Cuando para la navidad de 1974 el gobierno peronista de María Estela Martínez y su superministro José López Rega instaló un cartel giratorio en el obelisco con el lema ‘El silencio es salud’, el mensaje fue muy claro pese a que se pretendió disfrazarlo como una campaña para erradicar los ruidos molestos del tránsito porteño. Lo que el gobierno decía era que si se quería tener salud se debía guardar silencio.
Cuando casi un cuarto de siglo después José Luis Cabezas era asesinado en una cava de Madariaga, un compañero suyo afirmó que ‘La peor opinión es el silencio’ y que si querían cambiar las cosas debían hablar, gritar, exigir justicia, pero nunca callar. Contraponiéndose al mensaje peronista, se erigía una forma de enfrentar la vida y enfrentarse a los poderosos, diciendo su verdad, con temores pero superándolos, contribuyendo de esa manera a la construcción de una sociedad mejor.
Casi un cuarto de siglo después del asesinato de Cabezas, y medio siglo de aquel mensaje cuasi mafioso al pie del mayor ícono porteño, vemos como una vez más el silencio pretende instalarse desde las más altas esferas del poder zarateño.
Aunque no hubo una convocatoria pública, el martes 18 de enero se realizó la Asamblea de Concejales y Mayores Contribuyentes en la que se aprobó el Expediente 214/20 con el proyecto del Departamento Ejecutivo de Valorización Inmobiliaria cuyo texto no está disponible para los vecinos.
La institución de los mayores contribuyentes es una rémora de los avances democráticos que generaban que el pueblo empezara a tomar potestad sobre sus asuntos, y la oligarquía de entonces no quería dejar de tener injerencia en los temas que le eran de especial interés, los que atacaban sus intereses, los que podían perjudicar (o favorecer) su bolsillo. Que de los ‘problemas de la chusma’ se encargaran los concejales que ellos se encargarían de legislar sobre los temas importantes. Así, la Ley Orgánica de Municipalidades de la Provincia de Buenos Aires establece en su artículo 93 que ‘tienen la calidad de mayores contribuyentes, los vecinos que paguen anualmente impuestos municipales que en conjunto excedan los doscientos pesos moneda nacional ($200 m/n)’, y si bien se modificó el signo monetario, está claro que ya no cumple el rol de otrora y no es más que un mero paso administrativo para ‘hacer lo que se debe’, al menos en la constitución de la presente Asamblea de Mayores Contribuyentes.
¿Por qué decimos esto? Porque tras la lectura del expediente en cuestión y cuando la Presidente del Concejo Deliberante a cargo, Ana Laura Allemann, consultó si algún concejal o mayor contribuyente quería hacer uso de la palabra todos guardaron silencio. ¿Para qué quieren ser mayores contribuyentes si no es para brindar su opinión en las escasísimas oportunidades en que ejercen como tales? Al momento de la votación estaban presentes 19 concejales y 18 mayores contribuyentes y todos callaron. Todos se quedaron en silencio. Todos aprobaron el proyecto pero ninguno explicó por qué lo hacía. ¿Lo habían leído? ¿Lo habían entendido? ¿Lo habían analizado? ¿Lo habían debatido? ¿O solo se sentaron un rato para alzar la mano repitiendo la postura de quienes los habían propuestos para ocupar ese lugar?
Una pena que una asamblea tan sencilla con tantos participantes no haya sido presidida por Ariel Ríos, quien ya sabemos tiene problemas para identificar los votos cuando los participantes exceden una pantalla, y la misma pena que aprovechando la Presidencia de Allemann, quien al parecer no tiene los mismos problemas, no se haya podido aprovechar la oportunidad para plantear en el seno de la reunión las diferentes visiones que hay en la sociedad zarateña sobre el tema y, quizás, los diferentes votos que hubiera habido al respecto, porque damos por descontado que, aún en pandemia y con los limitantes del caso, cada uno de quienes votó en representación de un grupo de ciudadanos informó a dicho grupo del tema en debate y su postura al respecto.
Pero no fue el único silencio durante la asamblea, hubo uno más ensordecedor.
Tras la votación, y fuera de lo previsto en tanto en este tipo de Asambleas no hay un apartado de efemérides, el Presidente del Bloque de Juntos por el Cambio Marcelo Matzkin pidió la palabra para recordar el primer aniversario del asesinato de Fernando Báez Sosa, por el que están detenidos ocho vecinos de Zárate y dos fueron excarcelados aunque aún se encuentran relacionados con la causa. Fue la única efemérides que mencionó, no habló del sexto aniversario de la muerte de Nisman ni del trigésimo octavo aniversario de la muerte de Arturo Illia, solo el caso de Báez Sosa. Y tras sus palabras, medidas y enfocadas en procurar el esclarecimiento del caso y su no repetición a futuro, la Presidente dio por finalizada la Asamblea.
Ninguno de los otros 36 participantes de la misma pidió la palabra para decir algo. Todos callaron. Todos guardaron silencio. Si fue una forma de dar su opinión, como dijera el compañero de José Luis Cabezas, fue la peor opinión. Si fue por salud, demostraron una postura insalubre, porque con accionares como el de la Asamblea de ayer se degrada la democracia y la representación política.
El silencio no es salud.
PD: Nota especial para el silencio de la Secretaría de Salud del Municipio de Zárate que ayer 18 de enero informó el fallecimiento de un vecino por COVID-19 en una clínica del Distrito ocurrida más de un mes y medio atrás. ¿El silencio fue adrede o pura incompetencia e inutilidad? Una u otra razón es suficiente para que le pidan la renuncia a los responsables, y si esto no ocurre, como es de esperar, el honor personal debería bastar para dar un paso al costado.
