Desde chicos, en general, nos formaron en la importancia de ser un ganador en la vida, porque los buenos siempre triunfan, porque como dijera Ayrton Senna ‘el segundo es el primero de los perdedores’ o como dijera Carlos Bilardo ‘el segundo (puesto) es el mejor de los perdedores’. Sin embargo no tenemos por qué repetir patrones que traemos desde la infancia y que no son buenos.
Estoy convencido que el viaje, y con quien se lo realiza, es más importante que el destino, sobre todo porque la llegada a destino no es más que una foto circunstancial mientras que el viaje es un proceso que lleva mucho más tiempo y que requiere, necesariamente, ser más placentero, porque si no se disfruta del proceso menos se podrá disfrutar llegar a destino.
El fin no justifica los medios, por eso es tan importante tener buenos medios y trabajar en ellos y con ellos para poder alcanzar buenos fines.
A diario trato de pregonar esto en mi hijo, está bien que compita cuando juega básquet, pero más importante es que disfrute del juego, el resultado es tan solo una circunstancia y no siempre refleja la realidad. Es tan solo una foto. Es un momento.
Trato de pregonárselo junto a sus profesores, todos quienes lo acompañamos en su juego, porque al fin de cuentas no es más que un juego.
El problema aparece cuando esto ya no se ve como un juego y cuando el fin comienza a justificar cualquier medio. Cuando el resultadismo pasa a ser la guía de nuestro accionar y el éxito o el fracaso pasa por un resultado.
En un club la práctica del deporte no es un juego de suma cero en el que cuando se obtiene un buen resultado se gana y cuando se obtiene uno malo se pierde. En un club hay momentos en que un mal resultado también es ganancia porque permite aprender de los errores. Para ello es fundamental que el criterio sea compartido por quienes acompañan a quienes juegan, para que no se crean que cuando finalizan segundos son los primeros perdedores.
Sin embargo el Intendente Osvaldo Cáffaro no lo entiende así.
Zárate Basket perdió las finales por el ascenso a la Liga Nacional y mientras que cuando triunfaba el Intendente se sumaba al éxito y a las celebraciones, en esta oportunidad no hubo ni una frase de aliento público.
Cuando ganaba twitteaba, ahora que se perdió calla.
Quizás tenga que ver con que el Club Unión de Zárate no es un Club, es un mascarón de proa de un capricho personal, y en consecuencia los patrones de acción difieren, y entonces no importa el proceso, el ejemplo hacia las divisiones inferiores, el proceso de construcción, sino tan solo un resultado.
Y junto a la derrota de Zárate Basket también perdió el propio Intendente, quien veía en el éxito deportivo su propio éxito, y así acompañó en la cancha al equipo porque era su equipo.
Y su equipo no pudo darle los resultados esperados.
Hoy Zárate Basket quedó eliminado y de acuerdo al reglamento el próximo campeonato deberá jugar una vez más la Liga Argentina. ¿La jugará? ¿Volverá a derrochar los millones de pesos que ya se derrocharon en estos años, dejando de lado la seguridad, infraestructura, salud, etc.? La sociedad zarateña se merece otro trato mucho más acorde a sus necesidades.
No compartimos la creación de un Club ficticio y mucho menos su financiamiento con dineros públicos que deberían volcarse, en nuestra opinión, en necesidades urgentes que tiene el Partido de Zárate y que son desatendidos mientras se destinan millones a un equipo de básquet, pero quienes sí lo comparten no deberían borrarse cuando la mano viene chueca.
La política del éxito es cortoplacista y desgraciada, no es el camino a transitar.
El éxito como política solo expone la calidad personal de quienes la practican.
