No es la primera vez que ocurre, ya había pasado cuando había twitteado la muerte de una médica por COVID-19 y sin reconocer su error borró el posteo creyendo que de esa manera nadie recordaría que se había equivocado. Es la creencia que ‘muerto el perro se acabó la rabia’, pero lamentablemente no es así y mucho menos para un funcionario público que tiene mayores responsabilidades.
Y Rosana Núñez lo volvió a hacer.
Borró la respuesta en la que explicaba que la discriminación había sido un mensaje en el que en un grupo de WhatsApp de Educación, Walter López decía que el lugar en donde había sido tomada la fotografía, que Núñez recortó, no era donde debía estar el personal de salud, que era quien protagonizaba la instantánea. Me hubiera gustado decirle a López que, a mi entender, Núñez estaba equivocada, pero también él, como Núñez y tantos otros, bloquearon mi cuenta porque no quieren ni les gusta que alguien les diga que las cosas se pueden hacer mejor, aunque éste no sea el caso.
¿Por qué lo borró? ¿Por qué no hacerse cargo de lo que uno hace?
A esta altura del partido, avanzado ya el segundo tiempo, uno ya es lo suficientemente grande como para asumir las responsabilidades que se derivan de nuestros actos.
No se entiende por qué repitió el mal proceder. ¿Actuó por impulso al postear? ¿Actuó por impulso al borrar? Un gobernante debe meditar más y mejor su accionar. ¿Está equilibrada la Secretaria de Salud como para meditar mejor sus actos y no hacer marchas y contramarchas que exponen lo dubitativo de su accionar? La misma reflexión aplica para su jefe, el intendente municipal.
Los posteos, tanto de Rosana Nuñez como de Osvaldo Cáffaro, fueron muy graves, realizaron duras acusaciones de hechos violentos y discriminatorios, lindando con lo penal.
Decía mi suegro, ‘a la jeta hay que ponerle el lomo‘, y si uno se equivocó se debe tener la hidalguía de reconocerlo, pedir disculpas e intentar reparar lo provocado, pero la peor solución es borrar lo realizado y seguir como si aquí no pasó nada.
Sería oportuno que la Secretaria aplicara los criterios del kintsugi japonés.
Las heridas no se deben ocultar, se deben cicatrizar y seguir adelante porque ellas nos hacen ser quienes somos, mejores cada día, no pretender hacerse la ‘vístima’…
En lugar de preocuparse tanto por lo que pone o borra de las redes sociales debería procurar que se haga mejor el trabajo del área a su cargo, por ejemplo los partes epidemiológicos diarios, los que tienen que reflejar la realidad y no deben ser dibujados.

A las claras está que por más que se presente como peronista, ella es marxista, de la línea dura de Julius Henry, y hace propio su lema ‘Estos son mis principios, si no le gustan, tengo otros’.
Igualmente no todo está perdido, ayer a última hora la Secretaria de Salud ensayó una autocrítica y señaló que ‘La pandemia sacó a relucir las peores miserias’. Qué bueno que se haya dado cuenta y ojalá cambie su proceder, eso la ayudará a que ya no tenga una tristeza que le invada el alma.



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