Como dijera Julio Numhauser, ‘Cambia el modo de pensar, cambia todo en este mundo’, es tan válido que uno modifique su ideario de acuerdo a nuevos nutrientes idearios que permiten valorar la realidad de otra manera, como que no lo haga porque pese a nuevas interpretaciones la conclusión a la que se llega es la misma que se poseía previamente, en política lo que no es válido es ser un saltimbanqui oportunista cuando las ideas que se defiendes son unas… y las contrarias.
Lamentablemente sobran ejemplos de dirigentes que han pasado por múltiples expresiones políticas, incluso generando una propia, a fin de poder mantenerse en el candelero sin tener mayor coherencia ideológica en su accionar. Quizás los ejemplos más notorios sean Alberto Fernández, Sergio Massa o Patricia Bullrich, a quienes es difícil poder describir ideológicamente porque como el camaleón suelen modificar su apariencia en función de las circunstancias. Hay quienes lo llaman pragmatismo, yo prefiero denominarlo panquequismo.
Sin embargo es más difícil encontrar casos que, en poco tiempo, hagan giros copernicanos hacia un lado… y el reverso.
Quizás uno de los ejemplos más curiosos sea el de Daniel Ivoskus, hoy dirigente de Juntos por el Cambio.
Militando junto a su padre Ricardo, y ocupando cargos en el Municipio de San Martín, lo siguió en el camino de garantizar sus espacios de poder, sea desde donde sea, y así pasó de militar en la histórica Corriente de Opinión Nacional liderada en el Radicalismo por Federico Storani, a candidatearse como precandidato a Intendente de aquel distrito del conurbano bonaerense… por el Frente para la Victoria. Corría el año 2011 y desde su puesto de Secretario de Gobierno municipal buscaba mantener la dinastía familiar y para sostener su proyecto inauguró frente a la plaza principal del Municipio un local partidario. Allí, acompañado de numerosas agrupaciones peronistas afirmó que ‘nuestro desafío no es ganar elecciones, sino transformar realidades’.
Ricardo Ivoskus, el padre, había llegado a la titularidad del Departamento Ejecutivo en 1999 encabezando la boleta de la Alianza, y, como en muchos otros municipios, a cambio de dinero fresco para obras, mutó en candidato kirchnerista Su hijo Daniel buscaba entonces profundizar dicha mutación.
Pero el tiempo pasó, y todo cambió.
Días atrás, y acompañado por la plana mayor de la amnésica conducción del Radicalismo bonaerense, que apoya todo lo que le pueda redituar algún voto, Daniel Ivoskus inauguró un local, un poco más alejado del céntrico local kirchnerista, algo lógico teniendo en cuenta que el Municipio ahora no lo conduce el padre sino a quien Gabriel Katopodis dejó a cargo cuando pidió licencia para asumir de ministro, Fernando Moreira.
En esta oportunidad las expectativas son más modestas. Ya no se trata de transformar realidades sino ayudar porque ‘tenemos ganas de apoyar al radicalismo para que San Martín salga adelante’. ¿Lo que no queda en claro es ganas de qué tendrán más adelante si les vuelve a tocar la posibilidad de conducir el Municipio y son tentados de hacer, una vez más, la personal? ¿Seguirán teniendo ganas de apoyar un proyecto colectivo o se conformarán con apoyar un proyecto minibús familiar?
Entre ambas aperturas pasó poco más de una década.
De la mano de la construcción de un partido local supieron buscar nuevas alianzas para oponerse a su alianza original y ahora vuelven a abrevar en las mismas aguas para, juntos a sus socios originales, enfrentarse a quienes fueron sus socios hasta hace poco. ¿Cuál es la diferencia? Si estaban o no en el gobierno. Si querían mantenerse en él o quieren desplazar a quien ostenta el poder local.
Lo curioso del caso es el arropamiento de las autoridades radicales provinciales. Queda en claro que nadie puede aportarle al Radicalismo en San Martín tantos votos como la familia Ivoskus, y como en la democracia argentina los votos son fundamentales, eligen cerrar los ojos, olvidar el pasado y aunar objetivos en pos de las necesidades del momento. Aun cuando se espere una nueva traición a los ideales una vez alcanzado el poder.
Supo ser candidato radical, kirchnerista, del Frente Progresista Cívico y Social, y una vez más radical… como diría Gieco, tocó con todos, aunque bajo la cobertura siempre del ‘Ivoskusismo’. Caciquismo local.
Queda claro que lo que importa y lo que en definitiva es la razón de ser actual de los partidos políticos, es capturar votos para mantener, como premisa mínima, y expandir, como máxima, la porción de poder que se cuenta, y entonces se nutren de cualquiera, CUALQUIERA, que pueda garantizar dichos propósitos. Viendo la otra cara de la moneda, quién logra movilizar un caudal de votos se vende al mejor postor a fin de poder obtener, en contraprestación, el mayor rédito de sus capacidades.
Pasó una década y pasó de todo. Y se sientan a negociar a una mesa como verdaderos extraños… aunque con objetivos comunes, al fin de cuenta coinciden todos en una misma cuestión, ‘como cambian las cosas los años’.
Cualquier similitud es simple coincidencia de la política moderna.
Este relato pasó en San Martín, pasó en muchos sitios de la Provincia… ¿Pasará en Zárate?


