Decía Raúl Alfonsín en octubre de 1983 ‘Los más altos dirigentes justicialistas han dicho que las elecciones no las ganará ningún candidato sino que las va a ganar Perón, así como el Cid Campeador venció muerto una batalla. Me pregunto, como se preguntan millones de argentinos, entonces, ¿Quién va a gobernar en la Argentina? Y me lo pregunto al igual que millones de argentinos, porque todos recordamos muy bien lo que ocurrió cuando murió Perón. En ese momento, se produjo una crisis de autoridad que ocasionó grandes daños al país. En esos años, hubo quienes tomaron decisiones desacertadas, hubo quienes actuaron irresponsablemente, hubo quienes procedieron con buena voluntad y hubo quienes lo hicieron de manera criminal. Pero lo cierto es que sucedía algo más importante: nadie sabía realmente quién gobernaba en verdad a la Argentina.’
Y algo parecido, salvando las distancias históricas, ocurre hoy en Argentina.
Uno escucha a Cristina Fernández sin hacerse cargo del accionar del gobierno que integra y como casi 40 años atrás, da para preguntarse ¿Quién gobierna en la Argentina? Y no porque esperemos verticalismo y obediencia debida en un frente electoral, sino porque cuando las diferencias son mayores que las coincidencias, por más fuertes que estas sean, es difícil imaginar la pertenencia a un grupo en común. Parece más la conveniencia circunstancial del momento que la consecuencia de, por ejemplo, la amplitud del Movimiento, que supo tener en su seno a Montoneros y la Alianza Anticomunista Argentina, la famosa Triple A, con sus respectivas patria socialista y patria peronista. Pero en este caso no se trata de marcar el destino que debe seguir un gobierno sino de apoyarlo o no.
¿Alguien puede dudar que hoy por hoy, como dijera Alfonsín, Argentina tiene una crisis de autoridad? Lo curioso del caso es que no tiene que ver con el fallecimiento del Presidente sino con el ninguneo constante al que es sometido por su propio frente electoral.
Uno puede tener coincidencias y diferencias, pero uno no puede ser oficialista y oposición, puesto que si la oposición al gobierno es el propio gobierno, ¿Qué son quienes no pertenecen a él?
Algo parecido ocurre en Zárate entre las dos figuras gubernamentales más importantes, el Intendente y el Presidente del Concejo Deliberante.
En su afán de cobrar protagonismo, y al no poder hacerlo con ideas y propuestas, Leandro Matilla pretende plantarse como opositor al Intendente sin dejar de ser oficialismo, un oxímoron, pero a diferencia de lo que ocurre a nivel nacional, él y su bloque aportan los votos que el gobierno necesita para imponer sus propuestas.
El kirchnerismo cuando quiso marcar diferencias lo hizo oponiéndose al acuerdo del país con el Fondo Monetario Internacional y el gobierno debió recurrir a los votos de la oposición para lograr alcanzar la aprobación del acuerdo. En Zárate el Ejecutivo municipal logra aprobar todas las Ordenanzas que quiere, de la mano de los votos del bloque peronista. Se ve que aunque proclame lo contrario, Matilla más que kirchnerista es peronista de la vieja guardia, de esos que actúan siguiendo el verticalismo en todo momento y lugar.
Y el verticalismo en el peronismo lo marca quien tiene el poder… que no siempre es quien ocupa el gobierno. La ejemplificación más clara al respecto es el viejo slogan ‘Cámpora al gobierno, Perón al poder’.
En los próximos días habrá que discutir, como hace unos días se discutió en la Nación, el Presupuesto para el próximo año, y ¿Qué hará entonces el peronismo zarateño? ¿Seguirá jugando a ser oficialismo y oposición o se hará cargo, por una vez en la historia local, de hacer lo que se debe hacer? ¿Harán lo que quieren hacer o harán lo que Cáffaro les diga que hagan? ¿O acaso lo que quieren hacer es lo que quiere Cáffaro?
Como siempre pasa, cada vez que se termina la fiesta, cada uno quiere salvar su ropa… pero como dijera Kevin Johansen…
Ya se acabó
Ya es el fin de fiesta
Y nace el tan temido qué dirán
Si se fue con él
Si ella se fue con ella
Los que no entregaron, ya lo harán
Si la vida es una orgía lenta
Lo mejor debe estar por llegar…
