El problema no es la temática en sí misma. Al fin de cuentas, somos muchos los argentinos que importamos costumbres culturales de otros lados. El problema -el verdadero, el que duele, el que no sale en las fotos- es que mientras hablamos de ‘la festividad de Halloween’, dejamos de hablar de lo que realmente importa.
Buscando: Marcelo Matzkin
Torres llega al Palacio Municipal con la misión imposible de ordenar el desorden, de dar volumen político a un gobierno que nunca lo tuvo, de negociar con una oposición que huele sangre.
Hoy el proceso electoral de dos tiempos expuso dos derrotas oficialistas consecutivas en menos de dos meses. Dos. Seguidas. Como si la ciudadanía estuviera tratando de enviar un mensaje en código Morse político: “Che, no nos gusta el rumbo”. Pero en el recinto parece que nadie tiene receptor.
Si la democracia se nutre de acceso, control y participación ciudadana -y no de oscuridad o silencio digital-, entonces la gestión que permite esto está fallando. En Zárate, los ciudadanos merecen algo más que pantallas de error: merecen instituciones que trabajen en la luz, no en la sombra.
En Zárate ganó Fuerza Patria el 7 de septiembre y ganó Fuerza Patria el 26 de octubre, los números así lo reflejan, pero si a este análisis cuantitativo sumamos la variable cualitativa, además perdió Marcelo Matzkin.
El ladrón cree que todos son de su condición. Quien se vende al mejor postor cree que puede comprar cuánto quiere. Pero acá viene el detalle que estos iluminados no entienden: no es lo mismo tener valor, que tener precio.
El poder sin control es tiranía. El control sin poder es decorado. En Zárate tenemos ambas cosas: un Ejecutivo que hace lo que quiere y un Concejo que mira para otro lado. Y mientras tanto, los vecinos pagan el precio de este circo institucional.
¿Cómo podés ser representante de la Juventud Radical si tu patrón es el intendente libertario? ¿Cómo defendés los principios del radicalismo cuando tu sueldo lo firma alguien que representa todo lo contrario a esos principios?
Bienvenidos al circo. Las entradas son gratis, pero la salida se paga cara.
Este episodio del festival benéfico es apenas un capítulo más en la larga saga de opacidad que caracteriza a la gestión de Marcelo Matzkin. No es el primero, infelizmente no será el último.