es otra cosa que un sistema informático que cumple con las características de sistema integrado, registro único’ y que brinda todas las salidas posibles de información financiera del municipio, en base a la existencia de una importantísima base de datos relacional que ‘fue creado a los efectos de mejorar la administración financiera de los municipios y al mismo tiempo armonizar la gestión de los recursos públicos con el sistema provincial y nacional.’
‘La utilidad del mismo surge claramente del texto de la ley: brindar información oportuna y confiable y evaluar la gestión de los responsables de la administración de los recursos públicos’ porque ‘dichas funciones convergen en un concepto superior de cualquier sistema de administración: EL CONTROL.’
El control como esencia republicana
Por ello, ‘el Concejo Deliberante debe ejercer dicha función administrativa a lo largo de todo el año para finalmente llegar al tratamiento de la Rendición de Cuentas’ donde se analizan aspectos cruciales como ‘el grado de cumplimiento de los objetivos planteados en el presupuesto, los informes de ejecución de gastos, las cantidades de bienes y servicios producidos por el Estado, las cuestiones del personal, las inversiones, el crédito público, etc.’
La justificación es republicana y democrática: ‘el tratamiento parlamentario de las cuentas públicas tiene su origen en el corazón mismo del sistema republicano, es decir en la división de poderes’. Por lo tanto, es indispensable contar con todas las salidas posibles de información financiera y con información confiable y oportuna para su tratamiento.
‘Es decir que requerimos el acceso al sistema RAFAM, para mejorar el control del uso de los fondos públicos, proteger el patrimonio del Estado y analizar la responsabilidad de los administradores.’
La ecuación perversa: sin control, solo discrecionalidad
La ordenanza es taxativa en su diagnóstico: ‘Un sistema administrativo sin control, es un sistema discrecional, arbitrario y oscuro.’ Esta frase define con precisión matemática lo que ocurre actualmente en Zárate: un gobierno que opera en las sombras, lejos del escrutinio ciudadano, protegido por la complicidad de un Concejo Deliberante que abdica de sus funciones.
Uno de los roles fundamentales que deben ejercer los Concejales es el de controlar los actos de gobierno, ver la evolución de los recursos que ingresan a las arcas municipales y cuál es el destino de los mismos. En definitiva, ‘el acceso al sistema RAFAM no implica ni más ni menos que la posibilidad de ejercer la representación del pueblo y las tareas propias de la función pública’ de los concejales de manera más eficiente y efectiva en pos de contribuir a la correcta utilización y administración de los recursos públicos.
La estrategia del ocultamiento: ¿qué esconde el gobierno municipal?
Y eso es exactamente lo que el gobierno municipal no quiere: que lo controlen. Que los concejales hagan lo que deben hacer.
La resistencia sistemática a cumplir con la normativa vigente no es casual ni ingenua. Responde a una estrategia deliberada de ocultamiento que busca mantener a los recursos públicos lejos del control ciudadano. Como ha documentado extensamente Príncipe del Manicomio, la gestión Matzkin se caracteriza por una opacidad creciente en el manejo de fondos públicos y una tendencia a la concentración de decisiones.
La complicidad del Concejo Deliberante
Y justo es decirlo: los concejales tampoco se preocupan por hacer cumplir la ley. Más allá de algún cacareo esporádico en alguna sesión, no han hecho absolutamente nada concreto por revertir la situación actual. Esta pasividad cómplice convierte al Concejo Deliberante en un co-responsable del estado de opacidad que caracteriza a la administración municipal.
El actual Concejo, presidido por Walter Unrein y con mayoría oficialista, ha demostrado que su función de control ha quedado relegada a un segundo plano, priorizando la gobernabilidad por sobre la transparencia.
El tiempo perdido: una década de incumplimiento
Como menciona la ordenanza N° 4342, ‘con el acceso directo al RAFAM los concejales podremos monitorear el estado de las distintas cuentas públicas del Municipio en cualquier momento del año, sin tener que esperar la discrecionalidad del funcionario de turno para remitir los ejecutados de gastos y la evolución de los recursos’.
Pero esa posibilidad de control ciudadano en tiempo real es algo que no quieren ni los concejales ni los funcionarios de turno. La comodidad de la opacidad se ha vuelto una zona de confort para ambos poderes del Estado municipal.
El costo de la opacidad para los zarateños
Mientras tanto, los ciudadanos de Zárate pagan el precio de esta irresponsabilidad institucional. Sin acceso a información transparente sobre el manejo de sus recursos, quedan a merced de las decisiones discrecionales de funcionarios que operan sin el debido control público.
La falta de transparencia se extiende a otros aspectos de la gestión, como el control de la nocturnidad, generando un clima de desconfianza institucional que erosiona la calidad democrática local.
La transformación necesaria: de la retórica a la acción
Lo dijimos más arriba: los tiempos en que se reclamaba el cumplimiento de la ley eran otros tiempos, era otra la historia. Hoy, el mismo Matzkin que exigía transparencia como concejal, la niega como Intendente. El mismo Unrein que debería garantizar el acceso a la información como Presidente del Concejo, se convierte en guardián de la opacidad.
El desafío ciudadano
Hay que cambiar la historia. Los zarateños merecen un gobierno que no solo predique transparencia en sus discursos de asunción, sino que la practique en cada acto de gestión. Merecen concejales que ejerzan su función de control sin temor a incomodar al Ejecutivo.
La notebook sin cargador apoyada en una silla debe convertirse en el símbolo de todo lo que está mal en la política zarateña: la mediocridad, la desidia y el desprecio hacia la ciudadanía.
La situación del RAFAM en Zárate trasciende lo meramente técnico o administrativo. Representa una prueba de fuego para la calidad institucional del distrito. Un test que, hasta ahora, tanto el Ejecutivo como el Legislativo han reprobado estrepitosamente.
El propio Matzkin reconocía en su campaña la importancia de “presentar proyectos solicitando transparencia”, pero una vez en el poder, esas convicciones se desvanecieron como humo en el viento.
Los zarateños tienen derecho a conocer, en tiempo real y sin intermediarios, cómo se manejan sus recursos. Tienen derecho a concejales que controlen efectivamente y no que se limiten a convalidar con su silencio las decisiones del Ejecutivo.
La historia debe cambiar, pero el cambio no vendrá de quienes se benefician del status quo. Vendrá de una ciudadanía que despierte y exija lo que por derecho le corresponde: un gobierno transparente, controlado y al servicio del pueblo.
Mientras tanto, esa notebook sin cargador seguirá allí, apoyada en su silla, como monumento a la mediocridad institucional que caracteriza estos tiempos en Zárate. Un símbolo que hay que derribar.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
