Tercera entrega de esta investigación sobre el Expediente 468/26. La primera está acá, la segunda acá. Esta vez el objeto de estudio no es el expediente: es el silencio que lo rodea, quién se beneficia de sostenerlo, y la pregunta de si ese silencio tiene nombre y apellido.
Hay una escena que se repite en Zárate con la puntualidad de un tren europeo, cosa rara en un distrito donde nada más llega a horario y el tren a veces ni llega: el Ejecutivo firma, el Concejo aplaude sin leer, y la política, toda, se hace la desentendida hasta que alguien afuera del sistema obliga a mirar. Ya lo vimos con el Expediente 205/26 y la Costanera. Ahora lo estamos viendo, en tiempo real, con el Expediente 468/26 y el Centro de Gestión del Conocimiento. La pregunta que da título a esta nota no es retórica: es metodológica. ¿Se repite la historia en Zárate, o simplemente nunca se fue?
📡 Capítulo I: El eco que tardó una semana y llegó sin nuestro nombre
El 17 de septiembre de 2026 ingresó al Concejo Deliberante el Expediente 468/26. Lo contamos al día siguiente, con documentos, fechas y la letra chica que el propio proyecto no se molestó en esconder (nota del 18/09). Cinco días después, ante el silencio absoluto de todos los actores locales, volvimos a la carga con una segunda entrega que desarmó el organigrama de la cámara beneficiaria (nota del 23/09).
Y el 25 de septiembre, una semana justa después de nuestra primera publicación, la Agencia Noticias Argentinas sacó una nota nacional titulada ‘Matzkin quiere ceder gratis el CGC por 20 años a una cámara con su web a medio hacer’. El texto reproduce, con prolijidad, buena parte de lo que ya habíamos documentado: la ausencia de canon, el teléfono con cuatro ceros, el ‘Lorem ipsum’, los planes en dólares, el cruce de cargos entre Montalbetti, Palma y Zúrzolo. La nota, eso sí, menciona una ‘investigación local publicada el 23’, sin nombrarnos. No pedimos flores. Pedimos que alguien explique por qué un expediente que entró el 17 de septiembre necesitó ocho días y un salto a Buenos Aires para empezar a existir en la conversación pública zarateña. Y recién con el sello de un medio nacional, algún medio local, ahora sí citándonos como corresponde (alguno sí, alguno no), se animó a recoger el guante.
El fenómeno tiene nombre y es viejo como el periodismo pueblerino: lo local necesita el visto bueno de lo nacional para animarse a incomodar a lo local. Y ese fenómeno, lejos de ser un capricho, tiene una explicación bastante más terrenal que merece capítulo propio, porque es necesario pegar el salto y salir de la chiquita.
🗞️ Capítulo II: El blindaje que no es nuevo, y que este medio ya señaló con nombre propio
Antes de preguntarnos por qué la política calla, hay que preguntarse por qué los medios locales, salvo contadísimas excepciones, también callan. Y acá no hace falta especular: este mismo medio lleva años dejando por escrito, con fecha y firma, cómo funciona el mecanismo.
Ya en abril de 2021, en una columna donde el autor de este sitio respondía a las críticas por ‘solo dar malas noticias’, quedó planteado el diagnóstico sin vueltas: hechos reales de Zárate no son tratados por los medios masivos locales por distintos motivos que enumeró uno por uno, entre ellos la pauta publicitaria, la autocensura y ‘el miedo a perder los jugosos montos económicos con los que el Municipio alienta a ciertos medios de comunicación del Distrito’ (columna del 19/04/2021). Cuatro años antes de que existiera el Expediente 468/26, el diagnóstico ya estaba anotado… y entonces no gobernaba Matzkin. Porque debemos ser, como siempre, honestos y decir las cosas por su nombre. La mayoría de los medios locales no son maztkinistas ni del PRO, son oficialistas… más allá de quien gobierne.
El 28 de enero de 2025, la observación se volvió todavía más quirúrgica. A propósito de otro silencio, el de un episodio ocurrido en un contenedor municipal de Gallesio y Mitre, señalamos muchos de los medios de comunicación locales están integrados por empleados y funcionarios municipales, curiosamente no se enteran de lo que nosotros nos enteramos, y nos preguntamos abiertamente si el motivo era que no querían, no los dejaban, o temían perder ‘el sobre de la pauta’ (nota del 28/01/2025). En esa misma nota se reclamaba, y se sigue reclamando, que el Municipio publique cuánto dinero destina a gastos de publicidad y propaganda, y a qué medios, algo que hasta el cierre de esta nota sigue sin conocerse en detalle.
🤐 Capítulo III: El silencio que sí es noticia
Van ocho días corridos, al cierre de esta nota, desde que el expediente ingresó al Concejo. En ese lapso: ningún bloque político emitió un comunicado. Ninguna de las entidades mencionadas en el convenio, ni la UIA, ni ADIBA, ni CETIC, salió a explicar una sola cláusula. Nadie del oficialismo, nadie de La Libertad Avanza, nadie de Fuerza Patria dijo una palabra pública sobre la cesión gratuita, por veinte años, de un edificio construido con fondos municipales y nacionales.
Vale la comparación, porque es la misma comparación que se hace sola: cuando el Expediente 205/26 puso en juego la Costanera, hubo discusión solo cuando expusimos públicamente lo que muchos mantenían en un cajón. Con el CGC, en cambio, no hay debate porque no hay debate: no hay ni siquiera la controversia de café que suele acompañar cualquier expediente municipal. Y eso, en una ciudad donde los concejales pelean por un minuto de micrófono para cualquier cosa, es en sí mismo un dato político de primera magnitud.
La pregunta no es solo qué se calla, ni siquiera solo quién lo calla desde los medios, como vimos en el capítulo anterior. Es también qué bloques se callan, y ahí el mapa empieza a ordenarse.
🃏 Capítulo IV: Marx, el 18 Brumario y la tentación de la farsa
Hay una frase que Karl Marx escribió en 1852, al abrir El dieciocho brumario de Luis Bonaparte, y que en Zárate debería estar tallada en la fachada del Concejo Deliberante: los grandes hechos y personajes de la historia se repiten, decía, y agregaba que la primera vez ocurren ‘como tragedia, la segunda como farsa’. La frase se hizo célebre precisamente porque describe algo que cualquiera que siga la política municipal zarateña reconoce al instante: no es que la historia se repita idéntica, es que se repite degradada, con menos épica y más cinismo.
El Expediente 205/26 fue, a su manera, una tragedia con final abierto: hubo negociado, hubo intento de despojo, pero también hubo Concejo dividido, votación nominal, un rechazo en el recinto. Fue, al menos, disputado. El Expediente 468/26, en cambio, viene camino a la farsa: ni siquiera necesita esconderse bien, porque no hay nadie mirando. Marx explicaba la repetición histórica por las condiciones materiales y las tradiciones que pesan sobre los vivos como una pesadilla; en Zárate, la tradición que pesa es más modesta pero igual de eficaz: la costumbre de que el expediente se lee después de votarlo, si es que se lee, y se cuenta después de firmarlo, si es que se cuenta.
Y acá cabe la pregunta que da título a esta nota, formulada sin solemnidad pero en serio: ¿se repetirá la historia? Es decir, ¿hará falta que una denuncia periodística, otra vez sin ayuda de nadie más, obligue a que la política se pronuncie a última hora, cuando ya casi no queda margen para cambiar nada?
🕵️ Capítulo V: la pregunta que nadie hace en voz alta
Hay un nombre que aparece en las tres notas que este medio publicó sobre el 468/26, y aparece siempre en el mismo lugar: sentado en más de una silla. Silvio Zúrzolo es, según documentos públicos y su propio perfil institucional, presidente de ADIBA, tesorero de CETIC (la cámara que recibiría el CGC) y figura con cargos en la Unión Industrial Argentina y en la Federación Económica de la Provincia de Buenos Aires (ver el desarrollo completo de su currículum institucional acá). Es, sin exagerar, el nombre que más veces se repite en el entramado que se beneficia del Expediente 468/26.
Lo que sí es un hecho documentado, y no una sospecha, es esto: el eventual mayor beneficiario del Expediente 468/26 es, al mismo tiempo, una de las figuras con más despachos institucionales del arco empresario de la región, con vínculos que atraviesan gremiales patronales, cámaras sectoriales y federaciones provinciales. Y si esa persona tuvo, en cualquier etapa de su carrera, un pie adentro de la política partidaria zarateña, la pregunta de por qué ningún bloque se pronuncia deja de ser una curiosidad y empieza a ser una hipótesis de trabajo. No hace falta probar una connivencia puntual para señalar lo obvio: cuando el beneficiario de un negocio municipal tiene, o tuvo, llegada a varios despachos partidarios a la vez, el silencio deja de sorprender y empieza a explicarse solo.
🧩 Capítulo VI: por qué nadie habla (hipótesis, no certezas)
Ensayemos, sin la comodidad de una respuesta única, las razones posibles de este silencio coral. Ninguna excluye a la otra; probablemente conviven todas:
- El incentivo económico de la prensa local. Ya lo desarrollamos en el Capítulo II: una parte de los medios locales depende, en distintos grados y sin que el Municipio transparente los montos, de la publicidad oficial. Nadie muerde la mano que paga la nota fácil.
- La coraza de la innovación. Oponerse a un ‘polo tecnológico’ suena, en el imaginario político actual, a oponerse al futuro. Nadie quiere ser el que frena la inteligencia artificial en un año donde hasta el municipio contrató una chatbot funcionaria. Es más fácil callar que parecer un dinosaurio analógico.
- La aritmética de los dos tercios como trampa doble. Para aprobar el regalo hacen falta catorce votos de veinte, así que el oficialismo necesita a la oposición. Pero esa misma aritmética también sirve para explicar el silencio de la oposición: si Fuerza Patria no dice nada, no se compromete ni a favor ni en contra, y se reserva el poder de negociar puertas adentro lo que no se anima a discutir en el recinto.
- El cansancio político después de la Costanera. Es plausible, aunque no verificable, que ningún bloque tenga hoy el apetito político para abrir un segundo frente de conflicto con el Ejecutivo en el mismo mes.
- La densidad del entramado. Cuando los mismos apellidos ocupan las sillas de la cámara que negocia y de la cámara que recibe, como documentamos con Montalbetti, Palma y Zúrzolo repartidos entre ADIBA y CETIC, cuestionar el negocio implica cuestionar a un actor con demasiada llegada institucional simultánea como para que a algún dirigente local le convenga pelearse con él por un expediente.
- La asimetría de costos entre denunciar y callar. Denunciar la Costanera tenía un rédito político inmediato y visible: diez predios, un vecino con nombre y apellido, un río. El CGC es más abstracto: un edificio de educación técnica que casi nadie visitó nunca, contra una promesa de robótica e inteligencia artificial. El costo político de mirar para otro lado es, hoy, más bajo que el de discutir.
Ninguna de estas seis hipótesis constituye, por sí sola, una acusación. Juntas, sin embargo, dibujan un patrón: el silencio no es casualidad, es la opción más racional para casi todos los actores involucrados, prensa incluida, excepto para los zarateños que se quedan sin explicación.
📋 Capítulo VII: lo que seguimos sin saber
Nada de lo dicho hasta acá reemplaza lo elemental, que seguimos sin tener: el Convenio Marco completo, el Protocolo de Colaboración, el Anexo I, la garantía escrita de gratuidad de los cursos, y un detalle, a esta altura urgente, de cuánto gasta el Municipio en publicidad y a qué medios se lo entrega. Todo esto lo detallamos en el temario de preguntas de la nota anterior, que sigue, íntegro, sin respuesta.
🚪 Epílogo: la puerta, otra vez, entreabierta
Zárate ya vivió esta película con la Costanera: silencio, expediente que entra por la ventana, y una discusión que solo aparece cuando alguien de afuera del recinto, o afuera del sistema de pauta, se pone pesado. La diferencia, esta vez, es que el guion viene más pulido: ni siquiera hace falta ocultar bien las cosas cuando la política entera decidió, sin necesidad de ponerse de acuerdo en nada, no mirar, y una parte de la prensa decidió, hace ya varios años, no ayudar a mirar.
Marx decía que los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, sino bajo circunstancias heredadas del pasado. En Zárate esas circunstancias tienen nombre de expediente, número de artículo y, a veces, nombre de anunciante. La pregunta que da título a esta nota queda abierta, como la puerta del Concejo cuando nadie quiere ser el primero en entrar: ¿se repetirá la historia, o esta vez la farsa se completa sin que nadie, ni siquiera para la platea, se moleste en representarla?
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RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
