Del 0-2 al 3-2: una remontada para la historia
El martes 7 de julio de 2026, en el Estadio de Atlanta, la Selección Argentina se comió dos palos de entrada. Egipto, sabiendo aprovechar las oportunidades, le clavó un 0-2 que olía a eliminación. La posesión no alcanzaba, el Dibu Martínez ya había recibido los goles y el reloj corría con crueldad. Cualquiera que haya mirado el partido, y los datos de ESPN lo confirman: 64% de posesión, 7 tiros a meta, gol de Cuti Romero al 61′, empate de Lionel Messi y victoria agónica de Enzo Fernández al 90+2′, sabe que esto no fue suerte. Fue convicción cuando el cuerpo ya pedía permiso para rendirse.
La verdad es que el fútbol, a veces, escribe metáforas perfectas. Y esta es una de esas. Porque Zárate lleva décadas con el marcador en contra, pero sigue sin encontrar el equipo que se anime a empatar, menos aún a dar vuelta el resultado.
Armar un equipo, no una suma de apellidos
Scaloni no acumuló nombres, aunque muchos de ellos sean rutilantes. Armó un equipo. No es magia, es trabajo de hormiga. Es entender que un grupo no es una foto de candidatos sonriendo forzado, sino gente que entrena junta, se pelea, se reconcilia y apuesta a algo en común.
En Zárate, en cambio, la política parece una feria de vanidades donde cada uno monta su puestito. Durante años, Osvaldo Cáffaro, maestro mayor de obras, socialista de juventud, fundador de Nuevo Zárate y luego refugiado en el Frente de Todos, manejó la intendencia como un club de fidelidades personales. Gobernó desde 2007, se reeligió en 2011 con un aplastante 66%, en 2015 con el 39,71% y en 2019 con el 59,97% de los votos.
Un tipo que supo leer el tablero, eso hay que admitirlo. Pero leyó demasiado bien: antes de cumplir los dos años de su último mandato, pidió licencia para ir al Ministerio de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación, intentando saltear la prohibición de reelección. A las pocas semanas, volvió. Como si nada.
Eso no es armar un equipo. Es hacer jueguito individual mientras el equipo se desarma.
Un objetivo claro: ganarle al statu quo
Argentina entró al campo sabiendo exactamente qué quería: pasar a cuartos. No había plan B, no había ‘veamos qué pasa’. El objetivo era claro, medible, obsesivo. Y eso, en política, es lo primero que se pierde.
En Zárate, ¿cuál es el objetivo? ¿Seguir administrando lo mismo con otros nombres? En las elecciones de 2023, Marcelo Matzkin ganó por apenas 2,65 puntos.
Un triunfo ajustado, casi de casualidad, que no escondió una realidad incómoda: el Distrito sigue dividida entre lo viejo y lo viejo con corbata nueva.
Es decir: más de la mitad de los zarateños votó contra algo, pero nadie logró que voten a favor de otra cosa. Y eso es el problema. No alcanza con ganarle al tipo de enfrente si no tenés una idea de adónde querés llevar la pelota.
Y Matzkin no lo sabía. Ganó sin proyecto, sin ideas, sin equipo.
‘No te des por vencido, ni aun vencido’: la lección que Cáffaro nunca leyó
Pedro Bonifacio Palacios, Almafuerte, escribió en Siete Sonetos Medicinales una frase que debería estar tatuada en cualquier dirigente que pretenda cambiar algo: ‘No te des por vencido, ni aun vencido; no te sientas esclavo, ni aun esclavo; trémulo de pavor, piénsate bravo, y armente feroz, ya mal herido’.
La Selección la entendió. Estaban 0-2, heridos, con el público egipcio cantando y el VAR dudando. Y sin embargo, siguieron. No se dieron por vencidos ni aún vencidos.
En Zárate, la política opositora hace exactamente lo contrario. Se siente vencida antes de jugar. Se conforma con ser ‘menos peor’. Acepta el 0-2 como destino. Y cuando le toca defender algo muchas veces termina negociando con los que debería denunciar.
No se puede construir una alternativa si antes no se deja de aplaudir al verdugo.
Zárate 2023: el cambio que no llegó
Matzkin ganó, sí. Pero ganó con el 42% en un Municipio que llevaba 16 años con el mismo apellido en el ejecutivo. Es como ganarle a Egipto por un gol de rebote: suma, pero no convence. Y lo peor es que, en el fondo, muchos de los que votaron por él no estaban soñando con un proyecto nuevo. Estaban huyendo de Cáffaro, de la licencia trucha, de la sensación de que el poder se había vuelto una herencia.
Pero huir no es lo mismo que construir. La Selección no le ganó a Egipto porque Messi se cansó de los faraones. Le ganó porque tenía un plan, porque Scaloni había preparado variantes, porque cuando el partido se puso 2-2 supieron arriesgar y no especular. En Zárate, la oposición sigue especulando. Espera que el rival se equivoque solito. Y mientras tanto, la mugre sigue, la pobreza sigue, la desilusión sigue.
Construir otra cosa: sí, se puede
El mensaje del partido del 7 de julio no es que Argentina es invencible. Es que un equipo bien armado, con un objetivo claro y sin miedo a remontar, puede lo que parece imposible. Zárate necesita eso. No necesita otro candidato con ganas de ser intendente. Necesita un equipo que se junte a pensar un Zárate en serio, que deje de mirar el reloj y empiece a jugar el partido.
Y es que, además, los ciudadanos ya no piden milagros. Piden coherencia. Piden que alguien les diga la verdad, y que trabaje para cambiar la realidad. La política local no puede seguir siendo un club de egos donde el que pierde espera su turno para sentarse en el mismo sillón.
La pelota no se mancha, pero la política sí
Almafuerte también escribió: ‘Ten el tesón del clavo enmohecido que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo’.
Es una invitación a la persistencia, sí, pero también a la humildad de saber que uno puede ser viejo y ruin y aún así servir. El problema en Zárate es que los clavos viejos se creen únicos e insustituibles.
La Selección nos mostró otra cosa. Nos mostró que se puede estar contra las cuerdas, que se puede tener el estadio en silencio, que se puede errar un penal o recibir un golazo, y aun así levantar la cabeza. Porque el partido dura noventa minutos, y a veces un poco más. Y en esos minutos extra, en ese tiempo que parece regalado por el árbitro, se define quién tiene huevos y quién se esconde.
Zárate está en sus minutos extra. Los basurales no esperan. Los pibes que no tienen escuela no esperan. Los laburantes que pagan impuestos para ver cómo se los gastan mal no esperan.
Así que, a los que quieran armar una alternativa de verdad, les dejo la pregunta que dejó el 3-2 en Atlanta: ¿Se van a quedar mirando el 0-2, o van a salir a buscar el partido?
La pelota está en el centro de la cancha. Y el reloj, como siempre, sigue corriendo.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
