La remodelación de Plaza Italia llegó a un cruce inédito: según el propio Intendente, existe un convenio con la Sociedad de Arquitectos y esa colaboración fue pagada. Según el ordenamiento público, ningún convenio de esos pasó por el Concejo Deliberante. Ambas cosas no pueden ser ciertas al mismo tiempo.
La pregunta del título no es una provocación de ‘bloguero’ con insomnio. Es una ecuación que dejó planteada el propio Intendente Marcelo Matzkin con sus declaraciones públicas sobre la Nueva Plaza Italia: si lo que dijo es verdad, el Municipio firmó un convenio y pagó una contraprestación sin la autorización que exige la Ley Orgánica de Municipalidades. Y si no la firmó ni la pagó, los vecinos fueron informados de algo que no ocurrió. En el menú municipal hay solo dos platos: infracción de ley o inexactitud de la información oficial. Vamos a ver cuál abre el Concejo.
📜 Primero, la ley: corta y sin anestesia
El artículo 41 de la Ley Orgánica de Municipalidades dice textualmente que corresponde al Concejo autorizar consorcios, cooperativas, convenios y acogimientos a las Leyes provinciales o nacionales, con una sola excepción: los convenios con organismos de la Administración Central, desconcentrados, descentralizados, sociedades y empresas del Estado provincial o nacional.
Fijémonos en la exención, porque es donde suele esconderse la trampa de los argumentarios a medida: la Sociedad de Arquitectos de Zárate no es un organismo estatal, ni desconcentrado, ni descentralizado, ni una Sociedad del Estado. Es una asociación profesional privada. La excepción del art. 41, redactada para facilitar la relación entre el Municipio y el Estado provincial o nacional, no cubre ni remotamente este caso.
🗣️ Segundo, lo que dijo el Intendente
El 21 de mayo pasado, Matzkin presentó en sus redes el proyecto de la Nueva Plaza Italia, y medios locales como Enlace Crítico y La Voz de Zárate replicaron que el proyecto fue ‘diseñado en conjunto con la Sociedad de Arquitectos de Zárate’. Pero el Intendente fue más lejos que el papelón comunicacional de un render. En declaraciones públicas reproducidas en redes, anunció que la Sociedad de Arquitectos ya había hecho el proyecto completo de Plaza Italia y que se había resuelto ‘trabajar con arquitectos de Zárate’, agregando además que la colaboración recibió una compensación económica en contraprestación, declaración que ya registramos el 24 de septiembre. Por supuesto que como (casi) toda intervención municipal, no se sabe cuánto se pagó. Si se pagó.
O sea: tenemos un convenio anunciado, un trabajo ejecutado y un pago declarado. El trío completo. Lo que no tenemos, y esto no es retórica, es presencia documental, es la autorización del Concejo Deliberante, el instrumento firmado, el monto y el expediente. No consta que haya pasado por el recinto. No consta, porque si hubiera pasado, sería un acta pública y estaríamos discutiendo otra cosa.
🏛️ Tercero, el silencio deliberativo
El Concejo Deliberante de Zárate, ese órgano que en otras jurisdicciones, como parte del gobierno municipal, existe para controlar al Ejecutivo y preguntar si es necesario, tiene una larguísima tradición de no hacerlo.
Ni un pedido de informes. Ni un proyecto de resolución exigiendo exhibir el convenio. Ni una interpelación. La Resolución 4346/26 del 6 de agosto trató el tema de la plaza sin convocar a audiencia pública, a pesar de que el propio reglamento y la ordenanza de audiencias lo permiten. El control legislativo zarateño sigue consistiendo en enterarse por Instagram de lo que el Ejecutivo hizo ayer. No es control: es nostalgia con banca remunerada. Eso sí nadie se olvida de pasar por caja.
🔀 El dilema: ¿ilegal o mentiroso?
Ahora sí, la pregunta que nadie quiere hacer en voz alta. Las alternativas son excluyentes:
Hipótesis A: Matzkin hizo lo que dijo. Firmó el convenio con la Sociedad de Arquitectos y se pagó la contraprestación sin autorización del Concejo. En ese caso estamos frente a una infracción manifiesta al art. 41 de la Ley Orgánica de Municipalidades, aplicable agravada por tratarse de un pago con fondos públicos derivado de un instrumento que no tenía existencia jurídica válida. No es un detalle formal: es el presupuesto de legalidad de todo gasto municipal.
Hipótesis B: Matzkin dijo algo que no es. No hay convenio, o no hubo pago, o el proyecto lo hizo otra persona o de otra manera. En ese caso los vecinos fueron informados de un hecho administrativo inexistente, lo cual, con la ironía de siempre, tampoco es gratis: anunciar gastos públicos que no se hicieron o instrumentos que no existen también tiene nombre en la práctica administrativa, y no es bueno.
Hipótesis C: hay un instrumento escondido. Que el convenio exista pero esté guardado, que el pago se haya hecho bajo otra figura (una contratación directa camuflada, un ‘aporte’, un honorario disfrazado), o que el trabajo se haya ejecutado ‘de buena fe’ mientras el papeleo llega. Esta hipótesis es la más benévola y, curiosamente, la más grave desde el punto de vista institucional: implicaría que en el Municipio de Zárate se puede trabajar, facturar y cobrar antes de que exista el instrumento legal que habilita el gasto, y que el Intendente presume que esa informalidad es totalmente aceptable.
Nosotros, que tenemos respeto por las instituciones y cariño a la coherencia, preferimos creer que el Intendente no miente. Es decir: nos quedamos con la Hipótesis A o la C. Ambas, lamentablemente, pasan por el mismo mostrador: la violación del art. 41 o el encubrimiento de su violación. Elige tu veneno, que en la Municipalidad ya eligieron por vos.
🤫 ¿Y por qué nadie habla de esto?
Acá viene la parte que duele más que el expediente. Porque el hecho jurídico, aunque serio, es casi menor comparado con el silencio que lo rodea. ¿Por qué un convenio pagado, declarado por el propio Intendente, que no pasó por el Concejo, no genera ni una ruidosa conferencia de prensa de la oposición, ni un pedido de informes con plazo, ni un editorial indignado en los medios locales?
Primera razón: el oficialismo no va a fiscalizar lo que el oficialismo hizo. Simple y eficaz. Hay obediencia debida a lo que el intendente decida.
Segunda: la oposición zarateña descubrió hace rato que la indignación selectiva es más barata que el control efectivo. Denunciar exige expediente, abogado, constancia y un mínimo de riesgo político. Guardar silencio hasta que la obra esté inaugurada y recién ahí descubrir la corrupción imaginaria del pasado, es gratis. En Un nuevo gobierno en Zárate les pedimos a la oposición exactamente lo contrario: propuestas, control, presencia. Seguimos esperando, que es el deporte local más practicado en la política.
Tercera: el resto del arco político y profesional que podría hablar, la propia Sociedad de Arquitectos, los partidos políticos, los gremios, calcula que no conviene ser el que preguntó. En Zárate, preguntar por el convenio supuestamente firmado por el Intendente es una forma sofisticada de autocandidatura a quedarse afuera de todos los próximos convenios. El miedo, en Zárate, no se declara: se presupuesta.
Cuarta y peor: nos acostumbramos. Ya lo escribimos en la nota anterior: estamos acostumbrados a que el anuncio reemplace al acto administrativo, a que el render reemplace al pliego, a que la demolición llegue antes que la licitación. El 13 de julio se desarmó la plaza mientras, según dijo el propio Intendente, avanzaba ‘el proceso de licitación’. Nadie se rasgó las vestiduras tampoco por eso. El analfabetismo normativo de los responsables políticos es, por ahora, la lengua materna de la política local.
La realidad es que son todos cómplices, por acción u omisión.
⚖️ ¿Qué debería pasar (y qué va a pasar)?
En un municipio con instituciones sanas, esta semana habría: un pedido de informes formal exigiendo copia del convenio, presentación del acta o resolución del Concejo Deliberante autorizándolo, el monto pagado y el expediente del gasto; una interpelación al Intendente para que explique cuál de las dos, ley o mentira, fue; y, de confirmarse la falta, el avance en las vías que prevé la propia Ley Orgánica de Municipalidades, que no son un consejo de sabios sino mecanismos reales de juicio político por mal desempeño.
En Zárate, lo más probable es que pase lo de siempre: nada. El Concejo seguirá descubriendo sus facultades recién cuando ya no sirvan socialmente, la oposición seguirá ensayando indignación de archivo, y el Intendente seguirá confundiendo el micrófono con el Boletín Oficial. Porque para el modelo Matzkin, como ya escribimos, la obra más importante es la que nunca se anuncia: la demolición de la transparencia, que avanza sin licitar desde hace años.
🎭 Cierre: la pregunta que queda flotando
El Intendente dijo que firmó. Dijo que pagó. La ley dice que el Concejo tenía que autorizar antes de ejecutar. El Concejo dice, con su silencio, que es su forma predilecta de decir, que no autorizó nada.
Entonces, una vez más, sin ambages: ¿Matzkin violó la ley o mintió?
Las dos respuestas son malas.
La tercera posibilidad, que todo esté en regla y simplemente nadie quiera mostrar el papel, es la peor de todas, porque significaría que la transparencia en este Municipio es un espejo de agua: brillante, fotogénica, y completamente ornamental… de esa que no existen, pero que el Intendente quiere crear.
‘Reproduzca esta información, hágala circular por los medios a su alcance: a mano, a máquina, a mimeógrafo, oralmente. Mande copias a sus amigos: nueve de cada diez las estarán esperando. Millones quieren ser informados. El terror se basa en la incomunicación. Rompa el aislamiento. Vuelva a sentir la satisfacción moral de un acto de libertad. Derrote el terror. Haga circular esta información’.
RODOLFO WALSH – AGENCIA CLANDESTINA DE NOTICIAS
