El viernes pasado se conoció por propia palabra de uno de sus beneficiarios, la existencia de un plan de vacunación VIP en la Argentina, el cual funcionaba en el propio Ministerio de Salud de la Nación.
Quizás sean los fantasmas del viejo Ministerio de Bienestar Social, que acostumbrados a hacer cosas al margen de la ley como en el gobierno peronista de los ’70, accionan de manera ilegal, como cuando José López Rega, como ministro, comandaba la Alianza Anticomunista Argentina desde su edificio.
Fue Horacio Verbitzky quien contó en Radio El Destape que se comunicó con el Ministro de Salud Ginés González García para decirle que se quería vacunar, y según afirmó, el Ministro le indicó que fuera al Hospital Posadas que allí lo inocularían con la vacuna Sputnik V.
Lamentablemente no es una novedad el que no se respete el criterio estipulado para determinar el orden de vacunación, lo curioso de este caso es quienes son los involucrados y que desde el más alto nivel del Ministerio se promueva la violación de lo que ellos mismos estipularon montando una suerte de minimercado de vacunas al que, contando con ciertas influencias, se accede a un menú de opciones de vacunación.
Así lo hizo saber el propio Verbitzky, quien afirmó que tras una comunicación del Secretario del Ministro la vacunación se llevó a cabo en el Ministerio de Salud.
A modo de descargo, y pretendiendo licuar culpas, Verbitzky mencionó como al pasar que el número 2 del Grupo Clarin, José Antonio Aranda, también gozaría de sus mismos privilegios pero que se efectivizaría la semana próxima porque eligió otro producto del minimercado, en su caso optaba por la vacuna de Astra Zeneca y la Universidad de Oxford, aunque desde el Grupo Clarin ya lo desmintieron.
Los hechos relatados por Verbitzky están en investigación judicial, y está bien que así sea porque el hecho es de una gravedad inusitada, es la mejor demostración de quienes dicen gobernar para todos gobiernan para sus amigos.
La impudicia con la que Verbitzky contó el proceso de como accedió a la posibilidad de vacunarse expone como lo importante no es ser poderoso sino tener el teléfono de los poderosos, que permite que desde las sombras se acceda a las mieles del poder sin sufrirlo, lo que es muy curioso es que Verbitzky decidió salir de las sombras.
El audio completo de las declaraciones de Horacio Verbitzky se puede escuchar aquí https://radiocut.fm/audiocut/verbitsky-y-como-se-vacuno/
¿Por qué habló Verbitzky? ¿Para demostrar que quienes ostentan el poder hacen lo que quieren sin necesidad de rendir cuentas? ¿Fue un exabrupto? Cuesta creer en la ‘inocencia’ de su mensaje, aunque afirme que ‘es porque no advertí que fuera algo incorrecto, el ejercicio de un privilegio. Habrá quienes duden, porque a lo largo de tantos años se fue estructurando un estereotipo sobre mí que excluye actos ingenuos o simplemente estúpidos.’, y sí, realmente es para dudar.
Como cuesta entender por qué el Presidente le pide la renuncia al ministro en lugar de echarlo. ¿El Presidente no sabía qué ocurría? ¿La vicepresidente tampoco sabía nada? ¿La nueva Ministra del área no conocía lo que pasaba en el ministerio? Cuesta creer que Ginés González García haya implementado todo sin que nadie sepa, y mucho más, cuesta creer en el mensaje cobarde de su renuncia de responsabilizar a su Secretaría Privada.
Ahora bien, en qué se diferencia la vacunación de Verbiztky de la de diferentes funcionarios que han sido vacunados tan solo por su rol institucional y la decisión política de vacunarlos. ¿Por qué indigna Verbitzky y no un Intendente? ¿Por qué como sociedad no vemos mal que un Ministro o un Gobernador se puede vacunar sin respetar su turno pero indigna tanto que lo mismo ocurra con un periodista?
¿Por qué lo que antes eran travesuras ahora es tan tremendo? ¿Qué hay detrás de las palabras de Verbitzky y la caída de González García?
Quienes pretendieron hacer de la transparencia y el accionar pensando en todos, rápidamente arriaron su bandera y pretenden que pase rápidamente el tiempo para que otra noticia tape esta realidad.
Jorge Taiana y Eduardo Valdéz, dos de los vacunados afirmaron impúdicamente en su defensa que ‘Jamás ejercimos un privilegio. Nuestro caso aplica a la categoría prioritaria de “Personal estratégico: toda persona que desarrolle funciones de gestión y/o conducción y funciones estratégicas necesarias para el adecuado funcionamiento del Estado” tal cual lo establece el “Plan Estratégico para la vacunación contra la COVID-19 en Argentina”, Resolución 2883/2020, que fija los “Criterios para la priorización de personas a vacunar” y frente a la inminencia del viaje, nunca antes, procedimos a aplicarnos la vacuna, estando comprendidos dentro de las prioridades fijadas, a saber:
– El riesgo de padecer formas graves de enfermedad
– Las actividades con más riesgo de exposición
– Aquellas actividades consideradas estratégicas para el adecuado funcionamiento del estado.’
Pero entonces ¿Por qué se mantuvo en secreto? ¿Quiénes más están incluidos en el ‘Plan Estratégico para la vacunación contra la COVID-19 en Argentina’? ¿Cuál es el límite? Cuando se declaró la pandemia se incluyó la provisión de alimentos entre las actividades esenciales, ¿Por qué hay vacunas para ciertos funcionarios y no para las cajeras de supermercados o quienes trabajan en la distribución de alimentos?
El 28 de mayo de 1991, el presidente checoslovaco Václav Havel aceptó el Premio Sonning por su contribución a la civilización europea que otorga la Universidad de Copenhague desde 1950. Al momento de recibir el premio Havel, dio un discurso muy interesante respecto por qué una persona puede desear el poder político. Entre otras cosas dijo el dramaturgo devenido en líder político ‘voy a un médico especial, no tengo que conducir un automóvil y mi conductor no necesita perder los estribos al pasar por Praga a paso de tortuga. No necesito cocinar o comprar para mí, y ni siquiera necesito marcar mi propio teléfono cuando quiero hablar con alguien. En otras palabras, me encuentro en el mundo de los privilegios, excepciones, ventajas; en el mundo de los VIP que gradualmente pierden la noción de cuánto cuesta la mantequilla o el boleto de un tranvía, cómo preparar una taza de café, cómo conducir un automóvil y cómo hacer una llamada telefónica. Me encuentro en el umbral mismo del mundo de los gatos gordos comunistas a quienes he criticado toda mi vida. Y lo peor de todo, todo tiene su propia lógica inexpugnable. Sería ridículo y despreciable para mí perder una reunión que sirviera a los intereses de mi país porque había pasado mi tiempo presidencial en la sala de espera de un dentista, o haciendo fila para comer carne, o luchando nerviosamente contra el decrépito sistema telefónico de Praga, o participando en la desesperada tarea de encontrar un taxi en Praga cuando obviamente no soy de Occidente y, por lo tanto, no estoy en posesión de dólares. Pero, ¿Dónde se detienen la lógica y la necesidad objetiva y comienzan las excusas? ¿Dónde se detiene el interés del país y comienza el amor a los privilegios? ¿Sabemos, y somos capaces de reconocer, el momento en que dejamos de preocuparnos por los intereses del país por el bien de los cuales toleramos estos privilegios y comenzamos a preocuparnos por las ventajas en sí mismas, lo que disculpamos apelando a los intereses del país?’
¿Qué más ocurre respecto a las vacunas y el plan de vacunación que no conocemos?
Hay muchas teorías, y pocos responsables. Hay muchas dudas, y ninguna certeza.
