🩸 Hay lugares que no duermen. Zárate directamente se desmaya y sueña con un Estado que funcione. Spoiler: se despierta con una pesadilla.
¿Quién nos cuida cuando cae el sol?
Mirá, seamos sinceros: todos sabemos que no puede haber un policía en cada esquina. Eso es cierto, y repetirlo es casi un lugar común. Pero lo que no es para nada común -ni tolerable- es que, cuando pasa algo grave, no haya nadie. Nadie de verdad. Ni un patrullero, ni una moto, ni una linterna mal apuntada. Ni siquiera una excusa.
Y cuando decimos ‘policía’, lo hacemos en sentido amplio. Porque el abandono no es solo responsabilidad de la Bonaerense. El COZ, ese cuerpo municipal que supuestamente vino a ‘acompañar la seguridad’, brilla por su ausencia en las noches calientes. Está, sí. Pero como el wifi en la plaza: lento, intermitente y más decorativo que útil.
Zárate, con problemas viejos que nadie quiere mirar
La verdad es que Zárate arrastra desde hace rato una relación enferma con la violencia nocturna. Una convivencia incómoda, como con ese vecino que grita a las tres de la mañana pero al que nadie le dice nada.
El caso Báez Sosa fue el golpe más duro. Y aunque ocurrió en Villa Gesell, los responsables eran de acá. Dolió. Marcó. Expuso. Y dejó una sensación difícil de sacar: eso podría haber pasado en Zárate. Fácil. Muy fácil.
Y si hoy no pasa algo igual, es más por azar que por prevención. Porque el clima social, la falta de límites y la ausencia total de controles son el combo perfecto. La violencia no es una rareza: es rutina y está normalizado.
Una gestión que juega a la escondida (y pierde)
Si hablamos de responsabilidades, hay que poner nombre y apellido. Durante los 558 días de gobierno de Marcelo Matzkin, el cargo de Jefe de Nocturnidad estuvo vacante más de un tercio del tiempo. Una función esencial que se trató como si fuera un cargo de relleno, un casillero a completar sin pensar mucho.
Tres personas ocuparon el puesto. Nadie sabe bien cómo llegaron a ocuparlo ni qué hicieron mientras estuvieron. Porque, spoiler número dos, nadie lo informó. Y así, la gestión de la noche zarateña se volvió una especie de juego de la silla: mucho movimiento, cero avance.
👉 En mayo de 2024 ya lo dijimos claro: ‘Nadie controla la nocturnidad en Zárate’.
👉 Un año después, podríamos escribir la misma nota, cambiarle la fecha y nadie lo notaría.
Autodespidos y autocontratos: el show de Sokol
El primero que intentó ‘gestionar’ la noche fue Azar. Dicen que algo hizo, aunque nadie pueda confirmar bien qué. Lo curioso es cómo se fue: lo bajó del cargo el propio Guillermo Sokol, que en ese momento firmaba como director general de Articulación.
La nota era de antología: ‘Tras una evaluación exhaustiva… concluimos que es necesario un cambio de liderazgo.’
Y ese cambio fue… él mismo.
Sí, el que lo echó ocupó el lugar del desplazado.
Un pase mágico, digno de Las Vegas, pero sin glamour. Zárate style.
Después vino el actual responsable, Ariel Jalil Abdala, que está en funciones desde hace más de tres meses. Y, bueno, está. Eso es todo. No se le conoce política alguna, ni recorridas, ni encuentros con vecinos, ni estrategia comunicacional. Nada. Ni siquiera un posteo con filtro sepia.
Otra noche, otro pibe al hospital. ¿Y después? Silencio.
El último fin de semana fue uno más, sí, pero también uno distinto.
Hubo violencia. Como siempre.
Hubo videos. Como casi siempre.
Y hubo un nivel de brutalidad que dejó helado a más de uno.
🩻 Un joven fue golpeado con una violencia demencial. Terminó en quirófano, peleando por su vida. Lo trasladaron a otro hospital porque ni el sistema local alcanzó para asistirlo bien.
📍 A pocas cuadras, otro pibe quedó tirado e inconsciente tras una patada directa al cráneo. El video publicado por https://deltacom.ar/ es tremendo.
Lo que se ve es casi un crimen en cámara lenta. Y duele pensarlo, pero si esa patada iba apenas más arriba, estábamos hablando de otro Báez Sosa.
La diferencia fue milimétrica.
La irresponsabilidad del Estado, no. Esa fue total.
¿Y el Municipio? Bien, gracias. ¿Y el Concejo? Aplausos.
A esta altura, uno esperaría que alguien, al menos uno, levante la mano para tratar el tema. Que aparezca una reacción. Un comunicado. Un plan. Una ordenanza.
Pero no.
El Ejecutivo municipal sigue en piloto automático. Matzkin juega a mostrar seguridad con videos de operativos fugaces, llenos de luces y humo, pero sin profundidad. Le pone más onda a los posteos que a la política real. Si la seguridad fuera una cuenta de Instagram, ahí sí capaz tendría más presupuesto.
Y el Concejo Deliberante, bueno… ahí están.
Firmes. Sólidos. Inamovibles.
Como si los hubieran pegado con la gotita a las bancas.
👉 No hay debate serio.
👉 No hay iniciativa concreta.
👉 No hay nadie que se anime a poner bajo la lupa lo que pasa de verdad cuando cae la noche.
El momento de actuar fue ayer. Hoy ya estamos tarde.
La violencia no es un fenómeno aislado.
Es un síntoma.
Una señal clara de que el Estado se corrió.
De que la gestión se volvió simulacro.
Y que la sociedad -por cansancio o resignación- aprendió a sobrevivir sola.
Pero esto no es sostenible. Zárate no puede vivir al borde del colapso permanentemente y en especial cada fin de semana.
No podemos acostumbrarnos a esperar que ‘la próxima vez’ sea la fatal.
Porque si todo sigue igual, la próxima vez no va a ser un susto. Va a ser una tragedia con nombre y apellido, rostro, con velas en la plaza y frases prefabricadas de funcionarios en modo luto. Y ahí sí, vendrán los ‘vamos a actuar’ de siempre.
Tarde. Como siempre.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
