Días atrás exponíamos como el Gobierno había falseado los números por más de cinco meses informando a la ciudadanía menos casos que los realmente se registraban, tanto en positivos como en fallecidos y argumentábamos que eso se debía a la necesidad de exhibir buenos resultados de la política de Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO) sostenibles en el tiempo, y que tras la semana epidemiológica (SE) 34 (SE 37 en el caso de los fallecidos) había comenzado el camino inverso, informando más casos que los reales, a fin de poder adecuar los datos exhibidos a la realidad.
En aquel artículo, entendíamos que esto era imprescindible porque durante mucho tiempo se había sub informado y era preciso empezar a mostrar lo que realmente ocurre en el país.
Durante más de cinco meses se pretendió mostrar la efectividad del ASPO a partir de la presentación de números por debajo de la realidad, en las últimas tres semanas se consolidó la presentación de una realidad por encima de lo que realmente ocurre, y el relato logró, en general, equiparar la realidad que reportan los datos oficiales de las bases de datos del Ministerio de Salud de la Nación.
Cierto es que se logró achicar la brecha, que hasta la SE 37 era de 21059 casos positivos y 3845 muertos hasta la SE 34, que fue el momento en que comenzó a revertirse la situación.
Hoy en día la realidad está alineada entre dato y relato, logrado a partir de haber informado en la última semana un 24,3% más de casos positivos y un 618,6% más de fallecidos que los reales.
Y esta realidad atraviesa a casi todas las jurisdicciones, con la excepción de Misiones y Formosa entre los casos positivos, realidad previsible considerando que son las dos jurisdicciones que se caracterizan por contabilizar enfermos que, días después, son reasignados a otros Distritos. En lo relativo a los fallecidos la situación es más curiosa, puesto que casi todas las jurisdicciones buscaron adecuar sus números a la realidad, y son varios los casos que lo han logrado, pero en otros casos se plantean realidades sumamente particulares, por ejemplo Chubut. Según la base de datos en la provincia patagónica fallecieron por COVID-19 57 residentes en la provincia, pero según el relato oficial de cada día, fueron 101 los chubutenses que fallecieron producto de la pandemia, casi el doble. Lo curioso es que la información que se anuncia se afirma que es obtenida de los registros realizados por cada jurisdicción, y Chubut cargó casi la mitad de los casos anunciados.
Llamativamente el informe diario le asigna 53 fallecidos a Chubut el 1 de octubre, que al día siguiente corrige a los 6 que dicen son los reales.
¿Se trata de un error? En boca del mentiroso lo cierto se hace dudoso.
Esto ocurrió el día en que se cargaron los fallecidos que Buenos Aires no había cargado al SISA, y trajo como consecuencia un error estadístico que se mantiene hasta el momento de la escritura de esta artículo. En el parte corregido del 1 de octubre se afirma que ‘En las últimas 24 horas, se notificaron 3352 nuevas muertes, son 1789 hombres y 1542 mujeres. ‘ y efectivamente la suma de los hombres fallecidos en cada jurisdicción da 1789 y la suma de las mujeres fallecidas en cada jurisdicción da 1542… pero 1789 más 1542 no da 3352, suma (y error) que se arrastró del parte original del 1 de octubre.
Cuando la información es tan endeble se ponen en entredicho las políticas que se adoptan a partir de ésta, porque no se entiende la relación entre diagnóstico y acciones paliativas. Y esta es la realidad que se observa del análisis de los datos del COVID-19 en Argentina.
Las próximas semanas expondrán si Argentina logra exhibir estadísticas fiables o sí, como en un déja-vu procura no ‘estigmatizar’ a quienes enferman o se produce un ‘apagón estadístico’ de fallecidos como el que supo tener por más de seis meses la provincia de Buenos Aires.
Es necesario que se termine el relato, se pase a los datos y se pueda conocer cuál es la situación real epidemiológica del país.
Los argentinos ya estamos grandes para conocer la verdad, los argentinos merecemos conocer la verdad.
Porque contradiciendo el consejo de Serú Girán, seguiremos contando lo que vemos detrás de los espejos.
