Nadie entendió, o no quiso entender, la metáfora. Porque es más sencilla la crítica que el análisis, y entonces en lugar de debatir la idea se lo denostó al hombre.
Gabriel Rufián, líder de Esquerra Republicana de Catalunya, afirmó en un acto junto a Irene Montero: ‘Yo prefiero llenar TikToks que bibliotecas, porque mi hijo mira TikTok’. No lo dijo como elogio a la acriticidad del mensaje, sino como reconocimiento de su masividad. Muchos salieron con los tapones de punta a decirle que ‘las bibliotecas garantizan acceso al conocimiento, pensamiento crítico e igualdad de oportunidades’, como si Rufián hubiera propuesto quemarlas.
El punto era exactamente ese. Nadie lo escuchó.
Lo que plantea el líder catalán es aggiornarse sin perder las raíces. Actualizarse sin dejar de ser lo que se es. Una distinción que, al parecer, resulta demasiado sofisticada para cierta izquierda que prefiere la pureza del fracaso a la incomodidad del debate.
Y este debate, planteado en la izquierda española, trasciende sus fronteras. Debe tomarse en serio a este lado del Atlántico, porque las fuerzas populares locales padecen exactamente el mismo problema: la incomunicación estructural con las nuevas generaciones de electores que, por cuestiones biológicas, ocupan cada vez una porción más amplia del padrón.
Desde la Unión Cívica Radical se sigue recurriendo a Raúl Alfonsín como si fuera un contemporáneo. Para la enorme mayoría de los votantes jóvenes, Alfonsín es historia. Su gobierno terminó hace 37 años. Y sin embargo hay dirigentes radicales que citan sus políticas no en términos conceptuales sino prácticos, sin contextualizar las diferencias abismales entre aquella Argentina y esta.
En el Justicialismo pasa algo similar. Néstor Kirchner se invoca como mantra. Su gobierno terminó hace casi dos décadas, y le caben las mismas generales de la ley: el contexto no es el mismo, el país no es el mismo, el elector tampoco.
La izquierda con manifiestos que, con mucho fundamento, cuestionan el status quo y proponen una salida, pero que son ilegibles e inentendibles para la enorme mayoría de la población.
¿Cómo acercarse a alguien que nació después de esos gobiernos? No solo que le estamos hablando de historia, y los jóvenes necesitan que les hablen del futuro, no del pasado, sino que encima lo hacemos con herramientas obsoletas. Panfletos, actos con micrófono y atril, comunicados de prensa. El combo perfecto para no llegar a nadie.
Por eso importan tanto las palabras de Rufián. Porque más allá de la crítica de manual puso sobre la mesa la discusión que las fuerzas populares se deben: cómo generar propuestas actuales, orientadas al futuro, y cómo comunicarlas donde la gente realmente está.
Esto la derecha lo entendió con claridad quirúrgica. Sabe que en esta época el debate comunicativo es gran parte del debate político. No basta con tener razón. Hay que saber cómo decirlo y, sobre todo, dónde.
Rufián lo tiene claro: rescata el ‘La España que madruga’ o el ‘Una familia, una casa’ como formas de llegar al elector de manera concreta y contundente. Frases que aterrizan ideas, que no piden un posgrado para ser entendidas.
En Argentina, quien mejor lo entendió fue, con la ironía que el caso merece, la derecha. ‘La casta tiene miedo’, ‘El ajuste lo va a pagar la política’: Javier Milei lo dijo donde tenía que decirlo, en las redes, en el teléfono de cada pibe, en el lenguaje en que los jóvenes consumen ideas. El tiempo demostró que eran frases de marketing sin contenido real detrás. Pero funcionaron. Un mensaje vacío y falaz, sí. Pero efectivo. Y nosotros, con razones de sobra, perdimos igual.
Ahí apuntaba Rufián. No a tirar las bibliotecas por la ventana. No a vaciar el mensaje. Sino a trabajar las formas de comunicación que existen hoy para llegar con un mensaje claro y contundente a más gente. Porque no hay proyecto sin quórum. No hay transformación sin mayorías. Y las mayorías no se construyen en el vacío.
Hay que saber quiénes somos y hacia dónde vamos. Eso primero, siempre. Pero después hay que decírselo a la gente donde la gente está. Y hoy la gente está en TikTok.
Llenemos más TikToks que bibliotecas. Si lo hacemos sin olvidar ni abandonar quiénes somos, ese será el vehículo para volver a llenar las bibliotecas después. Para volver a generar un espacio de discusión colectivo y crítico en el cual soñar un futuro mejor… y trabajar por él.
Y para ello hay que convencer a la mayor cantidad de gente posible, y para hacerlo hay que llegar a la mayor cantidad de gente posible, porque como dice el líder catalán, ‘el problema no son los fascistas, el problema son los neutrales’, los indiferentes de los que hablaba Antonio Gramsci.
Esa es la clave.
Seamos Rufianes. 🔴
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror.’
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
