La elección del próximo 7 de septiembre es una elección legislativa, esto significa que no se eligen a quienes la mayoría de los vecinos creen que gobiernan, es decir quienes ejercen los cargos ejecutivos como el Gobernador o el Intendente, sino que elegimos a quienes integran otro de los actores gubernamentales: los legisladores.
En teoría, los concejales son los guardianes de la democracia local. Tienen que defender a los vecinos, frenar los abusos del intendente, revisar hasta el último centavo del presupuesto, controlar licitaciones y aprobar (o rechazar) la famosa Rendición de Cuentas. En la teoría…
La realidad de Zárate, sin embargo, es bastante menos épica. Acá, el Concejo Deliberante se parece más a una peña de amigos que se reúne cada tanto para levantar la mano. Y no cualquier mano: la mano que conviene al intendente de turno y con la que se pasa a cobrar.
Porque, seamos sinceros, ¿cuántas veces viste a un concejal plantarse en serio y decir ‘esto no lo apruebo porque huele mal’? Exacto: contadas con los dedos de una mano… y todavía te sobran dedos.
Un colador en lugar de una barrera
El Concejo debería ser la barrera que protege a los vecinos de los excesos del Departamento Ejecutivo Municipal. Pero la verdad es que funciona como un colador: por ahí pasa todo, desde bonificaciones ilegales hasta licitaciones hechas a medida para los amigos del poder. Y lo más grave es que pasa sin que nadie pestañee demasiado. A veces da la sensación de que la votación dura lo mismo que un bostezo.
Durante los últimos años, hemos visto cómo expedientes millonarios se aprueban en tiempo récord, mientras que los pedidos de informes de la oposición duermen en cajones o se responden con evasivas dignas de un manual de burocracia. ¿Transparencia? Una palabra que en el Concejo Deliberante zarateño parece estar escrita en un idioma que nadie entiende.
El oficialismo ha convertido al Concejo en una máquina de validar decisiones ya tomadas en el búnker municipal. No importa si se trata de aumentos salariales para funcionarios, adjudicaciones dudosas o modificaciones presupuestarias que benefician a los mismos de siempre: la mayoría automática de votos funciona como un piloto automático.
Los grandes ausentes: cuando conviene desaparecer
Además, está la otra cara del asunto: la ausencia. Muchos concejales ni siquiera aparecen. De repente, cuando hay que tratar un expediente caliente, el que debía estar en su banca está de viaje, enfermo o con ‘otros compromisos’. Y claro, después se ofenden cuando los vecinos los llaman ‘ñoquis de lujo’.
La estrategia del ausente se ha vuelto un clásico en Zárate: si no estás, no votás; si no votás, no te comprometes; si no te comprometes, podés seguir haciendo política sin aparecer manchadas las manos. Una lógica perversa que convierte al cargo de concejal en una sinecura con licencia para desaparecer.
¿Cuántas veces hemos visto bancas vacías justo cuando se debatían temas sensibles? ¿Casualidad? Por favor. Es una coreografía tan ensayada que hasta tiene su propio horario: los temas jodidos siempre quedan para cuando algunos ya se fueron.
7 de septiembre: ¿cheque en blanco o control real?
Por eso el 7 de septiembre no es una fecha más. Es el día en que los zarateños definimos si vamos a tener un Concejo que realmente controla al Ejecutivo o si seguimos con el modelo habitual: una escribanía de Matzkin.
Si el oficialismo mete más bancas, olvidate: el intendente tendrá cheque en blanco para seguir gobernando como si manejara su propio club privado. Pero si la oposición logra crecer, podría aparecer (al menos en teoría) un poco de aire fresco.
Claro que en Zárate ‘oposición’ muchas veces significa ‘negociemos un par de favores y vemos’. Porque acá ya se sabe: muchos concejales son opositores de día y oficialistas de noche. Todo depende de dónde sople el viento… o de quién pague el café.
¿Hace falta ejemplos? Basta recordar cómo se votaron algunas rendiciones de cuentas recientes: discursos críticos al micrófono, y a los cinco minutos, el voto verde como si nada. Una coreografía digna de teatro escolar.
Lo que realmente está en juego
Lo que está en juego, entonces, es bastante más grande de lo que parece. No se trata solo de renovar bancas: se trata de decidir si el Concejo va a ser alguna vez una línea de defensa de los vecinos, o si va a seguir siendo el club de fans del intendente de turno.
Porque ojo: cada vez que un concejal levanta la mano sin chistar, no está votando solo un expediente; está votando la calidad de vida de los vecinos. Está votando si la plata se usa en obras o en sobresueldos. Está votando si la política sirve para controlar al poder o para sacar una selfie en primera fila.
¿Qué tipo de Distrito queremos? ¿Uno donde los funcionarios se aumentan los sueldos mientras los vecinos esperan años por una cuadra de asfalto? ¿Uno donde las licitaciones se resuelven entre amigos mientras los servicios públicos se deterioran? ¿Uno donde el presupuesto se modifica a dedo mientras faltan recursos para salud y educación?
Y ahí está el dilema: ¿qué Concejo vamos a tener después del 7 de septiembre? ¿Uno que investigue, que haga preguntas incómodas, que incomode al Ejecutivo… o el de siempre, que prefiere mirar para otro lado y evitar problemas?
La ignorancia como política de Estado
Por ello una cuestión central y fundamental es conocer cuánto saben quienes se candidatean como para ser (o seguir siendo) concejales, porque es mucho lo que se pone en juego para dejarlo en manos de ignorantes.
Un ejemplo que lo dice todo.
El pasado 19 de agosto se aprobó en el Concejo Deliberante la Ordenanza 5293 que establece ‘como horarios de carga y descarga de vehículos el de 06:00 a 9:30 horas y el de 15:30 a 17:30 horas, de acuerdo al siguiente detalle de calles de la ciudad de Zárate: Leandro N. Alem desde Mitre hasta Bolívar, Alte. Brown desde Mitre hasta Bolívar. Justa Lima desde Mitre hasta Bolívar, 19 de Marzo desde Mitre hasta Bolívar, San Martín desde Mitre hasta Bolívar.’
El problema es que ni Leandro N. Alem, ni Alte. Brown, ni Justa Lima, ni 19 de Marzo ni San Martín son calles que ‘lleguen’ hasta Bolívar. Y eso los concejales lo saben, pero tienen la desidia de no preocuparse por lo que hacen, porque no hay ‘sanciones’ por hacer mal su trabajo… con la excepción de las elecciones, donde la ciudadanía debe poner a cada uno en su lugar.
Este es el nivel: aprueban ordenanzas que son geográficamente imposibles de cumplir. Y lo hacen como si nada, como quien firma un autógrafo. ¿Se imaginan este nivel de mediocridad en cualquier otro trabajo? Te echan al segundo día.
Pero acá no: acá la incompetencia se premia con la reelección, y la ignorancia se disfraza de pragmatismo político.
Cuando el intendente firma sin leer
A tal punto está funcionando mal el sistema político local que el Intendente firmó el Decreto N° 427/25 el pasado 26 de agosto, sin leer lo que firma por supuesto, y promulgó una ordenanza que está mal…
En el artículo 2 se faculta ‘al Departamento Ejecutivo Municipal a establecer, fuera del radio fijado en el Artículo 1°’, pero en el artículo 1° no se fijó ningún radio sino que se listaron calles.
¿Entienden la gravedad del asunto? Tenemos un Concejo que aprueba ordenanzas incorrectas y un Intendente que las promulga sin leer. Es el círculo perfecto de la mediocridad institucional.
Y muchos de estos burros quieren seguir siendo concejales. Y lo más grave: algunos probablemente lo logren, porque en Zárate la memoria electoral suele ser más corta que el mandato de un concejal.
La decisión: salir del pantano o hundirse más
Este es el momento de elegir entre seguir en la mierda o tratar de salir de ella.
En Zárate, las elecciones legislativas nunca son ‘de medio término’. Son, en realidad, la pulseada por el poder real: si el intendente gobierna con freno o con vía libre. Y conociendo la historia reciente, la pregunta no es menor.
Los zarateños tenemos una oportunidad histórica de cambiar el rumbo, de decir basta a la complicidad disfrazada de gobernabilidad, de ponerle límites reales a un Ejecutivo que se acostumbró a gobernar como si la ciudad fuera su feudo personal.
Pero ojo: no alcanza con votar en contra del oficialismo. Hay que votar por candidatos que demuestren conocimiento, compromiso y coraje para enfrentar al poder. Porque de nada sirve cambiar complicidad oficialista por complicidad opositora disfrazada.
El 7 de septiembre no elegimos solo concejales. Elegimos si queremos un Concejo Deliberante que trabaje o una escribanía municipal. Elegimos si la política sirve para controlar al poder o para validarlo. Elegimos si Zárate merece representantes a la altura de sus necesidades o si nos conformamos con más de lo mismo.
La pelota está en nuestro tejado. Y esta vez, no hay excusas para errarle al arco.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS

6 comentarios
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