La casta política local cerró filas con uno de los propios para que nada cambie, para que todo siga igual, para que el vecino siga siendo un espectador pasivo de una obra que se repite temporada tras temporada.
Buscando: Marcelo Matzkin
El verano se acerca. Las temperaturas subirán. Los aires acondicionados se encenderán. Y la red eléctrica, esa que debería haber sido reforzada con los setecientos millones prometidos, seguirá siendo la misma red endeble y sobrecargada de siempre. Los cortes vendrán.
Un funcionario que no tolera la crítica, que bloquea en lugar de debatir, que miente en su Declaración Jurada, que usa bienes del Estado para su beneficio personal, que direcciona licitaciones, que contrata conocidos, es un funcionario que no respeta las instituciones democráticas. Es un funcionario no puede ni debe ser funcionario.
Tenemos un Intendente que vive en una burbuja y pretende legislar para una realidad que no conoce. Que habla de sacrificios desde su confort. Que exige esfuerzos que él no hace.
Matzkin miente, y lo hace sabiendo que la mayoría de los vecinos no va a leer el Boletín Oficial, no va a revisar los decretos, no va a cuestionar las designaciones. Apuesta a la desidia, al desinterés, al cansancio de una sociedad harta de la política zarateña. Y muchas veces le sale bien.
Cuatro años después, la Justicia nos dio su veredicto: en el reino del caffarismo, los errores no son delitos, son apenas inconvenientes administrativos. Y los Decretos firmados desde el futuro, bueno, son muestras de eficiencia anticipada.
Al final del día, lo que estamos presenciando en Zárate no es construcción política. No es gobernabilidad. No es búsqueda del bien común. Es simple y llanamente negocio personal. Es la vieja y conocida práctica de usar el Estado como agencia de empleos para los amigos políticos. Es la puerta giratoria que gira y gira y gira, siempre con los mismos apellidos rotando de cargo en cargo.
Si el gobierno municipal de Zárate es opaco y turbio en su accionar, el Ente para el Desarrollo de Zárate (ENDEZA) es su quintaesencia.
Mientras el intendente de Zárate pretende dar lecciones de ‘fortalecimiento institucional’ en un organismo internacional, en su casa aplica el más elemental de los debilitamientos: el de la ley que juró cumplir y no cumple.
Bienvenidos a Zárate: donde la información pública es una matrioshka infinita y el organigrama municipal es tan real como el Cuco. Donde prometer es gratis y cumplir es opcional. Donde la democracia es un espectáculo y la transparencia, una ilusión óptica.