‘Un Zárate seguro’ no se construye con videos de campaña ni con declaraciones triunfalistas después de cada crisis que se resuelve de milagro. Se construye con prevención, con información pública, con políticas de seguridad diseñadas por quienes conocen el territorio, y con la humildad de admitir que si el delito foráneo elige Zárate, la falla es local.
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El Secretario salió de la Comisión, admitió la reestructuración, corrigió la DDI y guardó silencio sobre lo único que importaba. En el mientras tanto, Matzkin sigue diciendo que nadie le ocultó nada. Seguimos.
El subsecretario apartado, el secretario que sí sabía y el intendente que, dice, no tenía ni idea. En el Palacio Municipal sobran los nervios y faltan las respuestas. En el Concejo Deliberante, la costumbre de no preguntar sigue intacta.
Matzkin prometió austeridad y gobierna con privilegios. Prometió transparencia y administra opacidad y silencios. Prometió cambio y perpetúa prácticas.
Si Matzkin sigue creyendo que ser intendente es equivalente a ser gerente de una empresa privada, los zarateños seguirán pagando las consecuencias de esa visión mediocre y peligrosa del servicio público.
El caso de Juan Ignacio Novelli es un manual perfecto de cómo no debe funcionar la administración pública.
Cuando las explicaciones oficiales no resisten el menor análisis y la ‘transparencia’ municipal se convierte en un festival de contradicciones.
Si Matzkin sigue creyendo que ser intendente es equivalente a ser gerente de una empresa privada, los zarateños seguirán pagando las consecuencias de esa visión mediocre y peligrosa del servicio público.
Los zarateños se hartaron, y tienen razón para estarlo. Ahora falta ver si quienes gobiernan están dispuestos a escuchar ese hartazgo o si preferirán seguir viviendo en su mundo de fantasía y nubes de pedo hasta que la realidad los termine por llevar puestos.
Prometieron no usar autos oficiales… y se llevaron hasta el volante. Cinismo con patente.